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·22 de marzo de 2026

Vinícius reina en el caos: un derbi de infarto, remontada y asedio final

Imagen del artículo:Vinícius reina en el caos: un derbi de infarto, remontada y asedio final
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Vinícius Junior celebra ante la grada del Santiago Bernabéu tras marcar un gol decisivo en el derbi contra el Atlético de MadridFlorencia Tan Jun / Web Summit / Sportsfile

El derbi madrileño no se jugó, se sufrió. En un ecosistema de puro desorden e ida y vuelta sin red, el Real Madrid encontró su oasis en el talento diferencial de Vinícius Junior. El brasileño, con un doblete providencial, sostuvo a un equipo que vivió en el alambre y acabó achicando agua tras la expulsión de Fede Valverde. Fue un 3-2 volcánico que tuvo de todo: desde el error grosero hasta el arte del regate, dejando al Santiago Bernabéu en vilo hasta el último suspiro de un partido que se rompió cuando apenas empezaba a cocinarse.


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El inicio tuvo color blanco, con un Madrid que salió con el colmillo afilado buscando la espalda de Ruggeri. El primer aviso serio llegó de las botas de Valverde, cuyo zapatazo cruzado tras un autopase eléctrico se estrelló en la madera con Musso ya batido. Sin embargo, el Atlético de Madrid traía el manual de supervivencia bien aprendido: resistir, esperar y castigar. En una transición de manual, Giuliano Simeone leyó el espacio como nadie para servirle el cuero a Ademola Lookman. El nigeriano, con el hielo en las venas que le caracteriza, batió a Lunin con una definición de cirujano para firmar el 0-1.

El gol fue un cortocircuito para los de Arbeloa, que perdieron la brújula y el orden, estrellándose una y otra vez contra el muro liderado por Llorente hasta el descanso. Pero el fútbol, caprichoso y cruel, tenía guardado un guion distinto para la reanudación. El empate llegó desde los once metros tras una internada de Brahim que forzó la pena máxima ante Hancko.

Vinícius no perdonó: engañó a Musso y derribó su muralla personal, firmando su primer gol liguero al eterno rival tras una docena de intentos baldíos. Aquello fue el inicio de un vendaval. Apenas tres minutos después, el Atlético cometió un pecado capital en la salida de balón; Giménez pecó de tibieza en la disputa y Valverde, omnipresente, apareció para definir con un exterior exquisito y completar la remontada blanca.

En un duelo sin tregua, la alegría local fue efímera. Nahuel Molina se inventó un misil a la escuadra, un latigazo sin aviso que volvió a igualar la contienda y desnudó la fragilidad defensiva de ambos bandos. Fue entonces cuando Vinícius reclamó de nuevo el trono. Recibió en el pico del área, amagó para desordenar a su marcador y ajustó el balón al palo largo con una precisión quirúrgica. Era su segundo doblete consecutivo tras su exhibición ante el City, un golpe de autoridad que parecía definitivo hasta que llegó el giro más inesperado: una roja directa a Valverde por una patada sobre Baena.

El éxtasis se transformó en angustia en un parpadeo. Con uno menos, el tramo final fue un ejercicio de pura resistencia para el Real Madrid. Arbeloa tuvo que recomponer el puzle, retirando incluso a Vinícius en el 87’ para dejar el brazalete en manos de Lunin en una imagen poco habitual, pero si se quiere consecuente con la respuesta del ucraniano ante la suplencia de Courtois. El ucraniano estuvo a la altura.

El Atlético empujó con todo, buscando el empate hasta el último aliento, pero un cabezazo agónico de Sorloth se topó con la respuesta segura del portero ucraniano. El Madrid se llevó el derbi madrileño sobreviviendo desde el carácter en una noche de vértigo que Chamartín tardará en olvidar.

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