Favoritos, grandes ausentes, precios de las entradas, seguridad: todo lo que hay que saber exactamente a un mes de que comience el Mundial | OneFootball

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·11 Mei 2026

Favoritos, grandes ausentes, precios de las entradas, seguridad: todo lo que hay que saber exactamente a un mes de que comience el Mundial

Gambar artikel:Favoritos, grandes ausentes, precios de las entradas, seguridad: todo lo que hay que saber exactamente a un mes de que comience el Mundial

El partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026 se jugará el 11 de junio de 2026 en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, enfrentando a México contra Sudáfrica. El histórico recinto se convertirá en el primero en albergar tres inauguraciones de Copas del Mundo

A solo un mes del partido inaugural del Mundial de la FIFA 2026 —que enfrentará a México y Sudáfrica el próximo 11 de junio— el torneo ya se ha convertido en mucho más que una competencia deportiva. Antes incluso del primer silbatazo, la Copa del Mundo ha quedado atravesada por debates sobre exclusión económica, tensiones diplomáticas, seguridad internacional, migración, violencia y el peso comercial de la industria del entretenimiento global.

El campeonato, que se desarrollará en Estados Unidos, México y Canadá, promete ser el más grande de la historia, tanto por la ampliación a 48 selecciones como por el gigantesco impacto mediático y financiero que lo rodea. Sin embargo, mientras millones de aficionados esperan con entusiasmo el inicio del certamen, también crecen las interrogantes sobre el rumbo que está tomando el fútbol mundial: un deporte históricamente popular que parece cada vez más condicionado por intereses económicos, políticos y corporativos.


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A continuación, un análisis de los principales temas que ya están marcando el Mundial 2026 dentro y fuera de la cancha.

1. Entradas millonarias: el Mundial más caro de la historia

La primera gran controversia gira en torno al precio de las entradas, que para muchos aficionados representan un símbolo de la creciente elitización del fútbol internacional.

Los boletos para varios encuentros alcanzaron cifras históricas y han generado indignación incluso antes del inicio del torneo. Las entradas más económicas para el debut de Estados Unidos ante Paraguay, el 12 de junio, ya superan los US$ 1.000, mientras que los tickets para la final llegaron a publicarse por más de US$ 32.970.

La situación se vuelve todavía más extrema en el mercado de reventa. La FIFA habilitó una plataforma oficial donde los poseedores de entradas pueden revenderlas al precio que deseen. Aunque el organismo asegura no intervenir en la fijación de valores, sí obtiene una comisión del 15 % tanto del comprador como del vendedor.

Esto ha derivado en casos insólitos: algunas entradas para la final se ofrecen por decenas o incluso cientos de miles de dólares. Un aficionado llegó a poner a la venta un asiento ubicado en la parte alta del estadio por más de US$ 11 millones, una cifra evidentemente simbólica, pero que refleja el nivel de especulación y exclusión económica que rodea al evento.

Incluso el presidente Donald Trump ironizó sobre el tema al declarar al New York Post: “Para ser sincero, yo tampoco lo pagaría”, refiriéndose al valor de las entradas para los partidos de la selección estadounidense.

La FIFA, por su parte, ha defendido insistentemente su política de precios. El organismo sostiene que ofreció entradas desde US$ 60 para todos los partidos —incluida la final— destinadas específicamente a hinchas de las selecciones clasificadas mediante sus respectivas federaciones nacionales.

Además, Gianni Infantino argumentó recientemente en la Conferencia Global del Instituto Milken, en California, que los valores responden a la lógica del mercado estadounidense:

“Tenemos que analizar el mercado. Nos encontramos en un mercado donde el entretenimiento es el más desarrollado del mundo, por lo que debemos aplicar precios de mercado”.

Sin embargo, el problema trasciende el valor de los boletos. Sumando vuelos, hospedajes, transporte y alimentación, asistir al Mundial se ha convertido en una experiencia prácticamente inaccesible para una gran parte de la afición global. El torneo, concebido históricamente como una celebración popular, parece cada vez más reservado para quienes poseen alto poder adquisitivo.

2. Irán y la geopolítica: cuando el fútbol depende de la diplomacia

Otro de los temas más delicados en la previa del Mundial ha sido la incertidumbre en torno a la participación de Irán, marcada por el conflicto bélico y las tensiones diplomáticas con Estados Unidos.

Tras el inicio de la guerra, autoridades iraníes manifestaron que no existían garantías suficientes para que sus futbolistas viajaran y compitieran de manera segura. A partir de ese momento comenzaron una serie de declaraciones cruzadas entre representantes de Irán, la FIFA y el gobierno estadounidense, alimentando la confusión sobre el futuro del combinado asiático.

Donald Trump afirmó públicamente que Irán era “bienvenido” al torneo, aunque al mismo tiempo sugirió que jugar en territorio estadounidense podría no ser apropiado “por su propia seguridad y vida”.

