Anfield Index
·8 janvier 2026
“Fue muy duro” – Dominik Szoboszlai reflexiona sobre un momento de 2025

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·8 janvier 2026

Dominik Szoboszlai tiene 25 años, una etapa en la vida de un futbolista en la que el tiempo todavía parece abundante, pero el juego ya ha enseñado sus lecciones más duras. Tiene medallas, estatus y responsabilidad. Ha llevado el brazalete de su país y las expectativas de una generación. Y, sin embargo, cuando reflexiona sobre el último año, una ausencia eclipsa todo lo demás: el Mundial.
El fracaso de Hungría en clasificarse para el torneo en Norteamérica dolió profundamente, no por lo que se perdió en abstracto, sino por lo cerca que estuvo. Un solo empate habría sido suficiente. Un solo momento gestionado de otra manera podría haberlo cambiado todo. En cambio, hubo silencio, shock y una sensación de deuda personal que Szoboszlai no ha intentado ocultar.
Al hablar después, en declaraciones recogidas originalmente por Empire of the Kop, el centrocampista describió la derrota como el momento más triste de su carrera. No rabia, no frustración, sino algo más pesado y silencioso. La tristeza suele durar más.
El fútbol internacional tiene la costumbre de ser brutalmente conciso. Años de planificación pueden desmoronarse en segundos. La campaña de Hungría terminó de esa manera familiar, con una derrota tardía que se sintió menos como la pérdida de un partido y más como la pérdida de un futuro que ya se había imaginado.
Para Szoboszlai, esto no fue simplemente otro contratiempo. Ya conocía el dolor de perderse un gran torneo por lesión al principio de su carrera. Se había redimido en la Eurocopa de Alemania, pero el Mundial tiene una gravedad distinta. Es el escenario que define carreras, especialmente para jugadores de naciones que no pueden dar por sentada la clasificación regular.
Hungría ya no es un turista en el fútbol internacional. Bajo el liderazgo de Szoboszlai, se ha vuelto organizada, resiliente y ambiciosa. Precisamente por eso este fracaso dolió tanto. Las expectativas habían crecido y la confianza había seguido. Cuando esa confianza se derrumbó, las consecuencias emocionales fueron inevitables.
Szoboszlai habla como un jugador que siente que el resultado le pertenece. Los capitanes suelen decir esto, pero en su caso parece vivirse más que interpretarse. Ha hablado abiertamente de que le debe un Mundial a Hungría, una frase que revela tanto confianza como carga.
Este sentido de responsabilidad no es nacionalismo performativo. Está arraigado en la manera en que los jugadores de élite modernos viven el fútbol internacional. Las carreras en los clubes ofrecen un ritmo semanal y oportunidades regulares de redención. El fútbol de selecciones no brinda tal lujo. Si te pierdes un ciclo, puede que esperes cuatro años para intentarlo de nuevo.
A los 25, Szoboszlai sabe que probablemente tendrá al menos un intento más, posiblemente dos. Pero nada está garantizado. La forma cambia, ocurren lesiones, los caminos de clasificación se modifican. La certeza de futuras oportunidades siempre es una ilusión.
Lo llamativo es lo poco que esta decepción ha afectado su rendimiento en el club. Si acaso, Szoboszlai ha parecido un jugador que intenta imponer orden al caos, convirtiéndose en una de las figuras más consistentes en una temporada difícil.
Aquí hay una paradoja. El fútbol de clubes ofrece escape, estructura y repetición. El fútbol internacional ofrece significado, identidad y consecuencias. Szoboszlai parece haber usado uno para sobrevivir al otro.
La carga de trabajo ha sido considerable. Pocos jugadores han acumulado más minutos. El cansancio no es solo físico, sino también emocional, especialmente cuando los veranos que deberían traer renovación se llenan en cambio de reflexión y arrepentimiento. Desde la perspectiva del club, el descanso forzoso del próximo verano incluso puede resultar beneficioso. Desde la perspectiva personal, será otro recordatorio de lo que falta.
El fútbol es un deporte obsesionado con el impulso, pero las carreras internacionales se definen por la paciencia. La redención, si llega, a menudo lo hace años después de la herida. El reto de Szoboszlai ahora es aferrarse a la fe sin permitir que el peso de la expectativa lo paralice.
La próxima campaña de Hungría para el Mundial no comenzará solo con optimismo. Comenzará con memoria. La derrota sobre la hora, el vestuario en silencio, las entrevistas que revelaron demasiada honestidad. Estas cosas no desaparecen. Se endurecen.
Szoboszlai todavía tiene tiempo. Tiempo para liderar, tiempo para perfeccionarse, tiempo para devolver a Hungría al mayor escenario. Que eso suceda dependerá de muchos factores fuera del control de un solo jugador. Pero la determinación es clara. No es un arrepentimiento que pretenda cargar para siempre.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.









































