City Xtra
·24 mai 2026
Más que un entrenador: la era de Pep Guardiola en el Manchester City

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Hace tres mil seiscientos siete días, el 8 de julio de 2016, Josep Guardiola Sala se sentó en su primera rueda de prensa como entrenador del Manchester City y lo primero que le preguntaron fue qué podían esperar los aficionados del City del club en “los próximos tres o cuatro años” bajo su dirección.
El entonces técnico de 45 años, con un traje y corbata impecables y algunas canas asomando en los bordes de la barba, respondió que intentaría hacer sentir orgullosos a sus nuevos aficionados.
Casi diez años después, los trajes han desaparecido, sustituidos por lo que a Guardiola le apetezca llevar: sudaderas, jerséis elegantes, incluso una ya icónica chaqueta de punto con capucha durante media temporada, y la barba es ya casi completamente gris.
Pero el aspecto del catalán no es lo único que ha cambiado. En la última década, Guardiola se ha convertido en una de las figuras más queridas que ha tenido jamás el Manchester City, en uno de los entrenadores más laureados de todos los tiempos en la Premier League, y ha consolidado su legado como una de las figuras más trascendentales de la historia del fútbol.
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Pero más allá de eso, Pep ha cambiado y ha sido cambiado por Mánchester. Lo que empezó como el escenario del tercer capítulo de su carrera como entrenador se ha convertido en una historia de amor con una ciudad y una afición que ahora compiten por su cariño incluso con su querida Barcelona, y lo que comenzó como un trabajo para impulsar al Manchester City hacia la élite del fútbol se convirtió en la hermosa adicción de la que le ha llevado diez gloriosos años desprenderse por fin.
El partido de este domingo en casa contra el Aston Villa —quizá de forma apropiada, dado que fue este mismo duelo en el que Guardiola selló su título de Premier League más eufórico— marcará el final de este capítulo dorado en la historia del Manchester City, mientras despedimos al hombre que lo hizo posible, junto con dos de sus lugartenientes más fieles, John Stones y Bernardo Silva.
Así que acompaña a City Xtra en esta celebración de los años de Pep Guardiola, en los que el gran hombre se convirtió en mes que un entrenador —más que un entrenador— para cada Blue.
Por supuesto, el carro no arrancó en marcha desde el principio. A pesar de la retórica que suelen repetir sus detractores, Guardiola heredó una plantilla salpicada de talento, pero que en gran parte estaba demasiado entrada en años y no estaba preparada para competir a fondo en cuatro torneos; habían sellado la cuarta plaza con un empate en Swansea en la última jornada de la temporada anterior a su llegada, terminando en el cuarto puesto de acceso a la UEFA Champions League por delante del Manchester United gracias a la diferencia de goles.
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Guardiola era el hombre en torno al cual se había construido la estructura moderna del club para atraerlo, inspirado por el amor del propietario Sheikh Mansour y del presidente Khaldoon Al Mubarak por el fútbol que practicó su gran Barcelona entre 2008 y 2012; fichar a sus viejos amigos del Barcelona, Ferran Soriano como CEO y Txiki Begiristain como director de fútbol, fueron movimientos realizados principalmente para ayudar a convencer a Guardiola.
Estuvieron cerca de nombrarlo cuando la etapa de Roberto Mancini en el club llegaba a su fin, pero no lograron convencerlo de acortar el año sabático que se tomó tras apagarse en el Camp Nou, y en su lugar optaron por Manuel Pellegrini.
Sin embargo, una vez consiguieron a su hombre, el City se mostró reacio a renovar la plantilla tanto como el nuevo técnico consideraba necesario, lo que llevó a una temporada 2016-17 que no estuvo exenta de promesas, pero que terminó sin títulos, algo inédito en la carrera de Guardiola como entrenador. Aun así, una racha invicta en los últimos ocho partidos de liga, con 23 goles, dejó entrever lo que estaba por venir.
Ese primer año también dio inicio a lo que ha sido una relación de amor-odio de Guardiola con la prensa. Famosamente molesto por tener que cumplir con sus obligaciones mediáticas, Pep aun así ha dejado incontables momentos memorables y “carne de meme” en sus interacciones con periodistas: alabando el valor de John Stones de una manera que describiremos como colorida, insistiendo en que estaba contento tras una poco brillante victoria por 2-1 sobre el Burnley y deseándole de forma extraña al entrevistador un “feliz Año Nuevo”, o soltando con total seriedad: “Yo no soy un entrenador para las entradas, ¿qué son las entradas?” tras una derrota por 4-2 en Leicester, todos ellos solo ejemplos de su primera temporada en el Etihad Stadium.
