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·21 de enero de 2026

Vizcarrondo: El «Patrón» asume el mando

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El humo blanco finalmente salió de las oficinas federativas y, para ser sinceros, no sorprendió a nadie, pero sí alivió a muchos, Oswaldo Vizcarrondo es el nuevo Seleccionador Nacional de la Vinotinto, un nombramiento que se sentía madurar en el ambiente mientras los rumores sobre un posible regreso de César Farías se desvanecían como un «falso nueve» en el área. Tras meses de coqueteos y nombres sobre la mesa, las autoridades apuestan por la casa, por la identidad y por un hombre que conoce el barro y aspira con propiedad la gloria de nuestro fútbol.

El fin de la era de los experimentos extranjeros

La llegada de «Vizca» marca el cierre definitivo de un ciclo que dejó más cicatrices que alegrías, venimos de procesos que, sobre el papel, prometían elevarnos al cielo pero que terminaron en tormenta. Primero fue el paso accidentado de José Peseiro, quien trabajó prácticamente por amor al arte en medio de impagos, y luego el «costosísimo» y distante proyecto de José Néstor Pékerman, que terminó siendo “el némesis” de la ilusión criolla y como colofón un desangelado Fernando “Bocha” Batista.


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Esas experiencias dejaron una lección clara: el talento extranjero es valioso, pero sin conexión emocional con el patio, el camino al Mundial se hace cuesta arriba. Vizcarrondo devuelve esa vibración que alguna vez sentimos con el «Boom» de Richard Páez, el mismo Farías o la garra de Rafael Dudamel. Es el regreso al sentido de pertenencia, a alguien que sabe lo que pesa la camiseta y lo que significa jugar en Maturín, Puerto Ordaz, Puerto La Cruz o Maracaibo bajo un sol inclemente.

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Un proceso formativo que avala el ascenso

No nos llamemos a engaño: Oswaldo Vizcarrondo no llega por ser «el pana» o por su pasado como defensa de élite, su ascenso ha sido metódico y disciplinado. Tras colgar los botines, se fogueó en el exigente fútbol francés dirigiendo al equipo femenino del Nantes, una experiencia que le dio una visión táctica distinta. A su regreso a la estructura de la Vinotinto, no pidió atajos.

Pasó por la Sub-15, la Sub-17 —a la que llevó con éxito al Mundial— y la Sub-20. Incluso tuvo ese interinato efímero en la absoluta que sirvió de termómetro. Vizca conoce a la generación de relevo desde sus cimientos; sabe quiénes son los «chamos» necesarios y que están listos para dar el salto, así cómo integrarlos con los referentes que aún quedan de su vibrante época de jugador.

Un cuerpo técnico blindado y visión de futuro

Uno de los puntos que genera más confianza en esta nueva etapa es el acompañamiento, Vizcarrondo no viene solo a «echarle pichón»; se le proporciona un staff técnico extranjero de alto nivel para las áreas de asistencia táctica, preparación física y entrenamiento de arqueros. Esta mezcla debería ser clave: la pasión y el conocimiento del ADN futbolístico venezolano de Oswaldo, potenciado por la metodología y la frialdad analítica de profesionales internacionales.

La meta es clara y el margen de error, escaso, el fanático venezolano, ese que «se la cree» y que, seguro volverá a llenar los estadios, espera que este ciclo sea el definitivo. Con Oswaldo Vizcarrondo en el banquillo, la Vinotinto recupera su esencia criolla. Ya no somos un experimento de laboratorio de algún técnico sureño; volvemos a ser un equipo con identidad, con orden y, sobre todo, con un «Patrón» que sabe que el sueño de ir al Mundial no es una opción, sino un compromiso ineludible con todo un país. ¡Veremos!

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