La Galerna
·11 Mei 2026
Desolación por el Madrid y desprecio al campeón

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·11 Mei 2026

Buenos días, amigos, en la medida en que los buenos deseos no os suenen a cruel sarcasmo. Ha amanecido un lunes que exige desayunarse un Talisker o un Dalmore a fin de acopiar las fuerzas necesarias para acometer la ingente tarea de hacer frente a los quehaceres diarios, cualesquiera que sean, con cierta entereza de ánimo. Nosotros ya vamos por el segundo, os confesamos.
Ayer acabó a efectos prácticos esta pesadilla, aunque aún quedan tres partidos que se nos antojan como tres visitas al proctólogo, habida cuenta del rendimiento de los nuestros. No vamos a hacer en este Portanálisis leña del desempeño de nuestros jugadores en el destartalado Camp Nou, que para eso tenéis la crónica de Francisco Sánchez Palomares y las notas puestas por Atenea Johanson. También la crónica arbitral de Alberto Cosín. Entre unas y otras os haréis cabal idea de la insoportable combinación de desidia de nuestros jugadores y putrefacción mediático-arbitral que ha caracterizado esta temporada desde el primero hasta el ultimísimo día. En este Portanálsis nos limitaremos a decir que el partido de ayer -nos negamos a llamar Clásicos a los enfrentamientos entre el Real Madrid y el Barcelona, como no sea para referirnos a la clásica lucha entre el bien y el mal- fue una manera coherente de abrochar la temporada. En todos los sentidos.
Decía san Ignacio de Loyola que en tiempo de desolación no conviene hacer mudanza. Así que, toda vez que ha habido en la historia del Real Madrid pocas semanas más desoladoras que la que ayer concluyó, y habida consideración de que el segundo Talisker todavía no ha acabado de surtir sus efectos de sursum corda, vamos a acogernos a la máxima ignaciana. Dejadnos, pues, que rellenemos nuestra copa y posterguemos el análisis de la temporada y de los cambios que equipo y club precisan para cuando el tiempo haya calmado un poco los ánimos y otorgado algo de perspectiva. ¿Es una excusa para eludir nuestras responsabilidades portanalistas? Tal vez. Pero, francamente, queridos, nos importa un bledo.
¿Y las portadas? Pues tan decepcionantes como esperábamos, aunque algo menos hirientes de lo que nos temíamos. Decepcionantes porque, por supuesto, no hay la menor referencia en ninguna de ellas al fétido elefante negreiril en la habitación. No nos cansaremos de repetirlo: mientras el Barcelona no sea castigado ejemplarmente por la acreditadísima corrupción sistémica del fútbol español en que incurrió -que se sepa- durante al menos diecisiete años, cualquier título suyo estará indeleblemente manchado de abyección, deshonra, obscenidad e indecencia.
Pueden intentar taparlo con toneladas de silencio comprado por la publicidad de Tebas, pero nunca podrán cambiar esa realidad ni el inmundo odor que desprende el club cliente de Negreira y financiador de Tebas, y que produce arcadas en todo aquel que no haya decidido taparse la nariz con una pinza, y los ojos, los oídos y la boca como los tres monitos del Japón. Ninguna imagen más representativa de esta MLN que la foto de Tebas, Louzán y Laporta ayer en el palco blaugrana. Qué santísima trinidad, una y trina, qué tres caras espejo de tres almas que son sólo una.
Decíamos que las portadas son también algo menos hirientes de lo que nos temíamos, y nos referíamos principalmente a la de Marca. Nos maliciábamos que el diario de Gallardo (de nombre), después de la vómica portada de ayer, hoy gallardearía (de gallarda) con la victoria azulgrana y la aflicción madridista. Sin embargo, se limita a titular “Alirón sin rival”, que, dejando a un lado el consabido silencio sobre la corrupción que bastardea y envilece cualquier título del fútbol español, tristemente refleja con asepsia lo acontecido en el terreno de juego.
As y Sport, curiosamante, coinciden en calificar lo de anoche como “histórico”. Hombre, vamos a ver, histórico, lo que se dice histórico, es haber ganado las cinco primeras Copas de Europa. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar tres Champions consecutivas. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar cuatro Champions en cinco años. Histórico, lo que se dice histórico, es ganar seis Champions en once años. Histórico, lo que se dice histórico, es ser tener quince Champions y treinta y seis títulos de Liga en la vitrina. Lo de proclamarse campeón de Liga en un mal llamado Clásico no es histórico. Es una anécdota. Un sucedido. Un accidente en el curso de los acontecimientos que puede dar para algún chascarrillo picajoso, pero que no alcanza la condición de memorable, no digamos ya de histórico. Claro que quien no alcanza la carne, se conforma con el hueso, por más podrido hasta la médula que esté.
Por su parte, el diario del Conde de Godó, Grande de España, demuestra tener digestiones pesadas y resaca cabezona, de manera que no puede evitar un regüeldo al levantarse trabajosamente de la cama. “Saluda al campeón” titula con elegancia, añadiendo en el faldón inferior que “El Barça levanta su 29º título de Liga en la cara de su gran rival”. Noblesse oblige. Celebramos que, una vez más, los culés demuestren su condición de segundones incapaces de disfrutar de sus éxitos sin acordarse del Real Madrid, al tiempo que vuelven a poner de manifiesto esa verdad inmutable de que quien no sabe perder, tampoco sabe ganar. En fin, cosas de equipos pequeños y aficiones acomplejadas.
Señores de Mundo Deportivo: el Real Madrid, y con él todo el madridismo, saludará con respeto los triunfos del Barcelona, como saluda el de todos sus rivales, cuando el Barcelona respete la ley, la competición, las reglas del juego, la moral y las buenas costumbres. Pero mientras el Barcelona siga chapoteando impunemente en la corrupción más nauseabunda, sólo tendrá nuestro desprecio. Nuestro inmenso desprecio. Y nuestro asco.
Pasad un buen día. O tomaos otro whisky, lo que prefiráis.







































