Un 10 Puro
·8 mai 2026
Carvajal y Valverde como síntoma, no como capitanes

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·8 mai 2026

Día 1 DDLP (Después De La Pelea). El bochorno que avergüenza a todos los madridistas tras la noticia, adelantada por Marca, de que Aurelien Tchouameni y Fede Valverde se habían "cagado a piñas" (por utilizar la misma expresión que el uruguayo empleó en su ridículo comunicado exculpatorio), ha marcado un antes y un después en el Real Madrid. Si esto no es una línea roja es que el club está podrido hasta el tuétano.
El vestuario está dividido en muchas facciones. Demasiadas. Tal vez porque muy pocos respetan el escudo de su pagador, más pendientes de sí mismos y del Mundial que del Real Madrid, que a fin de cuentas es lo único que le preocupa al madridista. Dentro del vestidor, algunos se echan las manos a la cabeza por lo que los acontecimientos de los últimos días pueden provocar para el próximo jueves, día del Real Madrid-Oviedo. Tiene pinta de que va a ser un aquelarre, pero que cada palo aguante su vela.
Aparte de esta pelea, hace unos pocos días Rudiger tambien tumbó de un guantazo (varios, según testigos presenciales) a Carreras tras recibir un insulto del ferrolano durante un entrenamiento sobre el césped específico para defensas, en unos hechos silenciados por el club y ante los que no tomó ninguna medida disciplinaria, o eso imaginamos porque no hay comunicado como sí lo hubo ayer. Sumen: Carvajal, Asencio, Ceballos, Arda Guler, Vinicius, Bellingham, Mbappé (añadan a lo que ya saben del francés un injustificado retraso de 45 minutos a una comida de confraternización organizada por los propios jugadores)... Todos ellos han sacado los pies del tiesto de una forma u otra, pero todas de forma especialmente grave.
El bochorno de ayer deja además a dos jugadores claramente señalados. El primero, claro, el propio Valverde, ensañándose con Tchouameni al acusarle de chivato delante de sus compañeros primero y, luego, tumbado en el suelo inconsciente tras llevarse la del pulpo. El otro es Dani Carvajal, que como captaron las cámaras de El Chiringuito salió de najas de Valdebebas viendo el percal y tuvo que regresar cuando el presidente reclamó la presencia de un capitán que no estaba ni de imaginaria.
Porque el drama es un primer capitán, criado en Valdebebas y del que nadie duda de su madridismo, totalmente desenganchado del equipo desde que decidió que no iba a renovar (el club también lo tenía decidido por su dejación de funciones con el brazalete). Y un segundo capitán, Valverde, poniéndose farruco ante un compañero de carácter calmado (o eso creíamos) hasta el punto de sacarle de sus casillas y llevarse un saco de yoyas. La escena, con el uruguayo ensangrentado en el suelo e inconsciente, no es precisamente la mejor para alguien que debería ser el encargado de mantener el orden en el vestuario.
El panorama es desolador. De las dos máximas representaciones del club entre la plantilla, uno apatrullando la ciudad desentendiéndose de lo que allí pasaba y el otro, con el cartel de recién pintao tras llevarse una manita... de piñas. Florentino Pérez tiene tarea por delante, de la de remangarse de verdad y tomar este verano medidas drásticas y dolorosas, o esto de reconstruir el Real Madrid le va a llevar más tiempo que la obra de El Escorial. Y el madridista, tras dos años poniendo la otra mejilla, lo que no tiene es paciencia. Pero ninguna.







































