La Galerna
·8 février 2026
In Memoriam: Manolín Bueno

In partnership with
Yahoo sportsLa Galerna
·8 février 2026

Manolín Bueno fue uno de los eslabones entre el glorioso Real Madrid de finales de los años 50 y el de los ye-yé. Pasó más de una década en el conjunto blanco sin jugar asiduamente porque por delante tenía a Gento, uno de los mejores extremos izquierdos de la historia. Tuvo opciones de marcharse a otros grandes equipos, y ser suplente jamás fue fácil, pero siempre se mantuvo firme en su decisión de permanecer en el conjunto blanco.
Nacido el 5 de febrero de 1940, en Sevilla, de casta le venía al galgo, porque su padre había sido futbolista. Concretamente portero en distintos equipos como el Sevilla, Nacional de Madrid, Cádiz y Betis, entre otros. Se crio en Cádiz, donde su abuelo vivió en el estadio cadista y su padre fue conserje del Ramón de Carranza. Desde pequeño le entró el gusto por el fútbol. Manolín Bueno se desempeñaba como extremo izquierdo y fue un exponente de la finura de la escuela andaluza, por su gran calidad, técnica, habilidad en el regate y zurda de seda para centrar y enviar pases medidos a los delanteros.
Comenzó a jugar en el colegio de los Salesianos y luego en el Balón, en primera regional. De allí pasó al Cádiz, aunque estuvo cerca de hacerlo al Sevilla tras despuntar en una gira, pero una lesión de tobillo aguó los planes. Con el conjunto amarillo se estableció en el primer equipo al principio de la temporada 1958-59. Los gaditanos militaban en Segunda División y con apenas 18 años su nombre empezó a sonar fuerte en el fútbol nacional. Luis Molowny y Miguel Muñoz lo vieron jugar y recomendaron su fichaje al club madridista.

En el mes de abril salieron publicadas las primeras noticias del interés blanco. En la portada de Marca se podía leer que el cuadro blanco ya se había movido y el gerente Antonio Calderón había realizado más de una llamada a Cádiz. Unas semanas después se produjo el acuerdo pagando el Real Madrid por su traspaso 1.250.000 pesetas.
El extremo, en sus primeras manifestaciones en Marca, dijo que “sé lo difícil que es tener sitio en el equipo. Ni que decir tiene que he dado un gran paso, pero he de hacer méritos para conseguir la titularidad, y a ello iré dispuesto. Después, la verdad, me gustaría mucho intervenir en los encuentros del Trofeo Ramón de Carranza y conseguir la internacionalidad. Como verá, mis metas son bastante altas”.

En un principio, iba a ser cedido, pero debutó con los blancos en la gira por Sudamérica en el verano de 1959. Según el andaluz, Di Stéfano dijo “a este nos lo tenemos que llevar a los partidos para verlo mejor”. Tras un par de encuentros en los que vio el partido desde la grada, saltó al campo unos minutos contra la selección de Pichincha en Ecuador. Unos días después, también marcaría su primer tanto en Nueva York, en el amistoso contra el combinado Hungarians/Graz.
Así sería la mayor parte de la carrera de Bueno en el Real Madrid: muchos amistosos y un habitual del partidillo de los jueves. En uno de esos amistosos hizo, seguramente, su mejor y más recordada actuación en el equipo merengue. El 11 de noviembre se midieron al Manchester United en un partido benéfico por el accidente aéreo de los red devils en Múnich. El choque fue muy vistoso y espectacular, tanto en juego como en goles, y los blancos doblegaron a los ingleses por 6-5. El extremo sevillano disputó todo el encuentro, marcó cuatro de los seis tantos y fue el mejor del enfrentamiento. El mítico entrenador Sir Matt Busby, preguntado sobre Bueno, declaró que “apunta a excelentes condiciones y en un futuro inmediato será un gran jugador”.

