El Madrid asalta Estambul y se adueña del tercer puesto en la Euroliga | OneFootball

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Un 10 Puro

·9 avril 2026

El Madrid asalta Estambul y se adueña del tercer puesto en la Euroliga

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El Real Madrid volvió a mirarse al espejo en el momento de mayor exigencia y encontró su mejor reflejo. Cuando la temporada europea comenzaba a estrecharse, cuando el margen de error era mínimo y la amenaza del play in aparecía en el horizonte, el equipo de Sergio Scariolo respondió como lo hacen los aspirantes serios: ganando donde casi nadie gana. En Estambul, ante el vigente campeón y con media temporada en juego, el conjunto blanco derrotó al Fenerbahçe por 69-74 para arrebatarle el tercer puesto de la Euroliga y dar un golpe de autoridad a falta de una sola jornada para el cierre de la fase regular.

No era un partido más. El Madrid aterrizó en Turquía con la presión de saberse obligado a ganar tras la derrota en El Pireo, consciente de que una nueva caída podía empujarle incluso fuera de las posiciones de privilegio. Y quizá por eso salió con la concentración de quien entiende el contexto. Sin adornos. Sin concesiones. Con la defensa como carta de presentación.


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El inicio fue áspero, físico, incómodo. Justo el tipo de partido que exigía la noche. El Fenerbahçe intentó imponer el tono desde el rebote ofensivo, encontrando segundas oportunidades que le mantuvieron con vida pese a una alarmante falta de puntería exterior. Pero el Madrid resistió gracias a su trabajo atrás y a la presencia intimidatoria de Walter Tavares, dominante en la pintura durante todo el primer tiempo.

El caboverdiano fue el gran sostén ofensivo blanco en una primera mitad de muchas manos y pocas florituras. A su alrededor aparecieron Abalde, Deck, Okeke y un Campazzo siempre incisivo para construir una ventaja que el Madrid supo cocinar con paciencia. Porque incluso cuando el Fenerbahçe amagó con romper el partido y se puso ocho arriba en el segundo cuarto, los de Scariolo no se descompusieron.

Respondieron con un parcial de 13-21 para darle la vuelta al marcador y marcharse al descanso con ventaja (34-40), después de haber silenciado el Ülker Sports Arena y dejado al campeón contra las cuerdas. Era, probablemente, la mejor primera parte del Madrid lejos de casa en varios meses.

Pero este equipo lleva demasiado tiempo conviviendo con sus propios fantasmas como para pensar que todo iba a ser sencillo.

El tercer cuarto volvió a convertirse en un problema. Como tantas otras veces esta temporada, el Madrid perdió claridad, encadenó pérdidas evitables y permitió al Fenerbahçe correr. Los turcos despertaron desde el triple, Boston Jr. castigó cada desajuste y el conjunto de Jasikevicius cambió el guion con un parcial de 24-12 que devolvía el control a los locales antes del último periodo (58-52).

La escena era conocida. Demasiado conocida. Otro mal tercer cuarto. Otra remontada rival. Otro partido grande encaminándose hacia un final de ansiedad.

Ahí apareció la mejor noticia para el Madrid: esta vez no se bloqueó.

Lo hizo a través de Lyles, inesperado héroe del último cuarto, asumiendo toda la responsabilidad ofensiva en el arranque del periodo decisivo. Todos los primeros puntos blancos llevaron su firma y sostuvieron al equipo en pie hasta que llegaron los galones. Porque cuando el encuentro entró en zona de definición, Campazzo tomó el mando, Feliz aportó energía y Hezonja —desaparecido hasta entonces desde el perímetro— eligió el momento perfecto para aparecer.

El croata había fallado sus siete primeros triples. Pero el octavo, el importante, el que pesa, fue dentro.

Su lanzamiento desde el perímetro a menos de un minuto del final colocó el +6 y terminó por romper la resistencia turca. La imagen fue casi simbólica: Hezonja celebrando con rabia un triple que valía mucho más que tres puntos, mientras el banquillo madridista explotaba sabiendo que aquella canasta probablemente aseguraba una de las victorias más trascendentales del curso europeo.

Porque más allá del resultado, el Madrid ganó donde debía ganar y como debía ganar. En una pista hostil, ante un rival directo, con presión máxima y tras sobrevivir a uno de esos momentos donde en otras noches se había caído.

Con este triunfo, el equipo blanco asciende al tercer puesto de la clasificación y dependerá de sí mismo en la última jornada para asegurar una posición privilegiada de cara al playoff. Después de semanas de dudas lejos del Movistar Arena, de derrotas ajustadas y finales mal gestionados, el Madrid encontró en Estambul algo más valioso que una victoria: una respuesta.

Y en abril, cuando Europa empieza a separar aspirantes de contendientes, eso vale casi tanto como el triunfo.

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