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La Galerna

·3 Februari 2026

Ira endogámica

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No pude ver en directo el partido contra el Rayo. Estuve recibiendo inputs negativos todo el día y me esperaba ver otro aquelarre como el de Lisboa. Pues no. Visto el partido en diferido, un día después, en silencio y en soledad, he de decir que la negatividad ambiental del madridismo empieza a desconcertarme. No me ha parecido ni remotamente el desastre que dicen las crónicas. He oído criticar el arreón final porque "el Rayo no es el Bayern", como si el partido no mereciera el esfuerzo que el equipo nos ofreció. Todo mal, hasta el desorden del final por las ganas de ganar. ¿Se fijaron en las caras de los jugadores en los últimos diez minutos? Ahí empieza a haber algo bueno. Mbappé ejerciendo de capitán sin brazalete…

Silbidos. Eso sí. A Bellingham por lesionarse. A Vinícius porque sí. Minuto 15: dos tarjetas perdonadas a Gumbau por dos feas entradas a Güler. Y llega la pelota a Vini en el pico del área, se limpia a tres defensores y la coloca en la escuadra. Golazo. Sólo he visto unas cincuenta veces la jugada repetida. Cuando la vea bien les trato de convencer de que un jugador capaz de hacer semejante gol tiene que jugar siempre en el Real Madrid. Acto seguido besa el escudo y pide a la grada (traducción libre): “dejad ya de silbarme y animad al equipo, ¿no veis que me da igual?”. Vini es una roca. Ya hemos visto lo que nos puede dar a cambio de un poco de afecto. Ustedes mismos.


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Buena primera parte. Incluso sin Bellingham. Brahim y Vini perdonaron dos goles al filo del descanso por exceso de generosidad. Los dos buscaron a Mbappé en lugar de probar al portero. El partido habría dejado otro sabor con un 2-0 al descanso. Pitos en la grada.

En la reanudación, penalti escandaloso en el 47’ sobre Mbappé. Curioso: la grada pide la falta, pero no insiste en la reclamación al árbitro ni corea “corrupción en la Federación”. Nada. La ira endogámica nos satisface más. El fuego amigo. Tenemos más enemigos dentro que fuera. No dentro del club. Dentro de nuestras propias cabezas. Total, que volvieron los silbidos tras el gol del Rayo en el minuto 49. Es realmente difícil interpretar a qué silba cada persona en el Bernabéu.

La victoria contra el Rayo No me ha parecido ni remotamente el desastre que dicen las crónicas

A todo esto, nos ponen los muñecos del FDJ semi automático manipulado manualmente, para mostrarnos la línea del fuera de juego en el codo de Valverde en el gol del Rayo. ¡En el codo! Si bien en directo no se ve nada irregular, la edición de Óscar Lago no hace más que alimentar las sospechas de manipulación. Ni una toma de la salida del balón. Todo es grotesco, zafio, cutre en la pobre España de 2026. El fútbol no se iba a librar

Alberto Cosín le da un aprobado al árbitro. Muy en desacuerdo. Amarilla anaranjada por entrada de LeJeune a Vinícius, en la banda, sin balón. Jueguen. Pisotón de Isi a Ceballos, naranja también. Esta vez amarilla para el hipócrita de Murcia: cuando le atracan contra el Barça dice que ya se sabe, que el Madrid y tal... Amarilla a Ceballos por rebañar limpiamente un balón con 1-1. LeJeune debió ser amonestado cuatro veces… Gumbau debió ser expulsado en la primera parte. No nos acostumbremos a ignorar que pagaban por neutralidad, por favor.

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El Madrid jugó una primera parte digna. No acepto la crítica feroz a Huijsen. Es blando atrás todavía, pero si no le estropeamos la carrera nos va a dar una salida de balón que no hemos tenido nunca. Para los silbadores: exceptuando a Courtois, la edad media de nuestro once de ayer fue de 21,4 años. Tal vez les quieran exigir que sean Modric o Kroos cuando alcanzaron su prime hacia los 30. Llevo días pensando que tal vez no necesitemos un mediocentro, sino aguantar dos años más, que tendremos que capear como podamos. La falta de jerarquía no la arregla cualquier fichaje para ninguna posición. El equipo es inmaduro. Sabíamos que iba a ocurrir cuando se nos fue el arquitecto de Greifswald y cuando le enseñamos la puerta al pequeño gigante de Zadar.

Respecto a los silbadores, tengo algunas reflexiones. Distingo tres grupos por sensibilidades:

Los oficialistas, veteranos y nostálgicos, hacemos un pack con los subvencionados de la grada fans, a quienes no nos sale o a quienes no pueden silbar a jugadores propios por contrato. Profesamos lealtad incondicional a quien se siente en el banquillo o se enfunde la camiseta, respetamos las canas y no olvidamos de dónde venimos.

En segundo lugar podríamos poner a los piperos. Críticos pero no muy ruidosos en la grada. Su lealtad es condicional. Silban los errores pero les puede la comodidad del asiento y de la memoria. Han visto mucho, han disfrutado y lo valoran. Aguantarían un lustro viendo cómo se va forjando un equipo ganador. Mascullando improperios, sí, pero aguantarían para ver cómo Güler pierde los dientes de leche. Cómo Mastantuono se suelta los grilletes. Cómo Huijsen adquiere un 50% de la furia de Asencio y se blinda de confianza en la salida de balón.

Los terceros son los capaces de pitar noventa minutos a su propio equipo o cebarse con Vinícius y Bellingham. Es el neomadridismo que tengo acuñado pero que aún no he definido. Se trata de un colectivo nuevo, no constituido por afinidad. Lo que les une es actuar fuera de la racionalidad, intoxicados, entregados a unos medios corrompidos por el sistema.

estoy dispuesto a discutir de fútbol con cualquiera que crea que el domingo fuimos un desastre. Aquí les espero con el vídeo del partido. Les recomiendo que lo vean sin sonido, solos y desprovistos de prejuicios. Después me cuentan

Ningún madridista sano puede querer hacer daño a la institución, a la plantilla, humillar a sus propios futbolistas, la autodestrucción. Manifiestan su descontento proyectando los impactos continuos que reciben de medios e influencers de ética discutible. Lo llamo “neo” porque nunca hemos visto semejante esperpento en el Bernabéu. Un espectáculo bochornoso, basado en señalamientos desde prensa y desde las redes y en la falta de respeto por quienes nos han hecho felices desde 2014 a pesar de la ciénaga en la que vive el fútbol.

Díganme sólo un programa deportivo en la radio o algún periódico que sea indulgente con el presidente, con Arbeloa o con los presuntos pecados de los futbolistas. Uno solo. Preséntenme un solo madridista capaz de insultar a Florentino en junio de 2024, con la 15 aún buscando sitio en la vitrina y con Kylian recién fichado. El neomadridismo celebró un título grande hace un año y medio. Si hubiéramos tenido redes sociales y un periodismo corrompido por las instituciones del fútbol entre 1966 y 1998, nos habríamos matado entre madridistas a la salida del estadio tras un mal partido.

Ya termino: estoy dispuesto a discutir de fútbol con cualquiera que crea que el domingo fuimos un desastre. Aquí les espero con el vídeo del partido. Les recomiendo que lo vean sin sonido, solos y desprovistos de prejuicios. Después me cuentan.

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