La Galerna
·21 janvier 2026
In Memoriam: Lucien Müller

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La sala de máquinas del Real Madrid a comienzos de los años 60 necesitó ser renovada tras las retiradas de Miguel Muñoz y Zárraga, y la marcha de Santisteban. Bernabéu miró de nuevo al Stade de Reims para fichar al francés Lucien Müller, un jugador muy del gusto de Alfredo di Stéfano. En Francia era conocido como ‘Le petit Kopa’, mientras que en España se le empezó a llamar cariñosamente Don Luciano.

Nacido el 3 de septiembre de 1934 en Bischwiller (región de Alsacia), era hijo de alemanes. Müller era un interior y medio de enorme calidad, clarividencia para el pase y técnica individual. Otra característica es que aguantaba muy bien el cuero y apenas perdía balones. El periodista francés Jean-Philippe Rethacker lo definió así: “Organizador de juego sereno, sobrio, inteligente, y muy hábil, se adapta a la perfección al puesto de medio de ataque”. Sus inicios fueron en el FC Bischwiller de su localidad natal en edad juvenil. Su primer paso profesional tuvo lugar en el Estrasburgo en el que jugó cuatro años para más tarde disputar dos campañas en el Toulouse. En ‘Les Violets’ llamó la atención del gran técnico francés Albert Batteux que lo reclutó para el Stade de Reims en 1959. Allí coincidiría con la vuelta de Kopa al cuadro galo y ambos junto a Fontaine, Piantoni y Vincent formarían una de las más excepcionales delanteras europeas de la época durante tres campañas y cosechando dos títulos de Liga y una Supercopa. Müller puso su granito de arena en el célebre fútbol champagne que impuso Batteux en un equipo que bordaba el fútbol por su estilo alegre y espectacular, repleto de pases, combinaciones y regates.

En el mes de diciembre de 1961 la selección española se midió a Francia en el estadio de Colombes. El choque terminó empate a uno y Di Stéfano puso la primera piedra para la llegada de Müller a Madrid unos meses después. ‘La Saeta Rubia’, enamorado de su estilo, le convenció para jugar en el club blanco y Santiago Bernabéu marcó en rojo su nombre de cara al periodo de fichajes de 1962, en el que también llegarían Amancio y Zoco, entre otros.

Las negociaciones fueron muy rápidas y llegaron a buen puerto tras pagar el Real Madrid cuarenta millones de francos al Stade de Reims. El consejo directivo sacó una nota confirmando el acuerdo: “En el día de hoy, después de una serie de conversaciones entre el Real Madrid y el Stade de Reims, se acordó que el jugador Lucien Müller actué la temporada próxima con el equipo español”. Todo se cerró en Lieja en una reunión entre Raimundo Saporta y el presidente del cuadro francés M. Henri Germain.

El contrato firmado por Müller fue por tres temporadas y en sus primeras declaraciones a un medio de su país dijo que “ha sido un golpe inesperado, la verdad. Si jugar en el Stade de Reims es la máxima ambición de todos los futbolistas franceses, hacerlo en el Real Madrid es el sueño constante de todos los del mundo”.
También se refirió a Di Stéfano: “Todos sabemos que nadie ha entendido ni practicado el fútbol colectivo como Alfredo. No ha habido nadie como él. Ha marcado goles con los dos pies y con la cabeza a cientos y ha hecho posible que sus compañeros marcaran otros tantos. Además, por su omnipresencia, ha evitado igualmente muchos goles en su puerta”. También confirmó que había hablado con Kopa, antiguo jugador madridista: “Me ha dicho Raymond que en plan técnico puedo estar a la altura de los jugadores madridistas, pero que acusaré sin duda la velocidad y la dureza del fútbol español”. Preguntado por su contrato espetó que “es tan bueno que prefiero no hablar de el. Estoy muy contento”. Por último, acerca de la posición en la que podría jugar manifestó que “no sé de qué me alinearán, pero no me preocupa. Creo que jugaré en el centro del campo, bien como medio, bien como interior. Juegue donde juegue, haré el máximo para triunfar. Para mi son los jugadores los que juegan, los que deciden y no los sistemas que defiende las diversas personalidades. Creo que se olvida demasiado al jugador, por lo que este pierde rendimiento y hasta calidad”.

Müller jugó su primer partido de blanco, al igual que Amancio y Zoco, en un partido de pretemporada en Ghana. El Real Madrid viajó a Accra en agosto de 1962 y allí se midió al Ghana Black Stars en el estadio Nacional. El partido terminaría empate a tres y sería la primera vez de una media que todavía recuerdan los socios más veteranos del conjunto madridista: Müller-Zoco. Miguel Muñoz estaba enamorado del juego del francés y fue un indiscutible de su once, pese a que siempre fue tachado como un jugador algo lento, flemático y frío.

En su primera campaña compartió más minutos en la media con Pachín por la juventud de Zoco. Müller aportaba claridad en la distribución del juego y el navarro era el pulmón del centro del campo. El futbolista francés rindió a buen nivel y apenas tuvo problemas físicos por lo que jugó 26 de los 30 partidos ligueros. Su primer tanto oficial con la zamarra blanca fue en la quinta jornada en el Santiago Bernabéu contra el Elche. Así lo describió Jesús Fragoso en Marca: “Puskas devuelve a Müller la pelota, Müller, con la izquierda y desde el centro, dispara y bate a Villar”. El conjunto merengue conquistó la Liga con enorme claridad por delante del Atleti y se repuso así de su pronta y sorprendente eliminación en la primera eliminatoria de la Copa de Europa ante el Anderlecht. En la Copa, que Müller no podía disputar por ser extranjero, el Real Zaragoza eliminó a los madridistas en semifinales.

