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La Galerna

·31 mars 2026

La decisión de Arbeloa

Image de l'article :La decisión de Arbeloa

Ahora que Arbeloa ha encontrado, o eso parece, su equipo ideal, se enfrenta, como técnico, a la decisión quizá más importante que haya tenido que tomar hasta ahora. Su Madrid funciona. Ha eliminado con solvencia, emoción y brillantez al City. Luego tumbó al Atlético de Simeone en uno de esos partidos vibrantes que encienden al Bernabéu y conectan a la afición con el equipo. Tiene un once tipo del que Vinícius es la estrella y referencia ofensiva indiscutible; Pitarch y Tchouaméni, los gobernadores del centro del campo; y Valverde, el capitán general.

Pero tras el parón llegan el Bayern, Bellingham y Mbappé: si los dos últimos son, a la postre, inevitables en el once titular contra el primero, la eliminatoria contra el adversario ancestral empezaría con arriesgados condicionantes.


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La situación se parece un poco a Hamlet pues, al fin y al cabo, las consecuencias son las mismas: ser o no ser. Con la BMV en el once titular los resultados ya son de sobra conocidos, llevamos viéndolos temporada y media. El equipo, demasiado condicionado por la presencia de tres futbolistas redundantes y desequilibrado por la pérdida de esfuerzo defensivo de los tres en comandita, sencillamente no funciona.

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La mezcla no es buena. Es una realidad contraintuitiva porque es verdad que, normalmente, poner juntos a los buenos suele funcionar. Carletto, quien no pudo con el problema el año pasado, ya se las vio a principios de siglo con Berlusconi en el Milan. Il Cavaliere no entendía que poniendo a los cinco o seis mejores atacantes del mundo el equipo pudiera perder. Sin embargo, el fútbol es así, una cuestión a veces compleja y no un juego de suma cero. En este caso, el Madrid no es capaz de autorregularse y sólo cuando uno o dos de ellos han faltado de manera regular el equipo, con la inclusión de segundos espadas como Brahim o Güler, o la emergencia de savia nueva, ha encontrado la homeostasis.

Contra el Bayern, el Madrid se juega la temporada. Y no es cualquier cosa: hay grandes posibilidades de que esta sea la segunda temporada consecutiva con zero tituli. Los nadapletes devastan la moral del madridismo y convierten el paisaje emocional del aficionado en una tundra. También ponen al club mismo a pique del colapso y, por si fuera poco, la cosa legal del ruido de los conciertos en el Nuevo Bernabéu no se desatasca.

En que Arbeloa mantenga su confianza en la superestructura que ha encontrado por fin un sentido al juego de este equipo desde la final de Wembley contra el Borussia estará no sólo la temporada, sino el futuro a medio plazo

Es sabido que Florentino Pérez ficha galácticos para que jueguen. Indiscutiblemente, Vinícius, Bellingham y Mbappé son sus galácticos, especialmente el último, tantos años anhelado. Aunque los escenarios son bien distintos, en el fondo hay una inclinación fatal a considerar la última temporada y media como una recreación del famoso galacticidio de hace veinte años. Creo que Arbeloa se ha ganado el derecho a decidir, que decían los catalanistas, y a sentar en el banco a cualquiera de las vacas sagradas (qué añeja va siendo ya esa expresión).

Después de tanto tiempo y por circunstancias ciertamente sobrevenidas, en el Madrid se ha probado por fin algo nuevo, y ese algo nuevo tiene buena pinta. Ni Ancelotti ni Alonso ni tampoco al principio Arbeloa, tres técnicos con perfiles muy diferentes, dieron con la tecla hasta que las lesiones y el infortunio le hicieron al último un importante aclarado. Sin Bellingham ni Mbappé, el Madrid halló, por accidente, la armonía y un esquema-tipo al que deben ir incorporándose las estrellas según regresen y no —me parece— alterarlo de golpe con una titularidad que huela a forzada.

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Un panorama donde Bellingham y Mbappé entren y salgan del once a medida que se desmadeja el tramo final de la temporada podría, si los egos no chocan hasta descarrilar, ofrecer soluciones muy interesantes y, por encima de todo, convertir al Madrid en un underdog con las posibilidades ofensivas más potentes de Europa en este momento. Arbeloa ha hecho lo más difícil, que era crear el estado anímico adecuado, embrujar a la plantilla y al hincha con la posibilidad de un reino.

Es la hora, desde luego, de los valientes. Las viejas fórmulas ya han dado todo de sí. Zidane partió la baraja de la BBC e introdujo a Isco en el once titular del mejor equipo del Real Madrid en toda su historia: se atrevió porque hubo lesiones, había alternativas y, sobre todo, impuso su criterio técnico sobre consideraciones de tipo presidencialista o mediático. En que Arbeloa mantenga su confianza en la superestructura que ha encontrado por fin un sentido al juego de este equipo desde la final de Wembley contra el Borussia estará no sólo la temporada, sino el futuro a medio plazo.

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