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La Galerna

·27 avril 2026

Contrato de mutuo laportebaico

Image de l'article :Contrato de mutuo laportebaico

Buenos días, amigos. El contrato de préstamo es un acuerdo de voluntades en virtud del cual una parte, llamada prestamista, se compromete a entregar a la otra parte, llamada prestatario, un bien -habitualmente una cantidad de dinero- con la obligación del prestatario de devolver dicho bien en un plazo determinado, por lo general junto con los correspondientes intereses.

El bien prestado puede ser un bien no fungible, en cuyo caso estamos ante un préstamo de uso o comodato. El comodato -no confundir con el villarato- tiene como elemento esencial la gratuidad. De haber contraprestación económica -en dinero o en especie- estaríamos ante la figura del arrendamiento, que ya sí presenta evidentes concomitancias con las figuras del villarato, del negreirato y del tebasato, que son los diferentes nombres que adopta la corrupción en el fútbol según la doctrina más autorizada.


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En el supuesto de que el bien sea fungible (dinero, guita, parné, pasta, plata, lana, cuartos, chistorras, lechugas, soles o folios), nos encontraremos ante el contrato de mutuo. El mutuo es un préstamo en virtud del cual una persona (mutuante) entrega a otra (mutuario) dinero u otra cosa consumible, para que se sirva de ella y devuelva después otro tanto del mismo género y cantidad.

No sabemos si fue antes el huevo o la gallina, y por tanto desconocemos si fueron las componendas, chanchullos y enredos de Tebas y Laporta lo que inspiró a una conocida aseguradora para crear el eslogan de “vente al mutuo” (disculpadnos si la cita no es exacta, hablamos de memoria), o si fue precisamente esa publicidad la que inspiró a Laporta y Tebas para irse al mutuo. Pero el caso es que se fueron.

Ahora bien, es sabido que tanto Laporta como Tebas son abogados, y además de enorme prestigio. ¡Qué decimos, abogados de prestigio! ¡Auténticos próceres del derecho civil y penal, jurisconsultos y jurisprudentes de la estirpe de los Gayo, Ulpiano, Paulo, Papiniano, Modestino y Marciano! (por cuyos fichajes e inscripciones fuera de plazo cobraron las correspondientes comisiones, claro está, que una cosa es ser abogados y otra ser tontos). Así que no se contentaron con irse al mutuo, sino que alumbraron una nueva institución jurídica, que la doctrina ha dado en llamar el mutuo laportebaico.

Y es que el mutuo tradicional tenía el innegable inconveniente de que el dinero prestado había que devolverlo (“devolver otro tanto del mismo género y cantidad”), cosa que no satisfacía del todo a nuestros protagonistas. Y en la supresión de ese requisito tiquismiquis que se inventaron aquellos viejos trogloditas del derecho romano -unos aficionados- radica la genialidad del mutuo laporteico: yo te presto dinero y tú me pagas, no en dinero, sino en favores arbitrales, inscripciones fuera de plazo, fairplay financiero de la señorita pepis, aceptación de ventas y reventas de aire para inflar mis números, normas de elasticidad infinita para mí y de férrea rigidez para mi rival, manguerazos de dinero a la prensa para que se esté calladita, etc, etc. La creatividad de Tebas en estas lides es sólo comparable a la del Fígaro rossiniano (y que nos perdone Rossini por la odiosísima comparación): all'idea di quel metallo /portentoso, onnipossente, / un vulcano la mia mente / già incomincia a diventar!

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- Oiga, pero esta sección es el Portanálisis: ¿A qué viene esta enfadosa digresión jurídica, y por qué no nos hablan de las portadas?

Tiene usted razón. Esta sección se llama Portanálisis. Ocurre, sin embargo, que las portadas del día se centran en la gesta histórica de Sabastian Sawe al pulverizar el récord de maratón y situarlo por debajo de las dos horas, y nos parece que su análisis corresponde más a publicaciones tan respetables como Runner´s World o Corricolari que a esta modesta página web. Bueno, todas las portadas salvo la de Sport, que dedica su primera plana, para variar, a un nuevo ejercicio de onanismo, y en La Galerna nos da pudor comentar públicamente ciertas actividades que sería mejor practicar en la intimidad del cuarto de baño. Se evita uno el riesgo de acabar salpicado, además.

Y la digresión ha sido enfadosa, efectivamente. ¿De qué otro modo podría ser cuando se trata de explicar los apestosos intríngulis del fútbol español, cuyo tufo se ve multiplicado exponencialmente por la falta de ventilación y el silencio ominoso de la prensa?

Así que si queréis ver las portadas, aquí abajo las tenéis. Pero si lo que queréis es entenderlas y, por extensión, entender el putrefacto fútbol español, recordad dos ideas clave: negreirato y mutuo laportebaico.

Pasad un buen día.

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