Las dos campañas siguientes fueron completamente distintas, y para muchos siguen siendo la cima de los logros de Pep como entrenador en Mánchester. 198 puntos, 64 victorias y 201 goles a lo largo de dos temporadas ligueras, además de dos Carabao Cups y una FA Cup en ese periodo; la temporada 2017-18 fue la más dominante en la historia de la Premier League, con los Blues a un segundo tiempo de derrumbe contra el United a domicilio de haber asegurado el título más pronto que cualquier equipo en la historia, y acabando de todos modos como el primer equipo en alcanzar los 100 puntos.
La ventaja récord de 19 puntos sobre el segundo aquel año fue seguida por un margen de apenas un punto la temporada siguiente, cuando el City necesitó enlazar 14 victorias consecutivas para cerrar el curso y dejar atrás al Liverpool, el mejor subcampeón que haya visto jamás la liga con 97 puntos.
Pep se impuso entonces a su gran rival Jurgen Klopp, después de haber sido superado por el alemán en la Champions League la temporada anterior. Fue el inicio de un periodo histórico de rivalidad entre ambos que definió aquella era de la Premier League, con City y Liverpool enfrentándose en algunos de los duelos directos más memorables de la historia, y repartiéndose todos los títulos desde la primera conquista de Guardiola en 2018 hasta Arne Slot —apoyándose en gran medida en lo que había construido Klopp— en 2025.
A los Reds no se les pudo frenar para siempre, y una temporada irregular del City en 2019-20 les permitió escaparse con su primer título en 30 años. A mitad de aquella campaña llegó la pandemia de COVID-19, con Guardiola insistiendo admirablemente en que el personal del club cobrara íntegramente durante los meses de confinamiento y no fuera enviado a un ERTE. El catalán también perdió a su madre, Dolors, durante ese tiempo.
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Los partidos siguieron disputándose a puerta cerrada en la campaña siguiente, pero tras un inicio complicado, el City recuperó su esencia. Una increíble remontada desde la zona media de la tabla en enero llevó a los Blues a conquistar con autoridad su tercer título de liga en cuatro años, sumando además la última de cuatro Copas de la Liga consecutivas y su primera clasificación histórica a una final de la UEFA Champions League, aquella infame ocasión del peor “sobrepensamiento” de Guardiola, cuando una alineación inusual del City cayó derrotada ante el Chelsea.
Ese resurgir tanto en la forma como en la fluidez de los Blues se vio favorecido en gran medida por el uso de un falso nueve, el rol que Guardiola había ayudado a poner nuevamente de moda colocando ahí a Lionel Messi en su etapa en el Barcelona, y que se convirtió en uno de los ajustes tácticos más asociados a su City tanto en la temporada 2020-21, marcada por el confinamiento, como en la siguiente. Los hombres sin delantero de Pep volvieron a superar al Liverpool por un punto en la lucha por el título tras un final de temporada impulsado por Kevin De Bruyne y el caos absoluto del doblete de Ilkay Gundogan en la última jornada para vencer 3-2 al Villa.
Guardiola lloró en su zona técnica cuando sonó el pitido final aquel día, en una de las reacciones menos explosivas a las que los aficionados del City han asistido al mirar hacia los banquillos del Etihad Stadium y de los campos visitantes a lo largo de los años.
Ya sea saltando de alegría cuando Gabriel Jesus marcó con una vaselina el gol que los convirtió en Centuriones en Southampton y cuando Vincent Kompany clavó un gol decisivo ante el Leicester City, o desplomándose de rodillas por ocasiones falladas ante el Real Madrid y cuando Heung-Min Son se escapó solo para ser frenado por Stefan Ortega Moreno en otros momentos definitorios que reviviremos más adelante, Guardiola siempre ha llevado el corazón en la manga de su elegante vestimenta de diseñador.
Llama la atención, por su relativa ausencia hasta este punto, la falta de descripción de cómo le fue al City de Guardiola en Europa. Derrotas absurdas y de muchos goles marcaron las primeras cuatro temporadas en la UEFA Champions League, con los Blues encajando seis, cinco, cuatro y tres goles en eliminatorias a manos de AS Monaco, Liverpool, Tottenham y Lyon, la primera de ellas en octavos de final y las tres siguientes consecutivamente en cuartos.
