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·2 avril 2025
Barcelona venció 1-0 a Atlético de Madrid del Cholo Simeone y jugará la final de la Copa del Rey

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Barcelona jugará la final de la Copa del Rey. Foto: EFE
Lanzado por un primer tiempo concluyente, ganador por un pase de Lamine Yamal y un gol de Ferran Torres en el minuto 27 y resistente cuando el duelo lo exigió en la segunda parte, el Barcelona alcanzó la final de la Copa del Rey frente al Real Madrid, entre los complejos iniciales del Atlético de Madrid y una reacción insuficiente después. El más campeón de todos en este torneo, 31 veces vencedor, se ganó un puesto el próximo 26 de abril en el duelo decisivo en Sevilla en la primera parte. En la conexión entre Lamine y Ferran, beneficiados por la duda persistente y decisiva de Musso en su salida. La acción decisiva que dejó sin nada al Atlético de Madrid, rebelado en la segunda parte, pero reducido de ocasiones. Ni un remate entre los tres palos, más allá de un gol anulado. Y ya sin Copa del Rey, sólo le queda el Mundial de Clubes. Ya antes del primer minuto, Giménez se empleó a fondo, lanzado al suelo, para frustrar la primera ocasión del Barcelona, sin Lewandowski sobre el césped, suplente en beneficio de Ferran Torres. Un anuncio de todo lo que se le venía encima al Atlético de Madrid. El equipo lo padeció, siempre tarde en cada sector, a destiempo, desbordado, todo el primer tiempo. La afición lo sintió, callada, temerosa, consciente de que, bajo esas premisas, era una quimera superar a un equipo como el azulgrana, que surgió en el Metropolitano con una ambición ingobernable, con un talento imparable, con la convicción de un bloque cuya fuerza es desmedida e incontenible. A ese ritmo y con espacios, es formidable. Cada carrera de Lamine Yamal, cada quiebro en su perfil, cada giro hacia el medio, cada combinación con Ferran Torres, cada aparición de Raphinha (dos entradas sobre él provocaron dos amarillas a Azpilicueta y De Paul en menos de cuarto de hora), cada desmarque, activó el ciclón azulgrana para poner en jaque al Atlético, superviviente un rato, a duras penas, relegado a una defensa atolondrada, sobrepasada casi siempre. Primero fue Giménez, después tres veces Le Normand, más tarde la falta de tino y el nudo en la garganta del aficionado atlético que provocó un zurdazo de Lamine Yamal. La sensación inequívoca del futuro gol del Barcelona. Una lección que, en cualquier caso, necesitó siempre de la duda del Atlético, personificada en Musso… Como en la ida. Cierto que el pase de Lamine Yamal, otra vez, fue maravilloso, como tantos y tantos que ofrece a sus compañeros. También que el desmarque de Ferran Torres, indetectable, fue perfecto, igual que nada habría ido más allá de haber sido más atrevido, menos contemplativo, menos miedoso, más rápido el portero argentino en su salida. Reaccionó tarde y mal a un balón que debió ser suyo. Ferran sólo tuvo que sortearle con facilidad. El 0-1 en el minuto 27. Incontestable el Barcelona, un mazazo para el Atlético, preso de un continuo ataque de nervios en cada lance dentro de su área en toda la primera parte, limitada en los remates en el otro área a un cabezazo alto de Reinildo. Fuera de los tres palos. Ningún tiro local de la primera parte alcanzó el marco de Szczesny. No hubo forma. Simeone le dio vueltas a su plan. No le salió el inicial. Tampoco el segundo que propuso (Llorente al medio, Giuliano al carril derecho y De Paul escorado a la izquierda). Ni siquiera el tercero (Llorente en punta, Griezmann a la banda izquierda y de Paul de nuevo al medio), entre la bronca por las tarjetas recibidas del árbitro (cuatro antes del descanso) dentro y fuera del campo, entre el miedo anterior y la rabia posterior del Metropolitano. No supo meterle mano Simeone al partido en el primer tiempo, desbordado completamente en el aspecto táctico por Flick y sus muchachos, en un nivel absolutamente superior en la primera mitad. Con balón y sin él. En ataque y en defensa. En lo táctico, en lo físico, en la precisión… En todo lo que importa en un partido de fútbol. De vuelta al vestuario, el técnico del Atlético propuso el enésimo plan. Adentró en el terreno, para rebelarse contra el panorama opresivo del encuentro, a Sorloth, Lenglet y Galán para prescindir de Giuliano, Azpilicueta y Reinildo. El primer efecto fue una ocasión de Griezmann, que remató fatal, al medio, a servicio de Sorloth. Era fuera de juego. Un síntoma de reacción, la primera duda del Barça, la esperanza de la afición del Metropolitano, que se echó las manos a la cabeza cuando Sorloth mandó al lateral de la red una gran ocasión. Era otro Atlético. Más intenso, mejor posicionado, más seguro, menos acomplejado, más vertical, más ofensivo, más incisivo… Y con Llorente de central. La quinta demarcación en una hora de encuentro para el madrileño. Le miró de igual a igual el Atlético, entonces, al equipo azulgrana, que encaró el segundo tiempo mucho más preocupado que en todo el primer acto. Ya exigido. Hasta el punto de que Flick movió dos fichas. Una declaración de intenciones, sobre todo la primera. Quitó a Fermín para poner a Araujo para competir con Sorloth. También reemplazó a Cubarsí para jugar con Eric García. El Atlético insistió. Un gol anulado por fuera de juego a Sorloth activó ya definitivamente la alarma del Barcelona. Flick recurrió a Lewandowski. A su mejor goleador. En el minuto 73. Y decayó el equipo rojiblanco, que necesitaba más de Julián Alvarez y mucho más de Griezmann en esa ofensiva desesperada sofocada por los azulgrana, con Araujo providencial en los últimos instantes, rumbo a la final, mientras lidera LaLiga y compite en los cuartos de final de la Liga de Campeones.
Con esta victoria, Barcelona se enfrentará en la final de la Copa del Rey a Real Madrid, que el martes pasado derrotó a Real Sociedad.