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·24 avril 2026

El Madrid ya está en el Mundial, pero Thiago Pitarch sigue de guardia

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Unos pocos minutos antes de que el Real Madrid saliera rumbo a Sevilla para enfrentarse al Betis, se conoció la ausencia repentina de Aurelien Tchouameni. Oficialmente, "sobrecarga en el gemelo izquierdo". En ese despacho, porque no es un parte médico, no podían relatar que "descansa pensando en el Mundial". Pero lo podía haber dicho, porque es lo que está pasando y va a seguir pasando en este tramo final e insípido de la temporada.

Pretender así que el Real Madrid juegue a algo es una quimera. Con esos mimbres tenía que hacer un cesto Arbeloa, que ya sabe que le han puesto fecha de caducidad y que anda tragando quina. Al menos, ante el Betis alineó de nuevo a Thiago Pitarch dejando a Camavinga en el banquillo. Morir matando, se llama. O al menos, clavando agujas en el lomo. Es lo que hay y algunos se lo agradecemos: entre futuro o futbolistas con el cartel de "se vende" pegado junto al dorsal, Arbeloa mira por el club y en lo que cree. Se habrá equivocado en mil cosas, pero lo mejor que ha hecho es poner en el escaparate a la mejor cantera del mundo, la de Valdebebas. Otra cosa es que algunos los consideren pagarés y no futbolistas. Por cierto, pese al muy buen partido de Lunin (pasado, amortizado) eché de menos a Javi Navarro (cantera, futuro, la gran estrella de la conquista de la Youth League).


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Es poner a Thiago, hartarse a correr el chaval (desmarques, ofrecimientos, presión defensiva) y a alguno (no demasiados, ya saben, el Mundial) les entra la vergüenza torera de hacer algo más que trotar. Thiago siempre está de guardia, más allá de que a usted, lector, le guste más o menos. Pero su desempeño y entrega están fuera de toda duda. Justo lo contrario que lo de Vinicius y Mbappé desde la eliminación ante el Bayern, que clama al cielo. Se saldrán en la Copa del Mundo, pero su papelón en el Real Madrid, el club que les paga, es para hacer chicharrones con los dos y venderlos al peso, en papel de estraza a ser posible.

No se hagan los ofendidos. Lamine Yamal, la estrella del Barcelona y la Selección, ha hecho lo mismo. No jugará más lo que queda de temporada con su club, y conociendo la mentalidad de los futbolistas, donde a una demasiado extensa mayoría solo le preocupa el "yo" y no el nosotros, es obvio que prefiere recuperarse con toda la calma del mundo, bajarse del maratón indecente de partidos ahora que ya la Champions está perdida pero LaLiga en el zurrón salvo hecatombe y llegar a tope al Mundial: sólo ganándolo y jugando a gran nivel podrá ser Balón de Oro.

El próximo será Mbappé, ya lo verán. Al tiempo. Es el fútbol de hoy en día, secuestrado por los futbolistas de ego desatado con la connivencia de los clubes, que miran más la cuenta de resultados (tener campeones del mundo y balones de oro se factura, y muy bien) que acabar decorosamente este final de temporada. Por cierto, el Madrid empató con el Betis (1-1) en otro partido gris plomizo. Pero eso, a estas alturas, ya importa demasiado poco. Es la hora del Mundial.

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