La ya mencionada final llegó en 2021, pero en 2022 fue el turno del desconsuelo en semifinales, cuando el City arrolló al Real Madrid a lo largo de los dos partidos, solo para que dos goles tardíos de Rodrygo provocaran un derrumbe en el Santiago Bernabéu. La temporada siguiente, de la que hablaremos ahora, fue más feliz en el frente continental…
La llegada de la máquina goleadora Erling Haaland obligó de nuevo a Guardiola a reajustes tácticos, y el equipo volvió a parecer desajustado en la primera mitad de 2022-23. No fue hasta unos meses después del parón invernal por el Mundial de la FIFA cuando el City encajó definitivamente, con el rol de Stones pasando de la línea defensiva al centro del campo junto a Rodri —y a menudo donde él quisiera— como la clave del final de temporada más brillante de la historia del fútbol de clubes inglés.
Quizá el City recibió aún más impulso aquel febrero con el anuncio de la Premier League de los 115 cargos por presuntas infracciones de sus normas financieras contra el club; Guardiola no hizo más que inspirar una devoción aún más profunda entre los aficionados con su defensa firme del Manchester City sobre este asunto hasta el día de hoy.
El Arsenal, y el antiguo protegido de Pep Mikel Arteta, fueron los rivales por el título esta vez, pero el maestro dio dos lecciones al aprendiz en sus enfrentamientos directos, y el “three-peat” liguero quedó sentenciado con jornadas de sobra, a pesar de una casi implosión a mitad de temporada cuando Pep estalló: “No quiero un equipo de florecitas felices, quiero ganar al Arsenal”. Después llegó la FA Cup, con el gol más rápido de la historia de la final, cuando Gundogan voleó a la red a los 13 segundos, ayudando al City a lograr una dulce victoria en la primera final copera de un derbi de Mánchester.
Todo eso condujo a la que quizá será la noche más recordada del reinado de Guardiola, cuando por fin el trofeo que muchos sentían que el catalán había sido traído para ganar pasó a las vitrinas tras derrotar 1-0 al Inter en la final de la Champions League en Estambul.
En una campaña en la que el RB Leipzig fue arrasado 7-0 con cinco goles de Haaland, el Bayern Munich fue despachado con un 3-0 y los demonios del Real Madrid fueron exorcizados con autoridad con una de las mejores actuaciones europeas de todos los tiempos en un 4-0 en semifinales, un City por debajo de su nivel logró cruzar la meta en la final gracias a un toque exquisito de la derecha de Rodri.
Guardiola mantuvo la compostura para estrechar la mano del técnico rival Simone Inzaghi, pero dejó salir toda la emoción al abrazar a De Bruyne y declarar: “Siete años luchando, Kev, lo conseguimos”. El técnico de 55 años aprendió en su etapa en el Barcelona que, en una industria tan despiadada, estar demasiado cerca de tus jugadores puede acabar quemando a una de las partes o a ambas, así que hoy en día intenta mantener más distancia con la plantilla; aunque no siempre lo consigue. Vivir en el mismo complejo de apartamentos que Gundogan, declarar su amor por Bernardo Silva cada vez que puede y admitir que Phil Foden es como un hijo para él son prueba de que los jugadores a los que ha entrenado en su etapa en Mánchester han dejado huellas especiales en él.
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La gran pregunta de 2023-24 era cómo volver a empezar después de conquistar la montaña del triplete (y, de hecho, enseguida se convirtió en quíntuplete al sumar también la UEFA Super Cup y la antigua versión del Club World Cup), con los viejos rivales Arsenal y Liverpool volviendo a plantar batalla por el título mientras el City perseguía una cuarta Premier League consecutiva sin precedentes.
Todo se decidió en la última jornada gracias a la ya mencionada parada de Ortega, que ayudó a preservar la victoria sobre los Spurs, y fue apropiado que el título se sellara ante el West Ham con goles de los dos jugadores más sobresalientes de aquella temporada: Rodri, en la campaña en la que acabaría ganando el Balón de Oro, y Foden, cuyo hermoso florecimiento tras años de mimo de Pep le valdría ser elegido Jugador del Año de la PFA.
El paso de los años terminó alcanzando a una plantilla envejecida y cansada la temporada pasada, con Guardiola —que probablemente se habría marchado el verano anterior de no haber sido por el derrumbe, que lo motivó a quedarse un año más y enderezar las cosas— logrando finalmente reconducir la situación, clasificarse para la Champions League y alcanzar una tercera final consecutiva de la FA Cup, perdida de forma desafortunada ante el Crystal Palace.
