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·13 janvier 2026
¿Qué le pasa al Nàstic?

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El Nàstic no está donde debería. Con el equipo instalado en una zona de tabla que no corresponde a su escudo ni a su objetivo real, la sensación es de bloqueo: la plantilla estaba hecha para pelear, como mínimo, por Play-Off, pero a estas alturas el conjunto grana aparece lejos de esa pelea y con una dinámica que empieza a preocupar más por el contenido que por el simple resultado. Y cuando el fútbol no acompaña, la clasificación suele ser la consecuencia más lógica.
El primer gran foco está en la zaga: el Nàstic es el equipo más goleado, un dato que lo explica casi todo. La fragilidad defensiva ya no es un matiz, es un patrón. El equipo concede demasiado en área propia, sufre en cada balón lateral, se rompe con facilidad cuando el rival acelera y vive constantemente al límite en transiciones. Es un Nàstic sin seguridad, sin contundencia y con una sensación permanente de que cualquier llegada rival puede acabar dentro. Cuando el punto de partida es encajar más que nadie, cualquier plan de partido se vuelve inestable, y la exigencia ofensiva para sumar puntos se dispara.
A esa debilidad atrás se le añade el segundo problema estructural: el centro del campo no está dando el nivel. En la medular falta calidad, criterio y continuidad, y eso se nota en la incapacidad para controlar partidos. Futbolistas llamados a ser importantes como Óscar Sanz, Montalvo y Kaptoum están ofreciendo un rendimiento por debajo de lo esperado, lo que deja al equipo sin mando y sin un ritmo reconocible. El balón circula poco, se abusa del juego directo por obligación y se generan pocas ventajas desde dentro. Sin una sala de máquinas fiable, el Nàstic vive dividido: defensa expuesta, ataque aislado y demasiadas posesiones que acaban sin sentido.
Y ahí entra el tercer punto, el más difícil de justificar cuando la temporada avanza: la falta de intensidad. El Nàstic compite a ratos, llega tarde a muchos duelos, pierde segundas jugadas y transmite una preocupante sensación de desconexión en tramos clave. En una categoría donde el físico, el hambre y la concentración deciden partidos, jugar sin tensión competitiva te condena, por muy buen nombre que tengas. La mezcla de una defensa endeble, un mediocampo que no sostiene al equipo y una actitud intermitente está dejando al Nàstic sin identidad… y, lo que es peor, sin margen para seguir fallando si quiere reengancharse al objetivo del play-off.
Autor: Pablo Triguero









