La situación escaló hasta el punto de que Mehdi Taj, presidente de la federación iraní de fútbol, inició conversaciones con la FIFA para evaluar la posibilidad de trasladar los partidos del equipo desde Estados Unidos hacia México.

La incertidumbre dio paso incluso a escenarios insólitos. Algunos asesores cercanos a Trump propusieron otorgar el cupo iraní a Italia, selección que nuevamente quedó fuera de la Copa del Mundo tras no lograr la clasificación.

No obstante, a un mes del torneo, el panorama parece haberse estabilizado. El mes pasado, un portavoz del gobierno iraní declaró —según Associated Press— que la selección se preparaba para una “participación orgullosa y exitosa” y confirmó que disputará sus encuentros en suelo estadounidense.

La FIFA también intentó cerrar la controversia. Gianni Infantino aseguró recientemente que Irán competirá sin inconvenientes.

La selección iraní enfrentará a Nueva Zelandia, Egipto y Bélgica; dos de esos partidos se jugarán en Los Ángeles y uno en Seattle. Además, existe la posibilidad de un cruce altamente sensible desde el punto de vista político: si Estados Unidos e Irán terminan segundos en sus respectivos grupos, podrían enfrentarse en Dallas el 3 de julio por los dieciseisavos de final.

Más allá del aspecto deportivo, el caso refleja cómo el fútbol contemporáneo ya no puede desligarse del escenario geopolítico global.

3. Seguridad, migración y tensión social en los países anfitriones

Las preocupaciones por la seguridad también han ocupado un lugar central en la previa del torneo.

En Estados Unidos, algunos aficionados han decidido cancelar sus viajes tras observar redadas de alto perfil del ICE y conocer reportes sobre posibles monitoreos de redes sociales a visitantes extranjeros.

A ello se suma la polémica política migratoria impulsada por Trump. Actualmente, 39 países —la mayoría africanos, musulmanes o no occidentales— enfrentan restricciones de ingreso al país. Naciones como Haití e Irán tienen prohibiciones prácticamente totales, mientras que Senegal y Costa de Marfil están sujetas a limitaciones parciales.

Aunque jugadores, delegaciones y funcionarios sí podrán ingresar para disputar el torneo, miles de aficionados podrían quedar excluidos de la experiencia mundialista, generando críticas sobre discriminación y desigualdad en el acceso al evento.

México, por su parte, enfrenta otro tipo de inquietudes vinculadas a la violencia del crimen organizado.

La preocupación aumentó especialmente en Guadalajara tras la operación federal realizada en febrero contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Según la DEA, el CJNG es una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas del continente.

“El Mencho” murió tras resultar gravemente herido durante el operativo, hecho que desencadenó disturbios y episodios de violencia en distintas zonas de Jalisco, incluida Guadalajara, una de las sedes mundialistas.

En Ciudad de México también se registraron protestas frente al Estadio Banorte tras su reapertura este año. Las manifestaciones denunciaban problemáticas estructurales como desapariciones forzadas, escasez de agua y falta de vivienda asequible.

Todo esto evidencia que el Mundial se desarrollará en un contexto social complejo, donde el fútbol convivirá con profundas tensiones políticas, económicas y de seguridad.

4. Los debutantes: la otra cara del sueño mundialista

En medio de las controversias, el torneo también ofrecerá historias profundamente simbólicas y esperanzadoras.

La ampliación a 48 selecciones permitió que cuatro países debutaran por primera vez en una Copa del Mundo: Jordania, Cabo Verde, Curazao y Uzbekistán.

Para estas naciones, la clasificación representa mucho más que un logro deportivo; significa visibilidad internacional, construcción de identidad y reconocimiento histórico.

Jordania, por ejemplo, compartirá grupo con la vigente campeona Argentina y podría enfrentarse a Lionel Messi en el cierre de la fase de grupos. El crecimiento del fútbol jordano ha sido sostenido: alcanzó la final de la Copa Asiática 2023 y ha desarrollado una estructura competitiva cada vez más sólida.

Uzbekistán, dirigida por Fabio Cannavaro —campeón del mundo con Italia en 2006— tendrá como gran desafío medirse ante Portugal y Cristiano Ronaldo.

Cabo Verde, una de las revelaciones africanas de los últimos años, se enfrentará a España tras completar unas eliminatorias notables con siete victorias, dos empates y apenas una derrota.

Curazao, por su parte, se convirtió en la nación más pequeña de la historia en clasificarse a una fase final mundialista, con apenas 156.000 habitantes. El combinado caribeño compartirá grupo con Alemania y buscará protagonizar una de las grandes sorpresas del torneo.

Estas selecciones encarnan uno de los aspectos más valiosos del Mundial: la posibilidad de que países históricamente periféricos encuentren un espacio en la élite del fútbol internacional.

5. Las estrellas bajo amenaza: lesiones y desgaste extremo

A diferencia de otras ediciones, gran parte de las principales ligas del mundo aún están en disputa, lo que aumenta el riesgo físico para muchas figuras antes del inicio del Mundial.

