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·22 de agosto de 2026
Vozinha, Colo-Colo y la necesidad de ir más allá (por @NachoJOsorio1)

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·22 de agosto de 2026

Por Ignacio Osorio
El fútbol chileno atraviesa un diagnóstico conocido por todos: una industria local urgida de modernización, carente de relatos atractivos en la escena internacional y con severos desafíos para captar nuevos mercados con la finalidad de ir, progresivamente, mejorando la calidad integral de su existencia: mejores jugadores, mayor y mejor infraestructura, mejor experiencia del hincha, etc. En medio de esta meseta, la llegada de Josimar Dias, Vozinha, a Colo-Colo tras su histórica actuación con la selección de Cabo Verde en la Copa del Mundo 2026, representa mucho más que la incorporación de un portero experimentado o un fenómeno efímero (aunque lo fuera); constituye un verdadero caso de estudio sobre el impacto del marketing deportivo y el potencial latente de la marca fútbol chileno.
Hasta ahora, la estructura de la liga local opera bajo un modelo rígido y endogámico, donde los clubes dependen casi exclusivamente de la venta de derechos de transmisión locales y del patrocinio tradicional. En paralelo, el fútbol global ha visto florecer activos digitales y figuras mediáticas capaces de mover audiencias en múltiples continentes. La llegada del portero caboverdiano a Colo-Colo, tras su destacada y viral actuación en la Copa del Mundo 2026, representa un hito sin precedentes. Un guardameta con millones de seguidores, tracción internacional y un relato transmedia único se encuentra hoy en las canchas chilenas. ¿Por qué mantener el marketing deportivo relegado a un segundo plano ante una vitrina de este calibre?
Vincular la imagen de Vozinha a un plan integral de branding y desarrollo internacional generaría un ecosistema de mutuo beneficio. Para Colo-Colo, significaría la oportunidad de proyectar su escudo en mercados estratégicos
—desde África Occidental hasta Europa—, vendiendo mercancía oficial, captando patrocinios globales y aumentando sustancialmente el valor de sus activos digitales; para la liga chilena, representaría un catalizador de fan
engagement que obligaría a elevar los estándares de transmisión, narrativa y posicionamiento de la competencia. Los beneficios para la industria nacional serían inmediatos: mayor atractivo para marcas internacionales, diversificación de las fuentes de ingreso y la garantía de que el fútbol chileno comience a consumir y vender contenido bajo métricas globales.
Este modelo de internacionalización y aprovechamiento de marcas personales no es un experimento a ciegas; cuenta con un respaldo internacional contundente que demuestra cómo el marketing deportivo puede transformar una liga. En mercados de rápida expansión como la Major League Soccer (MLS) o la Saudi Pro League, la llegada de figuras de alto perfil mediático no se gestionó como un simple fichaje futbolístico, sino como una estrategia de articulación de marca país y comercial. En la MLS, el desembarco de nombres globales fue acompañado de alianzas con plataformas de streaming internacionales y acuerdos de comercialización que multiplicaron el valor de los clubes a nivel global. El resultado de estos ecosistemas colaborativos está a la vista: una expansión comercial ininterrumpida que alimenta de manera orgánica a toda la industria, garantizando que el torneo local se convierta en un producto exportable y altamente rentable.
El fútbol chileno ya no puede permitirse el lujo de desaprovechar oportunidades de internacionalización por falta de visión, innovación o estrategia comercial. Aprovechar la figura de Vozinha y la vitrina de Colo-Colo no es un mero adorno publicitario; es modernizar la industria. Es hora de entender que para volver a competir en la élite, primero debemos construir la marca, y el marketing deportivo tiene las herramientas para empezar a edificar de inmediato.







