Llegaba para ser el reemplazo de Gento y desde el club le dijeron “aprende de Paco” y como él mismo relataba se tiró “diez años aprendiendo”. Para encontrar su estreno oficial hay que ir a la jornada 9 de Liga contra el Sevilla en el Santiago Bernabéu. Gento estaba lesionado y Fleitas Solich le puso en un once compartiendo delantera con Herrera, Didí, Di Stéfano y Puskas. Los madridistas ganaron por la mínima con un tanto del brasileño y, según le vio la Galerna del Cantábrico, el extremo aprobó y “hace honor a su apellido”. Mientras que el sevillano fue más crítico y “tuve una floja actuación. Los nervios…”. El resto del curso jugaría un par de partidos más de Liga, anotando el tanto del triunfo en la visita a la UD Las Palmas, y varias eliminatorias coperas. Bueno vio al equipo ganar la ‘Quinta’ Copa de Europa en Glasgow desde la grada, pero sin jugar ningún encuentro de la competición.
Las siguientes campañas su status fue similar. Eterno suplente de Gento, muchos amistosos y no conseguía superar la decena de presencias en choques oficiales. Se hizo muy popular e idolatrado entre la chavalería por los partidos de los jueves que presenciaban los chicos que por la tarde ese día no tenían colegio. En alguna ocasión, como él rememoró, llegó a conformar una delantera en esos partidos junto a Herrera, Mateos, Pepillo y Héctor Rial. El mundo del fútbol sabía de su calidad y le llegaron ofertas del extranjero, el Valencia, el Sevilla y también se rumoreó que el Barça se planteó su contratación. En algún momento, Miguel Muñoz decidió juntar a Gento y Bueno en el mismo once situando al sevillano en la banda derecha. Tuvo alguna buena actuación pese a ser zurdo cerrado, pero el técnico madrileño no dio demasiada continuidad a la idea.

Uno de los partidos más importantes que jugó en sus primeros años fue la ida de la final de la Copa Intercontinental de 1960. El Real Madrid se midió a Peñarol en el estadio Centenario de Montevideo en julio y Paco Gento se encontraba de baja por una rotura de fibras. Los uruguayos tenían un gran equipo con Borges, Spencer, Cubilla, William Martínez y Gonçalves y se sentían capaces de derrotar a los blancos. Fue un encuentro marcado por el estado del terreno de juego pesado y embarrado que no dejó hacer un buen juego a ninguno de los dos contendientes. Bueno se compenetró con Puskas por el costado izquierdo y, según Nemesio Fernández Cuesta en Marca, fue de los “jugadores más eficientes, se multiplicó y coordinó buenos avances”. La vuelta, al igual que casi el resto del curso, no jugó, pero pudo añadir la Copa Intercontinental a su magnífico palmarés.
En los años 60, el cuadro blanco ganaba Ligas sin parar y el sevillano solo ponía su granito de arena en media docena de partidos. Cuando jugaba, dejaba constancia de su gran clase en la banda, pero Gento apenas se lesionaba. En la campaña 1962-63, pasó por primera vez de diez partidos oficiales en toda la temporada y actuó en once logrando dos tantos, ambos en Copa.

El curso 1964-65 hizo cuatro apariciones, aunque una de ellas fue decisiva. En la penúltima jornada, madridistas y colchoneros se jugaban la Liga con una distancia de dos puntos a favor de los blancos. Visitaba Chamartín el Atlético de Bilbao y el Real Madrid necesitaba ganar. Gento era baja por una lesión a falta de diagnóstico y Bueno entró directamente en el once. Su actuación fue decisiva, provocando un penalti de Orue en un centro y, con el tanto de Puskas desde los once metros, el alirón quedó visto para sentencia en Sevilla.
Con ese título los blancos volvieron a participar en la Copa de Europa 1965-66. Manolín Bueno no era un ye-yé, pero como hizo Gento en su día con él (“¡Así, Manolillo! ¡Muy bien! ¡Tuya!”), ayudó y dio consejos a muchos de los jóvenes que auparon de nuevo al equipo merengue a la gloria europea. El extremo sevillano sumó una nueva Copa de Europa a su palmarés, aunque al igual que en 1960 no participó en toda la competición.

En distintas entrevistas manifestaba que “el Madrid es el paraíso del jugador de fútbol”, que “en el Real Madrid se está bien siempre sea capitán o ranchero, el caso es jugar en este gran club” o que “a pesar de estar de suplente y de haber tenido interesantes ofertas para irme a otro club, yo estoy contento en el Madrid y en él seguiré, aunque sea de suplente, mientras el Madrid necesite de mí. Me encuentro muy a gusto en el club y no pienso irme”.
Todo ello no era óbice para querer jugar y luchar por el puesto. En una entrevista en Pueblo, por ejemplo, confesó que “preferiría ser titular del Madrid a que me tocara la lotería”. Años después también recordaba en Telemadrid que había “sufrido mucho porque a mí lo que siempre me ha gustado es jugar al fútbol y tener que ir todos los domingos a ver jugar al fútbol es muy duro. Lo pasaba muy mal”.

