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·12 janvier 2026
Pumas rompe su esencia y prende las alarmas: ni un canterano en CU y empiezan el torneo bajo fuego

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El empate ante Querétaro dejó más dudas que puntos, pero lo que realmente explotó fue la imagen histórica: por primera vez en su debut, Universidad no alineó a un solo jugador “hecho en casa”.
Pumas arrancó el Clausura 2026 con el mismo sabor amargo con el que cerró el Apertura 2025: incertidumbre, funcionamiento irregular y una afición que cada vez tiene menos paciencia. La directiva se movió. Hubo refuerzos. Se vendió ilusión. Pero el debut en Ciudad Universitaria, con el Olímpico como escenario y Querétaro como rival, terminó siendo un espejo incómodo: este equipo sigue sin parecer Pumas.
La expectativa era alta. No solo por el estreno de Efraín Juárez en casa con un proyecto que prometía una cara distinta, sino porque el contexto lo pedía: Querétaro no llegaba como un rival intimidante y CU exigía una respuesta inmediata para apagar el ruido que se arrastraba desde la eliminación en el Play-In del torneo pasado. Sin embargo, el partido dejó la sensación contraria: Pumas no mostró una versión nueva, no impuso condiciones y, aunque rescató un empate, volvió a sembrar preocupación.
El resultado ya era suficiente para el debate, pero lo verdaderamente explosivo fue otro detalle. Uno que tocó una fibra histórica.
Más allá del funcionamiento y del marcador, el debut ante Querétaro dejó una imagen que se sintió como sacrilegio para la identidad universitaria: Pumas no alineó a un solo canterano, algo que —de acuerdo con el debate generado tras el partido— no había ocurrido jamás en un debut de torneo en CU.
Para un club que durante décadas presumió ser sinónimo de cantera, de pertenencia y de formación, el dato cayó como una bofetada. Y no fue un tema menor: la ausencia de “hechos en CU” terminó por convertirse en el centro del análisis en televisión y redes, encendiendo el argumento más doloroso para el puma: perdieron la esencia.
El tema se instaló con fuerza en el programa Cuadro Titular de FOX, donde la mesa encabezada por analistas como Rubén Omar Romano, Yosgart Gutiérrez, Israel López, Jair Pereira y Fernando Cevallos discutió el momento del club. Fue precisamente Cevallos quien soltó la frase que se convirtió en sentencia para describir la crisis auriazul:
“El tema de Pumas es que cuando perdió su esencia, el equipo se cayó por completo. Porque la esencia de Pumas no es esta. La esencia de Pumas es jugar con 3, 4, 5 jugadores de casa que entienden la institución, que le transmiten eso a los que están, con 4, 5 extranjeros que te marquen diferencia”.
Y la lectura fue todavía más dura: esa pérdida de ideología estaría detrás de una de las sequías más largas del futbol mexicano. El mensaje, entre líneas, fue demoledor: Pumas dejó de ser Pumas desde hace años, y el Clausura 2026 arrancó reforzando esa idea.
El empate ante Querétaro no solo dejó dudas futbolísticas: dejó un problema emocional. Porque si el torneo pasado la afición ya había mostrado inconformidad, este semestre parece arrancar con el margen de error al mínimo. Efraín Juárez no solo debe hacer funcionar a un plantel reforzado: debe recuperar la identidad. Y ese reto es mucho más pesado que ajustar una alineación.
La directiva hizo su parte en el mercado. El problema es que en la cancha, por ahora, la transformación no aparece. Y cuando eso pasa en CU, la crítica no tarda en convertirse en presión estructural.
La situación se vuelve todavía más delicada por lo que viene. Pumas visitará a Tigres en la Jornada 2, un escenario de máxima exigencia: el Volcán, uno de los estadios más pasionales del país y una plaza históricamente complicada para los universitarios.
El partido se jugará el miércoles 14 de enero a las 21:06 horas, y llega en el peor momento posible para un equipo que aún busca forma. Porque una cosa es empatar con dudas en casa… y otra muy distinta es ir a San Nicolás con el ruido encima y con una afición que ya empezó a señalar el punto más sensible.
Pumas no solo dejó escapar un buen arranque. Dejó abierta una crisis de identidad. Y en Ciudad Universitaria, eso siempre duele más que cualquier marcador.









































