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·12 Februari 2026

El fracaso de la Superliga: el modelo de deporte americano en Europa no triunfará jamás

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Hoy es un día de alegría y alborozo para el madridismo, y no solo porque en Madrid se haya dejado ver el sol tras tantos días de lluvia. El chute de Vitamina D lo puso el ridículo comunicado oficial del Real Madrid sobre el fin de la Superliga. No se engañen: a esa competición contra natura lo único que le han hecho ha sido desconectarla del respirador asistido, sacarle de la UCI neonatal y certificar su defunción.

Ese esperpento nació muerto, sí, y solo el gorgojeo incesante de los predicadores del régimen lo mantenía en la memoria colectiva. Sí, eso de la Superliga fue un escupitajo al aire desde el primer segundo, y así ha salido. Pero decía que es día de alegría y alborozo, y es porque por primera vez desde hace no se sabe los lustros, el Real Madrid vuelve a tener amigos. De repente, como hay “un pacto” entre uno que tira piedras contra todos los demás, ahora tenemos amigos. Es lo único que ha ganado el Real Madrid en todo esto, volver a tener amigos, porque por lo demás, absolutamente nada. Amigos y poco más.


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Nasser Al-Khelaïfi, el presidente del PSG, ha dejado de ser un peligroso jeque para convertirse en un ejemplo de bonhomía. Alekxander Ceferin, su homólogo en la UEFA, ya no es un maldito calvo que maneja la mafia, sino un hombre de fútbol que ha sabido entender que las ideas de la Superliga eran lo mejor. Faltaría más.

Y ahí siguen los vendehumos, hablándonos de que el Real Madrid se ha salido con la suya. ¿Con qué suya? La Superliga no existe. Un sistema de competición cerrado no existe, como ya ha sido anunciado. Los peligrosísimos clubes-estado ahí siguen, exactamente igual que ayer. Nos venden la moto de un sistema para ver el fútbol gratis por la tele (a cambio de chuparte anuncios hasta del teletaxi) o pagar por un modelo freemium para ver estadísticas, imágenes exclusivas de unos señores saliendo por un pasillo y demás estupideces que no le interesan a casi ningún aficionado al fútbol: no lo digo yo, lo dicen las audiencias. Y ese sistema tampoco existe.

De repente, el deporte europeo, que tan bien ha funcionado porque triunfa apoyado en dos motores fundamentales, el arraigo local y la pasión, ha decidido girarse, mirar a Estados Unidos e intentar transformarse en deporte americano. No importa el aficionado, importa solo el que lo puede pagar. Serás un paganini con los bolsillos vacíos.

Ha pasado en la Fórmula 1, totalmente desarraigada desde que Liberty Media decidió que eso de que se corriera en circuitos tradicionales europeos, con libertad reglamentaria para permitir la evolución de los constructores y motoristas y rodear con ese aura de inmortales a los pilotos estaba demodé. Lo han intentado con la Superliga. Nos presionan ahora con la NBA Europe, otro dislate de dimensiones mayúsculas con toda la afición canastera europea en contra.

Pertenencia local, es decir, arraigo. Pasión, es decir, todo lo que no tienen los aficionados americanos. Esos que no llaman deporte al deporte, sino espectáculo, les da igual ser espectadores de un partido de los Lakers a ver al Mono Joe sobre el trapecio de la muerte. Nos quieren convertir en rebaño, rebaño de sufridos pagadores. De usted y de mi depende que no sea así.

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