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·7 Juni 2026
Le aconsejaron que escapara de la sombra de Lamine Yamal y ahora se arrepiente: el duro despertar de Dro en París

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·7 Juni 2026

Hace apenas unos meses le convencieron de que su futuro estaba lejos del FC Barcelona. Le aseguraron que crecer junto a Lamine Yamal era una misión imposible, que nunca recibiría el reconocimiento que merecía y que en el PSG tendría las oportunidades que el Camp Nou no podía ofrecerle. Hoy la realidad es muy diferente. Mientras Lamine se prepara para liderar a España en el Mundial con solo 18 años y ya es considerado el futbolista más valioso del planeta, Dro, con su misma edad, vive una situación que empieza a recordar a otros talentos que abandonaron demasiado pronto La Masia.

Dro no encontrará en el PSG el cariño que tuvo en el Barça
La historia no es nueva en el fútbol. Cada generación produce jóvenes convencidos de que el éxito llegará más rápido en otro lugar, porque no se ven capaces de luchar con la competencia. Y muchas veces la realidad termina siendo mucho más dura de lo esperado.
A Dro le prometieron más protagonismo que en el Barça y encontró una realidad muy distinta.
Dro tomó una decisión valiente.También arriesgada. Abandonó el club que mejor ha tratado históricamente a los jóvenes talentos para buscar un camino alternativo en París.
La promesa era atractiva: Más protagonismo, más oportunidades y menos competencia mediática.
Especialmente lejos de un fenómeno como Lamine Yamal, que acapara titulares desde que irrumpió en el primer equipo azulgrana. Le dijeron que se alejara de su sombra porque siempre le taparía.
Pero el PSG no funciona como el Barça. En el club francés los jóvenes necesitan recorrer un camino mucho más largo para alcanzar protagonismo. Y la competencia es feroz.
El Barça sigue siendo único para los futbolistas de 15, 16 y 17 años. En los últimos años han debutado en el primer equipo muchas futbolistas de estas edades. Y la experiencia demuestra que ningún club europeo apuesta por los jóvenes como lo hace el Barcelona.
15 años tenía Lamine Yamal cuando debutó ante el Betis en un partido de LaLiga en el Camp Nou. Cubarsí también rompió todos los plazos previstos. Y lo mismo sucedió con otros talentos surgidos de La Masia durante los últimos años. Unos pasaron de largo, otros se quedaron. Pero a todos les llegó su oportunidad.
En el Barça no importa la edad, importa el talento. Por eso muchos dentro del fútbol consideran que salir de ese ecosistema tan pronto puede convertirse en un error difícil de corregir.
La comparación resulta inevitable. A los 16 años, Lamine ya era campeón de Europa con España y brillaba en el firmamento internacional.
A los 18 se presenta como una de las grandes estrellas del Mundial que está a punto de comenzar. Su valor de mercado lidera el fútbol mundial y su influencia en el Barça crece cada semana.
Además, su nombre aparece en todas las quinielas para dominar el fútbol de la próxima década. Dro tiene la misma edad y no es más que un ilustre inquilino del banquillo del PSG. Ni rastro de él en la final de la Champions League. Y se fue del Barça justificándose: "El PSG es un club que da oportunidades a los jóvenes".
Ahora le toca ver el Mundial en casa y por la tele. Él no forma parte de las estrellas de España. Y teniendo la misma edad que Lamine, ya ha perdido definitivamente la carrera por el estrellato. El tiempo, en el fútbol moderno, corre demasiado rápido.

Xavi Simons también cambió el Barça por el PSG y así le fue
La situación recuerda inevitablemente a otro talento extraordinario formado en La Masia. Xavi Simons también decidió abandonar Barcelona siendo muy joven (16 años) para fichar por el PSG.
La operación parecía perfecta. Sin embargo, nunca consiguió asentarse en París. Llegaron las cesiones, las dudas y finalmente un traspaso definitivo.
Aquel jugador llamado a dominar el fútbol europeo terminó convirtiéndose en un buen profesional, pero lejos de las expectativas que generó en sus años de formación en La Masia. Y muchos observadores ven paralelismos evidentes con el caso de Dro.
Y mientras Lamine Yamal sigue batiendo récords y derribando barreras, el joven talento que decidió escapar de su sombra empieza a descubrir que quizá el problema nunca fue compartir vestuario con él.
Quizá el verdadero error fue abandonar demasiado pronto el lugar donde mejor sabía crecer.







































