Un 10 Puro
·30 janvier 2026
El Real Madrid, a la deriva

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·30 janvier 2026

Puede que Florentino Pérez siga siendo —con justicia— uno de los mejores presidentes en la historia del deporte. Una cosa no borra la otra. Pero hoy el Real Madrid transmite algo que nunca debería permitirse: sensación de club sin rumbo. De equipo que vive más de lo que fue que de lo que es.
Lo de Lisboa no fue una derrota más. Fue una la enésima radiografía.
El Benfica no solo ganó 4-2. Fue superior en convicción y en fútbol. Compitió como se compiten las noches grandes de Europa. El Madrid, no. Y esa película ya la hemos visto demasiadas veces en el último año y medio.
Ahora incluso desde dentro del club empiezan a admitir lo evidente: el famoso “plan renove” del centro del campo ha fallado. No es ruido externo. Es una sensación instalada en los despachos.
Se invirtió fuerte pensando que el relevo de Casemiro, Kroos y Modric sería automático. Juventud por jerarquía. Potencial por control. Pero el fútbol no funciona como una hoja de Excel.
Hoy el Madrid sigue sin dueño en la sala de máquinas. Sigue extrañando a Kroos cada vez que el partido se acelera. Sigue sin ese jugador que ordene cuando todo tiembla.
Y no es falta de talento. Es falta de perfiles. De planificación real.
A eso se suma una plantilla frágil, castigada por lesiones, recaídas y una sensación física preocupante. Van varios partidos donde cada balón dividido es del rival. Y cada segunda jugada también. El Madrid llega tarde a casi todo.
Pero hay algo todavía más inquietante: futbolistas intocables.
Tres entrenadores en temporada y media. —Esta con Xabi Alonso primero, Arbeloa ahora— y un patrón claro: hay nombres que juegan siempre. Rindan o no. Vinicius, Bellingham... Futbolistas enormes, sí, pero que llevan tiempo viviendo a base de destellos.
Xabi se atrevió a mover jerarquías en un Clásico y su crédito se evaporó. El mensaje quedó claro para cualquiera que se siente en ese banquillo.
En Liga, esos chispazos han alcanzado para sobrevivir en la pelea. En Champions, no. Europa no perdona partidos a medio gas. Y el nuevo formato menos todavía.
Ya hubo avisos. El Levante fue uno. Tras lo de Lisboa, asoma otro.
Y ahora empieza a sentirse algo peligroso: que la paciencia se agota.
Porque no tomar decisiones también es una forma de decidir. Y casi siempre termina mal.
El Real Madrid hoy está en tierra de nadie. No hay revolución. No hay correcciones profundas. No hay valentía para tocar lo incómodo. Solo esperar que el talento despierte.
Pero la historia no presiona por ti.
Los nombres no ganan duelos.
Los recuerdos no compiten.
O el club corrige el rumbo —en planificación, en estructura y en liderazgo— o seguirá acumulando noches como la de Lisboa, donde no se pierde por mala suerte, sino porque el rival está mejor trabajado.
El problema del Madrid ya no es solo táctico.








































