El Sevillista
·23 mars 2026
Opinión | "86.400 segundos", por Rafa García

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·23 mars 2026

Todos hemos visto el vídeo viral del hombre que se despierta todos los días con un ingreso de 86.400€. La única condición es que lo que no gasta desaparece al día siguiente.
Pues en Sevilla hay un par de tipos a los que les pasa algo parecido pero con un par de diferencias: la primera es que es real, ya que al del video lo que le ingresan son segundos de vida, y la segunda es que lo que no gasten sigue ingresado en sus cuentas corrientes. Podríais decir que es el sueño de cualquier persona, pero como en todos los cuentos de hadas, este también lo es para estas dos personas, este dinero que les llega casi caído de cielo tiene un peaje a pagar. Del mismo modo que le fue concedido a Adán y Eva el paraíso con la única condición de no morder la fruta prohibida, el trato que tenían que cumplir estos dos para poder seguir estirando durante mucho tiempo el sueldo era muy simple, no acosar, agobiar y despedir de la empresa al tío más importante en la entidad, su única misión en este mundo era mantener a Monchi. Ni eso fueron capaces de hacer.
Y mira que era sencillo, te dedicas a cobrar y no estorbar. Los 86.400 segundos los tenías que dedicar a pasear, comer en buenos restaurantes, visitar países, viajar con el Sevilla y de vez en cuando salir en rueda de prensa para que la gente no se olvidase de tu cara y decir "ahora sale el director deportivo y os explica mejor". Tú misión solo era esa, dejar hacer al que sabe, mantener a los que saben, y si tienes que renunciar a un porcentaje de la bestialidad que ganas lo haces, porque a la larga te va a hacer ganar mucho más dinero. Porque no es lo mismo intentar vender una sociedad a la deriva que una con un proyecto estable, mejor o peor pero estable. Pero no, la ambición era tan grande que se creyeron por encima del bien y del mal, se pensaron que eran el alma de la entidad, se vieron en los libros de historia del club, pero lo único que han conseguido es aparecer en estos como los peores gestores de su centenaria historia.
Hoy añaden una muesca más a su gestión. Matias Almeyda deja de ser entrenador del Sevilla. El argentino ha sido engullido por una sociedad que marcha a la deriva y es una máquina de devorar entrenadores. Algunos que parecían fichados por el enemigo, como el capricho del presidente con Sampaoli, y otros que dan resultado pero son incómodos para una dirección que no quiere que nadie le haga sombra ni le presente quejas y obligaciones, como fueron los casos de Quique Sánchez Flores o José Luis Mendilibar.
Como al niño que le ponen una galleta por delante con la única condición de que la deje para el postre, como al que le encomiendas la misión de avisarte a una hora, como si te encargan cuidar un cactus en tu casa, que solo necesita sol y echarle algo de agua cuando la tierra esté seca. Es muy simple, no necesitas hacer nada más. Pues esta gente solo tenía que hacer una cosa, dejar trabajar al que te construía un proyecto de la nada, al que te traía a gente que no conocía nadie y en un par de años, como mucho, valían el doble de lo que habías pagado por él. Pero no, hacer eso, o más bien no hacer nada, era muy complicado, no sé si fueron por comisiones o por jugar al FIFA con tu equipo, o simplemente por ataques de ego que les hicieron creer que era gente capacitada cuando en realidad son el verdadero problema de todo. No tenían que hacer nada, absolutamente nada, pero decidieron no cumplir, a pesar de tener al tío que a bien seguro tendría ahora un equipo y una sociedad que valdría más del doble de lo que vale ahora, decidieron quitárselo de enmedio y jugar a ser Dios.
Que ese mismo Dios, al que tenemos que rezar para evitar el desastre, los perdone. Yo no pienso hacerlo.
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