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·29 novembre 2025

Catar dejó la verdad a la vista: una Sprint sin adornos

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El ruido de los motores en el arranque llenó el circuito de Losail con el mismo afán con el que los coches se lanzaron a buscar espacio en la carrera. Oscar Piastri sostuvo el control desde el primer metro, como si llevara el orden natural de la carrera marcado o como si dependiera de eso para poder seguir luchando el segundo puesto del campeonato de mundo.

Detrás, George Russell encontró un hueco limpio para mantenerse a la sombra del McLaren de Piastri, consciente de que en una carrera tan corta no hay segundas oportunidades. Atrás de él estaban Norris y Verstappen, juntos en la persecución, ofrecieron la primera imagen de tensión del día, pues son dos pilotos que no necesitan presentación, empujándose hacia un mismo objetivo en un trazado que no perdona en las curvas ni en el clima.


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Los primeros momentos de la carrera parecían revelar que el tráfico sería más determinante que la estrategia. Alonso lo comprobó enseguida, una salida eficaz que se diluyó en posiciones perdidas. Antonelli, por su parte, se convirtió en una amenaza constante para él, midiendo distancias pero presionando tenazmente. El italiano terminó por pasarlo cuando el español abrió la puerta en la recta, una maniobra simple y decisiva, bien aprovechado por el rookie.

El DRS dictó el ritmo. Norris lo usó para defenderse y Verstappen para insistir. El neerlandés, incómodo con el rebote de su carro, confesó por radio que el problema no desapareció, situación que lo agobia desde el primer día en Qatar. Aun así, mantuvo el pulso a la persecución, sin espacio para el cálculo fino y sin margen para algo que lo fuera atacar.

En la mitad de la carrera, la tabla se acomodó como si los pilotos hubieran firmado una tregua. Piastri de primero, Russell estable, Norris cuidando cada centímetro. Verstappen, cuarto, mantenía la presión, pero sin la sensación de proximidad. Desde atrás, Tsunoda sumó cinco segundos por pasar los límites de pista, otro recordatorio de que este circuito, como la mayoría, exige precisión incluso en un formato sprint.

Hubo momentos breves que rompieron la quietud, como cuando Piastri avisó de vibraciones en su monoplaza, también cuando  Norris recortó distancia sobre Russell o cuando Leclerc rozó el DRS de Bearman. Pero nada se convirtió en un giro mayor, como los que gustan en este tipo de formatos rápidos. La carrera avanzó como una línea recta: clara, directa, sin sorpresas.

Piastri entró a las últimas vueltas con dos segundos de ventaja, un colchón suficiente para no mirar hacia atrás. Russell no encontró cómo responder; Norris tampoco encontró la última décima que necesitaba para entrar en zona de DRS.

La Sprint terminó como empezó: con Piastri arriba, con un orden lógico, un cálculo casi matemático de los McLaren. No hubo caos, no hubo drama. Solo una demostración de control de un piloto que vuelve al frente después de semanas discretas.

En Qatar, la historia no estuvo en un adelantamiento puntual ni en una sanción aislada. Estuvo, como se ha dicho, en un ritmo constante, en la ausencia de sobresaltos y con una claridad tal que la misma carrera mostró el estado actual de cada equipo. Una Sprint sin molestias, pero con la calidad suficiente para entender que algunos sábados no necesitan siempre un cambio en la trama para dejar un mensaje claro.

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