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·15 Juli 2026

La Argentina que no sabe perder: otra noche épica los lleva a la final

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Argentina tiene más vidas que un gato. Parece que perder es un imposible para esta selección, que está tocada por la varita, que tiene ángel. Caer a manos de los ingleses sencillamente no era una opción. Vaya que tuvieron que sufrir, pero la Albiceleste sabe remar, sabe sufrir, sabe de épica. Su historia está escrita por el guionista y, sobre todo, más argentino que pudieron encontrar.

Inglaterra hizo más bien poco. Argentina tampoco había hecho mucho, y bastó con un contraataque para que Gordon se encontrara con el gol. Los argentinos volvían a estar en jaque, como tantas veces a lo largo de la Copa. La costumbre y la experiencia de algo sirven para afrontar estos momentos de crisis. Los campeones nunca perdieron la paciencia y, después de tanto tocar la puerta, terminó derribándola.


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Pasaban los minutos y Argentina arrinconaba a Inglaterra, pero por momentos la sensación era que la pelota esta vez no quería entrar. Un palo y varias paradas de Pickford frustraban a los sudamericanos, que ya merecían más, mucho más. Scaloni movió el tablero con sus cambios habituales, que esta vez surtieron efecto. Nico González, Rodrigo De Paul y Lautaro Martínez terminaron siendo cruciales para esta nueva hazaña.

Por el lado inglés, Tuchel metió un defensor tras otro. Los once vivían cerca de su propia área y, ante la muralla rival, Enzo Fernández confió en su pegada. Tras varios avisos, el futbolista de Chelsea sumó un momento sublime más a su carrera. Su pie derecho armó un fusil que Pickford no pudo detener. La euforia estalló en Atlanta, dominada por argentinos. Los ingleses, que ya sentían tan cerca una nueva final mundialista, veían cómo se le escurría de las manos.

Y todavía quedaba la estocada final, que no tardaría en llegar. Porque la insistencia y el acoso era asfixiante. Bombardearon el área con centros que estaban hiriendo, hasta que apareció Lautaro Martínez con un cabezazo que mantiene las esperanzas del bicampeonato más vivas que nunca.

Un triunfo especial

La previa dejaba claro que, pese a las afirmaciones de Scaloni y otros protagonistas argentinos, este no era un partido más. Los minutos inmediatamente posteriores al pitido inicial dejaron más patadas que pases, más choques que lujos técnicos. Incluso hubo un primer cara a cara protagonizado por Jude Bellingham y Leandro Paredes. No sólo aceptaban ese juego físico, sino que lo buscaban. Querían pegar.

Esa tensión acumulada terminó en un primer tiempo más luchado que jugado. Era complicado armar posesiones largas o correr, porque cualquier amague de progreso se cortaba con duras entradas, de lado y lado. Messi se llevó algún recado importante de Elliot Anderson, que vio la tarjeta amarilla de un árbitro que intentó contenerse para no condicionar desde temprano el duelo. Del lado argentino, Enzo Fernández, Paredes y Tagliafico fueron los más determinados en el cuerpo a cuerpo, además de una pareja de centrales como el Cuti Romero y Lisandro López, que en ese escenario se sienten como pez en el agua.

Las gradas del Mercedes-Benz también jugaron su rol. Aunque se prohibieron los mensajes políticos para evitar que la Guerra de las Malvinas tuviera más peso del que ya es inherente en esta rivalidad, los aficionados no se olvidaron de ello en sus cánticos.

La alegría argentina era doble y hasta triple. Porque fue una remontada inolvidable, porque están a un paso de la cuarta estrella y porque han mandado a los ingleses a casa. No les ganaban en Mundiales desde 1998. Se han sacado la espinita del 2002. Messi ya puede tachar esta tarea de su (corta) lista de pendientes.

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