La Galerna
·21 janvier 2026
3-1: El Madrid se deshace del Atleti y jugará la final

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El Real Madrid femenino derrotó (3-1) al Atlético de Madrid en la semifinal de la Supercopa de España, y ya espera a Barcelona o Athletic Club en la final del sábado. Los goles tempraneros de Athenea del Castillo, Caroline Weir y Linda Caicedo mantuvieron a las blancas a una amplia distancia de diferencia frente a un rival de la capital que solo recortó distancias por medio de Luany en la segunda parte.

A falta de orden, concierto y criterio, bajo la lluvia en el estadio de Castalia, el derbi madrileño de la semifinal de la Supercopa de España femenina regaló al puñado de valientes que asistió al campo una oda al fútbol caótico, al correcalles total donde sólo existen las áreas. Y en el toma y daca, a pesar de la fragilidad que todavía arrastra el equipo de un Pau Quesada ausente a última hora por motivos personales, el Real Madrid no tardó en destrozar a un Atlético de Madrid de patio de colegio.
Las blancas, sólidas por dentro con el cuadrado de seguridad formado por María Méndez - Maëlle Lakrar y Filippa Angeldahl - Sara Däbritz, aceptaron de buena gana el campo abierto ofrecido por su rival, donde Athenea del Castillo y Linda Caicedo desequilibraron el marcador en un abrir y cerrar de ojos con la inestimable ayuda de las jugadoras colchoneras. En el 6, tras una buena presión adelantada de María Méndez, que provocó la pérdida de posesión rival, Athenea se lanzó al área y no dudó en chutar raso para superar a Lola Gallardo. No mucho después, llegado el cuarto de hora, la pifia del Atleti fue total: un saque de banda sin peligro desembocó en un mal pase hacia atrás de la lateral Alexia, dejando vendida a la central Silvia Lloris, para que Caroline Weir controlase el balón en 3/4 de campo. En cuanto levantó la vista, la portera estaba fuera del área, en tierra de nadie, y a la escocesa le bastó con dirigir el balón entre los tres palos para celebrar el dos a cero.

Apenas se habían dado pases horizontales en el centro del campo, pero nada invitaba a hacerlo puesto que el Atlético intentó llegar al área de Misa Rodríguez cuanto antes sin mirar atrás. Inevitablemente, con Caicedo en el campo, el plan fue un suicidio. Tres minutos después del gol de Weir, la colombiana recibió un balón en campo propio aunque con todo el horizonte libre para correr y correr. Unos instantes después estaba ya plantada en la frontal del área rival ante el recule de la zaga y, llegados a ese punto, disparó duro y colocado al palo derecho de Lola, a donde la guardameta no pudo llegar.
A partir de ese momento, con el contundente 3-0 condicionando el escenario, el balón empezó a rondar con insistencia el área madridista. Si bien con poco criterio, el Atleti empujaba con Luany como principal foco de peligro, y su gol no estuvo demasiado lejos. El Madrid, con el paso de los minutos, comenzó a transmitir una peligrosa sensación de relajación. En nada ayudaron las pérdidas de balón propias o la falta de templanza para bajar el ritmo del choque, hasta el punto de agradecer la llegada del descanso de cara a evitar ver reducida su ventaja.
Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos
En cualquier caso, poco cambió tras la pausa. El partido siguió con su ritmo desconcertante y temerario para los intereses del Real. La inconsistencia general del Atleti pudo conducir al cuarto y quinto gol del Madrid –tanto Linda Caicedo como Sheila estrellaron en el palo ocasiones clarísimas–, pero la falta de inteligencia futbolística de las blancas dio a su rival todas las facilidades para volver a meterse en el partido. Tanto fue así que, en el 72, un extraño disparo con la zurda de Luany despistó a Misa Rodríguez y, tras muchos intentos fallidos, hizo que llegara el tres a uno. Por el camino pudieron señalarse penaltis en cada área, con revisiones de VAR surrealistas de por medio, e incluso Naomie Feller bordeó la tarjeta roja por doble amarilla.
Casi nada tenía sentido; sólo el pitido final llegó con lógica tras el tiempo añadido, e incluso ello ocurrió una vez transcurridos diez minutos de alargue. Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos.









































