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·1 Januari 2026

La Selección Mexicana se ‘blaugrana’: Rafa Márquez arma un proyecto con sello Barcelona rumbo a 2030

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El futuro del Tricolor se diseña desde ahora con Márquez al mando, Guardado en el staff y Vidal Paloma como fichaje clave desde la escuela del Barça.

La Selección Mexicana empieza a transformarse antes de tiempo. Aunque la Federación Mexicana de Futbol mantiene como prioridad inmediata el Mundial de 2026, la realidad es que el verdadero proyecto ya comenzó: el rumbo a 2030 está en manos de Rafael Márquez, auxiliar técnico de Javier Aguirre y elegido para tomar el control del banquillo nacional una vez concluida la justa mundialista. Seis meses antes de asumir de forma oficial, el exdefensor del Barcelona ya imprime una marca reconocible en la estructura deportiva del Tricolor: México se vuelve, poco a poco, una selección con ADN blaugrana.


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El primer paso fue la conformación del cuerpo técnico. Márquez, consciente de que se juega la oportunidad más importante de su carrera, ha optado por rodearse de nombres que representan confianza y sincronía futbolística. Andrés Guardado, ex capitán del Tri y compañero suyo en la selección, será parte del staff. Pero el movimiento que marca la pauta del proyecto es la incorporación de Vidal Paloma, un nombre poco familiar para el aficionado mexicano pero que simboliza una apuesta directa por la metodología Barcelona.

Paloma trabajó con Márquez en el Barça Athletic y es, desde entonces, una pieza de referencia en su modelo de gestión. Su trayectoria no se limita a los banquillos: fue docente en la Real Federación Española de Futbol, donde impartió clases a Xavi Hernández, hoy exentrenador culé; a Xabi Alonso, actual estratega del Real Madrid y protagonista de la histórica temporada 2023-24 del Bayer Leverkusen; además de Raúl González, Fernando Torres, Álvaro Arbeloa y Samuel Eto’o, entre otros. La influencia es directa: conocimiento formativo europeo aplicado al fútbol mexicano.

De acuerdo con información consultada por este medio, Paloma ya trabaja en la observación de jóvenes que integrarán el primer ciclo de Márquez rumbo al 2030. Su labor no será únicamente analítica; también está diseñando filtros de evaluación para detectar perfiles técnicos y tácticos que encajen con la idea del próximo seleccionador. Se anticipa una transición relevante: varios futbolistas que hoy no entran en los planes de Javier Aguirre tendrían espacio en la nueva etapa, mientras otros que han sido constantes perderán protagonismo para abrir paso al recambio generacional.

Esa línea ya tuvo un primer ensayo durante la Copa del Mundo Sub-20 en Chile, donde México alcanzó los Cuartos de Final antes de caer contra Argentina. Márquez estuvo pendiente del proceso juvenil, confirmando que la plataforma de fuerzas básicas será determinante en la reconstrucción. El discurso de continuidad se distancia del tradicional borrón y cuenta nueva que históricamente ha marcado a la selección nacional tras cada fracaso o cambio de técnico.

El viraje hacia una estructura inspirada en el Barcelona no significa copiar modelos, pero sí modernizar metodologías. Márquez lo vivió durante su estancia como jugador en la etapa dorada del club catalán y lo retomó al dirigir en el Barça Athletic. Ahora lo intenta trasladar a México: posesión con intención, lectura táctica desde la base, futbolistas capaces de cambiar de sistema sin perder identidad y un enfoque formativo que priorice la comprensión del juego por encima de la inercia física.

Ese es el punto de inflexión que se abre para el Tricolor. Por primera vez en mucho tiempo, el proyecto no se construye después del Mundial, sino antes. Con un técnico elegido con anticipación, un cuerpo técnico estructurado y una línea metodológica reconocible, la federación apuesta por dejar de improvisar. La Selección Mexicana, con acentos blaugranas, se prepara para una transición que apunta a 2030. El reto será que la identidad importada se vuelva propia y que el escudo nacional sume, y no solo imite, lo aprendido en Barcelona.

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