La final de la Liga de Campeones de Europa, programada para el 30 de mayo, marcará recién el cierre de la temporada europea, dejando muy poco margen de recuperación para varios futbolistas.

Uno de los casos que más preocupa es el de Lamine Yamal. El joven extremo español de 18 años, considerado una de las grandes estrellas emergentes del fútbol mundial, sufrió una lesión en el isquiotibial jugando para Barcelona y su presencia con España aún genera incertidumbre.

Aunque existe optimismo respecto a una recuperación a tiempo, su situación expone el enorme desgaste físico al que están sometidos los jugadores de élite en el calendario moderno.

Otros futbolistas ni siquiera llegaron a tiempo para luchar contra el reloj. Figuras como el neerlandés Xavi Simons y el francés Hugo Ekitike quedaron fuera del torneo por lesiones graves.

Estados Unidos también sufrió una baja sensible con Patrick Agyemang, delantero de 25 años que esperaba disputar su primer Mundial antes de romperse el tendón de Aquiles.

“Imagínense lo que me pasaba por la cabeza”, escribió el atacante en Instagram tras confirmarse su lesión.

Aun así, el torneo contará con buena parte de las máximas figuras del planeta. Lionel Messi y Cristiano Ronaldo volverán a concentrar gran parte de la atención mediática, posiblemente en la última Copa del Mundo de sus carreras.

Aunque ambos están lejos de su plenitud física, su presencia mantiene intacto el atractivo emocional del torneo. En el caso de Ronaldo, además, persiste una motivación histórica: conquistar el único gran título que aún falta en su carrera y alcanzar el legado mundialista de Messi.

6. Los grandes ausentes: gigantes caídos en la clasificación

Como ocurre en cada Mundial, algunas ausencias han provocado sorpresa e impacto entre los aficionados.

En África, Camerún y Nigeria quedaron fuera del torneo pese a contar con planteles competitivos y figuras reconocidas internacionalmente. Camerún cayó ante República Democrática del Congo, mientras que Nigeria —liderada por Victor Osimhen— también fue eliminada por el mismo rival en la tanda de penales.

En América, las ausencias de Chile y Perú reflejan el cierre de ciclos generacionales que no lograron ser reemplazados a tiempo. Ambas selecciones dominaron parte del fútbol sudamericano durante la década pasada, pero hoy atraviesan procesos de reconstrucción marcados por irregularidad deportiva y falta de renovación estructural.

Costa Rica tampoco logró clasificar, convirtiéndose en una de las pocas sorpresas dentro de la Concacaf.

En Europa, la ausencia más impactante vuelve a ser la de Italia. La tetracampeona del mundo quedó fuera nuevamente, consolidando una crisis futbolística impensada hace apenas algunos años.

Polonia, liderada por Robert Lewandowski, tampoco consiguió el boleto mundialista, evidenciando el altísimo nivel competitivo del continente europeo.

7. Los favoritos: entre la presión histórica y las nuevas generaciones

En el plano estrictamente futbolístico, las principales casas de apuestas sitúan a España, Francia, Inglaterra, Brasil y Argentina como los grandes candidatos al título.

España llega como una de las selecciones más sólidas del momento. El equipo de Luis de la Fuente acumula 30 partidos invicto, conquistó la última Eurocopa y alcanzó la final de la Nations League. Además, ocupa actualmente el segundo lugar del ranking FIFA.

Francia continúa apareciendo entre las favoritas gracias a una generación repleta de talento. Tras ganar el Mundial de 2018 y disputar la final de Qatar 2022, el conjunto de Didier Deschamps mantiene una base competitiva liderada por Kylian Mbappé, Dembélé y Tchouaméni.

Inglaterra, por su parte, llega con números impresionantes tras una clasificación perfecta: ocho victorias en ocho partidos, 22 goles a favor y ninguno en contra. La sensación general es que esta generación inglesa posee el talento y la madurez suficientes para competir seriamente por el título que no conquista desde 1966.

Brasil iniciará una nueva etapa bajo la dirección técnica de Carlo Ancelotti. Con Vinícius Jr. y Raphinha como principales referentes ofensivos, la “Canarinha” intentará recuperar el brillo histórico del “jogo bonito” y alcanzar su sexto campeonato mundial.

Finalmente aparece Argentina, vigente campeona del mundo y probablemente el equipo con mayor equilibrio colectivo de la actualidad. Aunque Lionel Messi sigue siendo el gran emblema, el proyecto consolidado por Lionel Scaloni ha fortalecido notablemente al resto del plantel, convirtiendo a la “Albiceleste” en el rival a vencer.


El Mundial 2026 promete ser una celebración futbolística gigantesca, pero también un espejo de las contradicciones del mundo contemporáneo. Mientras el torneo amplía fronteras deportivas y suma nuevos protagonistas, también profundiza debates sobre acceso, desigualdad, migración, seguridad y mercantilización del deporte.

Más que nunca, esta Copa del Mundo parece disputarse simultáneamente en dos escenarios: el césped y la arena política, económica y social que rodea al fútbol moderno.

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