En la segunda temporada de Müller ya se instaló el dúo del francés con Zoco en la media tras ser Pachín desplazado a la defensa. El centro del campo creció en calidad sin perder un ápice de solidez. Su gran capacidad para organizar el juego era fundamental en la idea de Muñoz que lo consideraba un referente del once blanco. Además, la regularidad y tono físico que ahuyentaba las lesiones le permitía jugar cada semana sin problemas. Sumó 25 encuentros ligueros, aunque en este curso no vio puerta en Liga, pero sí en la Copa de Europa contra el Zürich. El cuadro blanco tuvo más resistencia por parte del Barça, pero volvió a levantar el título. En Europa se quedaron cerca del doblete al perder la final contra el Inter en Viena. Aquella noche se vio una enorme batalla en la medular entre Müller y Zoco ante Tagnin y Suárez que cayó del lado nerazzurri. Fue la gran oportunidad que tuvo el jugador francés de haber conquistado la Copa de Europa.

Su último curso en la casa blanca fue en la temporada 1964-65. La pareja que hacía con Zoco se complementaba con el navarro en funciones más defensivas y el francés canalizando el juego y demostrando visión, pase y técnica. El Real Madrid dominaba la Liga a su antojo y logró su tercer entorchado consecutivo. Se trataba de un equipo con gran regularidad, con una defensa sólida, un centro del campo equilibrado e imaginativo y una delantera que aunaba juventud con Pirri, Grosso y Amancio y veteranía con Puskas y Gento. La traumática marcha de Di Stéfano en verano no se notó en demasía en la parte ofensiva. Müller actuó en 26 de los 30 partidos y de nuevo se quedó a cero en su contador de tantos. El rival por el trofeo fue el Atlético de Madrid que se quedó a cuatro puntos de su eterno adversario. En la Copa de Europa, al igual que en 1962, el ogro fue el Benfica de Eusebio que apartó a los blancos de la competición en semifinales.

En los últimos meses de contrato, en la primavera de 1965, Müller avisaba que “quiero quedarme en el Madrid”. Sin embargo, si no renovara el contrato decía que le “gustaría continuar en España en un equipo famoso”. Ya había rumores de interés del FC Barcelona y el RCD Español, y unos días después se sumó el cuadro belga del Standard de Lieja. En el mes de abril, en una entrevista para el diario Pueblo, expuso que el “Real Madrid desea que me quede, y yo también”, pero el aspecto económico era importante porque “en las actuales condiciones económicas es imposible. Soy el jugador extranjero más barato que tiene el club”. Un mes después se confirmó que Puskas, Santamaría y Gento seguirían en el conjunto blanco pero la cuestión económica con Müller seguía en punto muerto. Al final fue el apartado para clave para no seguir en la capital. El francés había pedido una cantidad superior a los ocho millones por los tres años que abarcaría su nuevo contrato, mientras que el club blanco le ofreció un millón de pesetas por temporada, más sueldo y primas, y Müller no aceptó. El centrocampista ya estaba en negociaciones con el Barça que le colmaría sus pretensiones económicas y acabaría tomando el puente aéreo para la Ciudad Condal. Así cerraba su etapa blanca después de tres campañas, 92 encuentros oficiales y tres goles. A su palmarés en el fútbol francés añadió tres Ligas.

En el conjunto catalán también estuvo tres temporadas con un bagaje de 125 partidos, cinco tantos y dos títulos: una Copa de Ferias y una Copa. Con 34 años y al final de su trayectoria deportiva decidió regresar al Stade Reims para cumplir sus dos últimas temporadas como profesional hasta retirarse en 1970. En la selección francesa fue internacional en 16 ocasiones, anotó tres tantos y entró en la convocatoria en dos grandes torneos, la Euro’60 que se celebró en su país y el Mundial de 1966 con sede en Inglaterra.

Después de colgar las botas dio el salto a los banquillos siendo un entrenador con una larga trayectoria y nómina de equipos. La mayoría de su tiempo entrenando fue en España siendo las primeras plazas Castellón, Burgos en dos etapas y el Real Zaragoza. A finales de los 70 volvió al Barça como técnico, aunque no concluyó el curso 1978-79, y después vivió un tercer periodo en el Burgos. La única oportunidad para entrenar en el fútbol de su país fue en el Monaco entre 1983 y 1986. Más tarde, retornó a España para sentarse en el banquillo del Mallorca y su carrera la terminó en el sitio en el que la comenzó, el Castellón. Sus mayores éxitos fueron tres ascensos a Primera con el Castellón, Burgos y Mallorca y a nivel de títulos una Supercopa francesa con el Monaco en 1985.

En una entrevista en la década de los 90, ya retirado de toda actividad, afirmó que “los tres jugadores más grandes han sido Pelé, Di Stéfano y Puskas”. Respecto a su estilo explicó que “mi principal cualidad era que nunca perdía el balón, sin esta cualidad no habría podido jugar en el Real Madrid”. También abogaba porque los jugadores de su época “serían hoy los mismos jugadores”, en relación a la gente que pensaba que no podrían jugar en un fútbol más rápido y físico. Por último, en cuanto a la comparación de estilos pensaba que el fútbol había “empeorado, ya no hay grandes equipos del pasado, ni tantos grandes jugadores. No se ven grandes partidos. Hoy, casi no se juega, se hacen pases, se resalta un gol o una jugada con pases inútiles, pases laterales, pases atrás. Antes, en tres pases, llegábamos delante de la portería”.
Se trató de una persona admirada en varios puntos de España y más olvidado en Francia que, con el paso de los años, estableció su lugar de residencia en Reims. Allí falleció el pasado día 20 de enero a los 91 años.
Fotos: archivo de Alberto Cosín







































