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·25 Januari 2026

Mbappé mantiene la racha

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Kylian Mbappé ha empezado 2026 como un cohete. Superado ya el esguince en su rodilla izquierda que dejó en vilo a todo el madridismo durante noche vieja, el francés ha vuelto a su mejor versión: cinco goles en los tres últimos encuentros. Frente al Levante abrió la lata desde el punto de penalti, golpeó en dos ocasiones contra el Mónaco, y ante el Villarreal, volvió a erigirse en verdugo. Primero, cazando un rechace perdido por Pape Gueye; después, sellando el triunfo con otro lanzamiento desde los once metros. Por ahora, el francés es el líder indiscutible en la tabla del Pichichi: 21 zarpazos en 20 partidos. Muriqi, segundo clasificado, está a siete realizaciones del parisino. Para la Bota de Oro, Kylian también está metido en el runrún: su doblete ante los groguets le pone a igualdad de puntos con Harry Kane (42 cada uno).

En total, Kylian Mbappé acumula ya 34 tantos en 28 partidos esta temporada. Una auténtica barbaridad. Aunque no lo diga, el de Bondy tiene entre ceja y ceja alcanzar los 100 goles con la elástica merengue, y quiere hacerlo cuanto antes. En apenas 86 encuentros, ya ha firmado 76 tantos. Si mantiene este ritmo, el centenar podría llegar incluso antes de que acabe el curso. Y conociéndole, no descansará hasta lograrlo. Forzó para igualar a Cristiano Ronaldo… así que, rumbo a los 100.


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Mbappé hundió al submarino amarillo

El partido parecía pedir un golpe de genio, una arrancada que quebrara el corsé de un Villarreal férreo, vertical, con las líneas cosidas a presión. Hasta que apareció Mbappé a la vuelta de los vestuarios. Después de la charla de Arbeloa tras ver a sus pupilos sufrir en los primeros 45 minutos. Pero en el 47′, en ese breve instante, el tiempo pareció reducirse a una pulsación –el rebote imperfecto de Pape Gueye, la mirada del francés, el disparo seco y letal–, y el silencio previo se transformó en un estallido irreprimible. Fue un gol de instinto, nacido del hambre y el olfato. Un gol de killer. Un depredador que no espera a que el balón le encuentre, sino que lo caza al vuelo, como si todo el partido hubiera existido solo para ese momento.

Su segundo tanto, ya en el descuento, tuvo otro lenguaje: el del dominio y la calma. Tras una nueva incursión que Vinicius había estirado con su un cambio de banda imprevisible, Kylian tomó la pelota con un aire de superioridad casi elegante. Se entrometió en el área y Pedraza sólo pudo derrumbarle. Hará pesadillas con el francés. Soto Grado, no dudó: pena máxima. El penalti lo transformó ‘a lo panenka’, con una suficiencia que no roza la arrogancia, sino la certeza. Dos gestos distintos, llenos de instinto y frialdad, que dibujan el retrato completo del líder ofensivo del Real Madrid.

Mbappé es el líder

Un líder en lo deportivo, pero también en lo anímico. Después de aniquilar a Luiz Júnior con su ‘panenka’, Kylian Mbappé dedicó su tanto a Brahim Díaz. Una semana antes, el ’21’ del Real Madrid fallaba ese gesto en la final de Copa África con Marruecos. Erró antes de la prórroga y los ‘Leones del Atlas’ finalmente perdieron dicho partido contra Senegal. Algo que hundió al malagueño: «Me duele el alma». Sin embargo, en La Cerámica, Mbappé quiso mostrarle el camino. «Por ti», le deslizó Kylian a Brahim, con un sutil beso. Algo bien recibido por Arbeloa: «Es lo primero en un equipo: saber que estamos juntos. Se consigue a través de la unidad cuando se consiguen los objetivos. Hemos visto una piña el miércoles con el gol de Vinicius y hoy con Brahim. Es un grupo muy sano. Hay que darle los méritos a todos los jugadores». El vestuario está más unido que nunca.

Ojo a su sociedad con Vinicius

Sin embargo, nada de lo que hace Mbappé parece desvinculado del caos ordenado que genera Vinicius a su lado. El brasileño juega con el vértigo; el francés, con la precisión. Vini abre puertas que no existen, las tornea con su cintura y sus fintas imposibles, y de pronto surge Mbappé, exacto, en el segundo justo, para convertir el desequilibrio en ventaja. Entre ambos hay una corriente invisible, una electricidad compartida que el rival no alcanza a descifrar. Uno provoca, el otro sentencia. En ese punto medio entre la locura y la geometría, el Real Madrid ha encontrado una alianza que destila peligro y belleza a partes iguales.

Ante el Villarreal, ambos volvieron a dejarlo claro. Si ante el Mónaco Vinicius ya había servido el 2-0 de Kylian, en La Cerámica repitieron la fórmula. El carioca, eléctrico, tejió la jugada que forzó el error de Pape Gueye y, con otro centro envenenado, dejó a Pedraza vendido ante la llegada fulminante del francés. Vinicius puso la chispa; Mbappé, el golpe definitivo. Una sociedad tan fundamental como necesaria: ambos se entienden y se complementan. «Hoy por ti, mañana por mí». Este es el leitmotiv

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