La longevidad y el buen estado de forma de Paco Gento continuaba, y a finales de la década de los 60 la situación de Bueno era la misma. Nunca desentonaba e incluso marcaba goles que daban puntos, como en la Liga 1966-67 ante Elche y Sevilla. En el curso 1967-68, por primera vez desde su llegada, consiguió jugar más de una decena de duelos oficiales. En concreto aquel curso sumó 12. Una lesión de Gento al comienzo de la campaña le otorgó minutos que se difuminaron cuando el cántabro se recuperó. Bueno cumplió a gran nivel y como premio le llegó ser convocado por primera vez para la selección española. El equipo nacional, con Domingo Balmanya, como técnico tenía que viajar a Praga para un partido de clasificación de la Euro’68. El andaluz finalmente fue suplente del españolista José María, pero vio recompensada su calidad y su actitud tantos años con aquella convocatoria.
Otro dato definitorio tuvo lugar en la temporada 1968-69. Por primera vez el extremo pudo disputar un Real Madrid-Barcelona oficial. Gento se lo perdió por un problema en la ingle y Manolín Bueno integró la delantera con Amancio, Pirri, Grosso y Velázquez. Su actuación fue completísima, dando dos asistencias (los blancos vencieron 2-1) y amargando el día con sus quiebros al lateral Torres. Aquella campaña Bueno sumó el último de sus ocho trofeos de Liga de su palmarés.

El curso 1969-70, el cuadro blanco, después de una década dominadora en el panorama nacional, ganó la Copa con una importante participación del extremo hasta semifinales. En ese torneo volvió a medirse al Barça, con un papel relevante en cuartos. La final, ante el Valencia, la vio desde la grada del Camp Nou. Su última campaña de blanco fue, curiosamente, la que más jugó. Un total de 25 encuentros, debido, en parte, a que a Gento, a sus 37 años, le costaba físicamente y sufrió una lesión en la ingle en octubre que lo tuvo varios meses de baja.
Fue un curso en el que la delantera frecuentemente la formaban Miguel Pérez, Amancio, Grosso, Velázquez y Bueno. Sumó ocho tantos, sus mejores números en un solo curso, y dejó buenos momentos ante el Atlético de Madrid, Celta o el Wacker en la Recopa. En esta competición los blancos alcanzaron la final ante el Chelsea. Gento fue titular, pero como el duelo terminó en empate se debió de jugar un desempate. El extremo cántabro, lejos de su mejor estado físico, fue suplente y Muñoz dio entrada al sevillano en el once. Los blue vencieron gracias a los tantos de Dempsey y Osgood y Bueno no pudo despedirse con un mejor sabor de boca. Si la plantilla conquistaba un título se renovaban los contratos y ese año la sequía fue total, así que el de Atenas fue su último encuentro como madridista. Curiosamente, a la vez que él, también se marchó Gento, que colgó las botas. Terminaba su periplo madridista tras 12 temporadas, 119 partidos oficiales y 27 goles. En cuanto a títulos, su cosecha fue de ocho Ligas, dos Copas de Europa, dos Copas y una Copa Intercontinental.

Bueno continuó su vida deportiva un par de temporadas más en el Sevilla, club en el que su padre ganó una Copa en 1939. Con 32 años y tras un curso en Segunda División, dijo adiós al cuadro sevillista en 1973. Dos años más tarde, jugando en el Balón de Cádiz, dijo adiós definitivamente al fútbol. Después se sacó el carnet de entrenador y fue ayudante de su antiguo compañero madridista Enrique Mateos en el Cádiz. Su mayor triunfo fue el ascenso del cuadro amarillo por primera vez en su historia a Primera División en 1977.
Manolín Bueno falleció en Cádiz dos días después de cumplir 86 años, el día 7 de febrero.

Fotografías: archivo Alberto Cosín
Direct









































