La Galerna
·11 mars 2026
3-0: La fe de Valverde y la leyenda del Madrid

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·11 mars 2026

Primer partido de octavos frente al City. Los hoy verdes aterrizaban en el Bernabéu con el científico Guardiola al frente de un laboratorio que no repara en gastos, como John Hammond en Parque Jurásico. Enfrente, el espartano Arbeloa comandando un Madrid que siempre se ha sentido más cómodo coqueteando sin arnés con la gloria al borde del precipicio. Este año, la dicotomía cima o abismo parece más desequilibrada —para mal— de lo habitual, pero si hay un club capaz de coronar el Everest equipado —además de con su clase— apenas con un bocata de atún con pimientos y unas zapatillas Quechua es el Real Madrid. La fe mueve montañas, a menudo para dejarlas donde les corresponde por historia. Como esta noche.
Huijsen partió de inicio; Asencio, no. Tal vez por la estatura y la salida de balón. Trent y Mendy, de nuevo en los laterales. Este último quizá sea el mejor complemento de Vini cuando se encuentra bien. Thiago Pitarch, otro partido como titular. Acompañando a Tchouaméni, Fede, Brahim, Güler y Vinícius. Es decir, el delantero centro del Madrid sería Santillana, el pequeño problema es que no estaba. No fue necesario, estaba Valverde. Guardiola hizo lo contrario, colocó más delanteros que centrocampistas.

El encuentro no era corriente y comenzó con intensidad. El Madrid, enchufado, presionando sin balón y buscando la penetración con él. El City, como era de esperar, asustaba cuando amasaba la bola o los blancos se la regalaban. Doku nos taquicardió en una acción al comienzo en la cual se le olvidó chutar a puerta.
En los siguientes minutos, los citizens protagonizaron varias acciones de peligro precedidas de aciertos propios o errores rivales. Doku era una pesadilla. La respuesta, un remate de Brahim tras buen pase de Vini. Donnarumma rechazó a córner.
En el 12', Courtois intervino para evitar el primero en un centro chut que había rebotado en un defensa. Hasta el momento, lo más inquietante era la sencillez con la que los ingleses generaban oportunidades.
Y en el 19, la fe de Valverde supuso el primero del partido. Courtois en largo para Fede, control magnífico, autopase ante un Donnarumma que no recordó que tenía brazos, y a la red. 1-0. G-o-l-a-z-o. Es de agradecer la cortesía que el portero italiano acostumbra a mostrar cuando visita el Bernabéu.

El capitán blanco estaba siendo el mejor, recuperaba, ayudaba a Trent, corría, pasaba, se ofrecía, se movía por todos lados Here, there and everywhere. En uno de sus desmarques y tras la participación de Vini, la enganchó con la izquierda desde su perfil menos habitual y la metió rasa y cruzada. 2-0 y todos con Valverde y el Madrid.
Los de Arbeloa estaban luciendo unas gónadas como las del caballo de Espartero o, mejor dicho, del Espartano. Las ayudas eran constantes y la actitud, inmejorable. Si bien cada acercamiento del City nos las ponía de corbata. Thiago, de nuevo, parecía un veterano. Actitud, posicionamiento, lucha, toque. Todo.
Y en el 42', la locura: pase por arriba de Brahim a Fede, sombrero a O'Reilly —contundente y con mala «Baba» como la canción de los Who— y volea para adentro. Gol estratosférico. 3-0. Hat trick del Halcón.
La fe mueve montañas, a menudo para dejarlas donde les corresponde por historia. Como esta noche
La fe de Valverde es la fe del Real Madrid. El 8 estaba realizando uno de los mejores encuentros que se recuerdan en Champions. Como afirmaba el galernauta Sergio Yebra, estaba cortando todo en defensa y metiendo todo en ataque. Era Chendo y Cristiano a la vez. The mother who gave birth to him, pensaría Guardiola mientras se arañaba el cráneo.
Descanso y exhibición coral e individual del Real Madrid.
Mendy no comenzó la segunda parte, en la última jugada de la primera se resintió y no se quiso arriesgar. Su lugar lo ocupó Fran García.
Nada más reanudarse, acción individual brillante de Brahim, cuyo disparo repelió magníficamente Donnarumma. A punto estuvo Vini de aprovechar el rechace.
Varios minutos después, Thibaut evitó que Semenyo marcase al primer palo. A la siguiente jugada, contraataque de Vini y penalti de Donnarumma cuando estaba solo. No lo expulsaron. El pase, de lujo, había sido de Güler con la derecha. Vinícius lanzó raro el penalti, con una paradinha amorfa, y el meta despejó el balón. El siete se disculpó con la afición.

Doku respondió con otra puñalada que Rüdiger desvió a córner. No haber marcado el cuarto había sido una pena, pero lamentarse no solo no ayudaba, sino que perjudicaba. El Madrid debía seguir igual.
Y siguió. Primero Fede y Vini. Luego Arda. El Madrid acogotaba al equipo guardiólico e incluso provocaba errores en los pases.
Poco después del minuto 60, Tchouaméni cayó mal en una pugna con Rodri —que le pegó una patada en el aire, desequilibrándolo— y se lastimó el tobillo al caer. Su baja sería alarmante. Tras ser atendido, se reincorporó, pero no parecía sano.
Vini tuvo otra de las suyas: hacia adentro y con efecto al segundo palo. Se marchó por muy poco. Instantes después, Rüdiger salvó en la línea. El City se había repuesto porque el Madrid se había echado para atrás.
Cuando Arbeloa se disponía a hacer los cambios, Valverde se fue al suelo y se frenaron, pero Fede levantó el pulgar. Se marchó Güler y entró Camavinga. Restaban 20 minutos más la prolongación (y el partido de vuelta).
Poco faltó para que Rúben Dias no cometiera penalti sobre Brahim. Había controlado mal y la presión del 21 le puso en muchos aprietos. El defensor tocó primero balón.
A los Pep's boys —sin shop— no les quedaba otra que irse arriba. Un robo de O'Reilly a Thiago a metros de Courtois fue salvado milagrosamente por el mejor guardameta de la historia del balompié.
En el 75' salieron Franco Mastantuono y Manuel Ángel. Ocuparon el lugar de Brahim y Pitarch.
Si nos hubieran dado a elegir entre que se acabara el partido o marcar otro tanto, habríamos elegido no encajar ningún gol. Entre los cambios, el cansancio y el resultado, el Madrid, lógicamente, se había conservadurizado, pero lo justo. No se acongojó.

Haaland se fue del campo de nuevo sin haber demostrado gran cosa. Después, Trent dejó su puesto a Carvajal, que tendría que sellar con silicona el flanco derecho de la zaga los últimos minutos con el oficio de un veterano fontanero.
El Madrid seguía, de primeras, presionando la salida del City. Después, se replegaba. El compromiso blanco estaba siendo inmaculado.
A punto de llegar al 90', falta peligrosa de Manuel Ángel en la esquina del área. La jugada acabó como de costumbre, en las manos de Courtois.
Valverde seguía por arriba, por abajo y en el centro, aunque en esta segunda mitad no la hubiese metido pa'dentro. Portentoso. Menos de tres MVP parecía poco para el uruguayo.
Con una gran acción defensiva de Huijsen, concluyó uno de los mejores encuentros que se recuerda a los blancos.
A pesar de las bajas, el Madrid rayó a un nivel muy alto. Puede que Guardiola siga disponiendo del laboratorio más caro del fútbol moderno, pero el Real Madrid sigue poseyendo algo que no se compra: fe y leyenda.
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