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·24 Juni 2026
A Ras de Campo: ¿Dónde quedaron los ídolos?

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·24 Juni 2026

Hubo una época en la que la Selección Mexicana tenía rostros que trascendían la cancha. Hugo Sánchez, Jorge Campos, Cuauhtémoc Blanco, Rafael Márquez o Jared Borgetti no solamente eran futbolistas; eran símbolos. Jugadores capaces de conectar con la afición, generar admiración y representar algo más grande que un resultado.

Hoy el panorama es muy distinto.
México llegó al Mundial de 2026 con una generación competitiva, pero sin un referente que provoque unanimidad. No existe ese jugador que paralice al país cuando toma el balón, que aparezca en las conversaciones de todos o que represente el sueño de millones de niños. Hay buenos futbolistas, sí, pero no hay ídolos.
La explicación va más allá de los resultados. Durante años, la Liga MX ha reducido espacios para el jugador mexicano. La presencia masiva de extranjeros ha provocado que muchos jóvenes encuentren menos oportunidades para desarrollarse y consolidarse. El propio Ricardo Ferretti lo resumió hace algunos meses: faltan ídolos porque cada vez hay menos futbolistas mexicanos ocupando lugares importantes dentro de sus equipos.

También influye la falta de exportación al futbol europeo. Los grandes referentes del pasado construyeron su legado enfrentando a los mejores del mundo. Hugo brilló en España, Márquez fue figura en Barcelona y Javier Hernández conquistó la Premier League. Hoy son pocos los mexicanos que logran establecerse en la élite internacional y eso limita su impacto dentro del imaginario colectivo.
Pero quizás el problema más grave sea la desconexión con la afición. Durante décadas, el Tricolor fue un motivo de unión nacional. Hoy predominan las críticas, la desconfianza y el desencanto. Basta con revisar cualquier publicación de la Selección en redes sociales para encontrar reclamos, burlas y cuestionamientos. La gente ya no se identifica con el equipo como antes.

El futbol mexicano sigue produciendo buenos jugadores. Lo que dejó de producir son referentes. Y mientras no aparezca un futbolista capaz de combinar talento, personalidad, liderazgo y cercanía con la gente, la Selección seguirá enfrentando una crisis que ningún sistema táctico podrá resolver.
Porque los Mundiales se juegan con equipos. Pero la historia se escribe con ídolos.







































