Da igual la pelota
·31 Januari 2026
Carlos Alcaraz: cabeza, corazón y cojones

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·31 Januari 2026

Carlos Alcaraz derrotó ayer a Zverev en el quinto set, clasificándose a su primera final del Open de Australia de su carrera. El murciano vio cómo el alemán le remontó los 2 primeros sets, superó calambres y vómitos terminó ganando el duelo. Otro ejemplo más de cabeza, corazón y cojones, un lema ya que ya le hemos visto acuñar en algunas ocasiones y que los aficionados usan para definirle.

Alcaraz estirado en el suelo tras ganar el encuentro | Photo by Phil Walter/Getty Images
«Believing, always believing» respondía Carlos cuando le preguntaba Jim Courier cómo había logrado la remontada en su entrevista post-partido. Y no fue una frase al azar. El murciano, nunca dejó de creer. Ni ayer ni nunca. La fe y la confianza en uno mismo es, probablemente, la base y la clave del éxito en cualquier deporte, y Alcaraz es hoy el máximo exponente de ello.
Ya lo demostró el año pasado en la final de Roland Garros ante Jannik Sinner, donde fue capaz de remontar dos sets y salvar tres pelotas de partido en el cuarto. Aquel duelo, que terminó en un inolvidable marcador final de 4-6, 6-7(4), 6-4, 7-6(3) y 7-6(2), pasó a la historia del tenis. En la madrugada de ayer, lo volvió a demostrar.
El murciano dominó el encuentro y ganó los 2 primeros sets. Sin embargo, el alemán se las apañó para remontarle los dos siguientes y forzar un quinto set en el que llegó a situarse 5 a 3 juegos arriba. Para entonces, el físico de Alcaraz comenzó a pasar factura. Carlos sufrió rampas, calambres e incluso vómitos. Apenas se podía mover con fluidez. Con todo en contra, la victoria de Alcaraz era altamente improbable.
Pero si algo ha demostrado el joven tenista a lo largo de su carrera, es que ni la presión ni las probabilidades jamás le han intimidado. Y así fue. Levantó los brazos, creyó hasta el final y acabó levantando el duelo. El 7-5 definitivo le dio el set y, con él, el pase a su primera final del Open de Australia. A pesar de los problemas físicos y a pesar de ver como su rival se agrandaba y le remontaba el duelo, jamás se rindió. Al fin y al cabo, «creer y siempre creer» es la vía más directa hacia la gloria. La mentalidad inquebrantable de un absoluto ganador.
El corazón. Aquello que te hace carburar a pesar de las adversidades. Eso que te hace seguir adelante incluso cuando todo parece imposible. El duelo de ayer no fue solo un duelo contra Zverev, sino contra el cansancio, el dolor y el límite. Sin embargo, quién pone corazón, olvida el cansancio, resiste el dolor y pone límite en las nubes. En los momentos más duros, cuando el físico quería rendirse, el corazón obligaba a seguir. Ese corazón solo lo tienen los grandes competidores, y lo mejor de este es que ni la cabeza ni el físico son capaces de derrotarlo. Es lo más resistente del cuerpo humano. Fue capaz de encontrar la fuerza interior y la energía no solo para seguir jugando, sino compitiendo de tu a tu a un rival en plenas condiciones y a un marcador totalmente adverso. Alcaraz posee ese corazón y esa fuerza interior en abundancia.
Porque al final, lo que diferencia a los grandes no es solo el talento natural. Es el corazón, la entrega que pone uno en cada lucha. Y esto solo se traduce en el triunfo. Ayer, Carlos Alcaraz no solo ganó con las piernas, ganó con el corazón. Cabeza y corazón, la vía directa hacia la gloria.
Cuando estás condenado, destinado al abismo, cuando todo es adverso, solo tú puedes plantarle cara al destino y cambiar tu sentencia. Y eso nace de la actitud. Desde tus «Cojones». Carlos es la muestra de ello.
Con su momentánea victoria, Zverev fue descomponiéndose. Su gesto y su actitud. Por contra, Alcaraz se transformaba. Lo habitual en un deportista normal ante las adversidades que se le presentaron al murciano habría sido agachar la cabeza, aceptar tu destino, abrazar la derrota y, si hay fuerzas todavía, lamentarse de la injusticia. Pero eso no va con Carlos.
Lo habitual en un competidor y en un ganador como lo es Alcaraz no es eso. Lo suyo es levantar los brazos, sacar su coraje a relucir y afrontar lo que se venga por delante. Un comportamiento y una conducta ya muy reconocible en su carrera. La palabra que mejor lo define, como él mismo ha dicho en más de una ocasión, es sencilla y rotunda: «cojones«. Así y solo así, los ganadores tienen una vía directa hacia la gloria.
Carlos Alcaraz ganó ayer no solo por su talento, ni por su físico, ni por la suerte. Ganó porque posee la esencia de un campeón: «cabeza, corazón y cojones». Con la cabeza, creyó hasta el final; con el corazón, obtuvo la fuerza para seguir a pesar del dolor y el cansancio; y con los cojones, le plantó cara al destino.
Eso es lo que distingue a los grandes. Convertir la adversidad en triunfo con «cabeza, corazón y cojones». Ayer, en el Rod Laver Arena, Alcaraz demostró lo que significa ser un campeón en cuerpo y alma.
Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb
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