Parte del atractivo de quedarse tanto tiempo para Guardiola ha sido el cariño que ha encontrado por la propia ciudad de Mánchester. Se ha sumergido en la historia del club y ha entablado relación con figuras como el icónico exextremo del City Mike Summerbee, sí, pero también ha abrazado la cultura más amplia de su hogar adoptivo. Cuando su ahora exesposa Cris y sus hijas Maria y Valentina estuvieron presentes en el atentado de 2017 en el Manchester Arena, Pep salió corriendo a las calles para ayudar y asistió al memorial por las víctimas del ataque al día siguiente; citó el poema recitado aquel día por Tony Walsh en el vídeo de anuncio de su salida del City.
Guardiola también se ha hecho buen amigo de la estrella de Oasis Noel Gallagher, y asistió al concierto en Heaton Park de la gira de reunión de la banda el año pasado, luciendo una camiseta retro del Manchester City. Un famoso vídeo durante las celebraciones del título de 2022 muestra a Guardiola fumando un puro y cantando Don’t Look Back In Anger, su canción favorita de Oasis.
En la que ha resultado ser su última temporada en el City, un equipo en transición se vio metido en una inesperada pelea por el título a medida que otros aspirantes se descolgaban y el Arsenal parecía quedar al alcance; no pudo ser, y los Blues tuvieron que conformarse con el más que satisfactorio premio de consolación de un doblete copero nacional, el primero de los cuales vio a Guardiola darle otra lección a Arteta en una victoria por 2-0 en la final de la League Cup.
Una minoría de aficionados había empezado a cuestionar si Guardiola seguía siendo el hombre adecuado para liderar al City en las dos últimas temporadas de su etapa, con otros equipos pareciendo acercarse al que antes era el referente intocable de la dirección técnica a nivel mundial.
Sea cual sea tu postura, si has sido aficionado del City en cualquier momento de la última década, es inconcebible no haberse enamorado de Guardiola y de sus equipos a lo largo de los años. Cuando le preguntaron por la afición del City cantando para que se quedara un año más, a pesar de que un empate en Bournemouth entre semana entregó el título de la Premier League, Pep dijo: “Ellos me quieren muchísimo, yo los quiero aún más”. No estamos tan seguros de que eso sea posible.
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El exasistente de Pep, Enzo Maresca, parece destinado a asumir la poco envidiable tarea de suceder al gran hombre, y contará con todo el respaldo de la afición del City al hacerlo. No obstante, hay que decirlo: los estándares desorbitados fijados por Guardiola —20 títulos en diez años, una racha de seis Premier League en siete temporadas, batiendo prácticamente todos los récords importantes ya en su primer título— no se le pueden exigir a nadie, y los aficionados del City deben reconocer de verdad que la excelencia constante que han presenciado no es lo normal.
Se acerca un tiempo incierto para los Blues. Aunque la expectativa, tal y como se transmitió en aquella primera rueda de prensa hace ya tantos años, era que Guardiola estuviera tres o cuatro años y luego se marchara, ya ha pasado más tiempo en el City que en Barcelona y Bayern Múnich juntos, y este domingo se convertirá en el entrenador con más partidos dirigidos en la historia del club.
Por inconcebible que pueda parecerles a los aficionados que vivieron la época dorada de finales de los 60 y principios de los 70, los días oscuros de los 90 o el cambio de rumbo de comienzos de los 2010, habrá grandes sectores de seguidores que no recuerden un tiempo en el que Pep Guardiola no fuera el entrenador del Manchester City. Incluso City Xtra nació más de dos años después de que Guardiola tomara el mando por primera vez.
Ahora ha llegado el final de este periodo brillantísimo en la existencia del club, y en el desfile de trofeos del lunes 25 de mayo de 2026 debemos despedir entre lágrimas al hombre que ya puede reclamar ser la mayor leyenda en la historia del club. Ni las palabras ni los gestos —ni siquiera tan grandiosos como la estatua que se erigirá en su honor, o la North Stand que llevará su nombre— pueden expresar lo que significa para nosotros.
Así que simplemente te daremos las gracias una y otra vez, Pep. Ha sido nuestro honor, nuestro privilegio y nuestro orgullo eterno haberte tenido como entrenador del club de fútbol que todos nosotros, y ahora tú también, amamos.
Gracias por todo, leyenda.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.
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