Orgullo Rojo
·22 Februari 2026
Patear la pelota y también la deuda

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En Independiente, cada refuerzo ya no es solo una noticia deportiva. Es, también, una pregunta. Y la llegada de Maximiliano Gutiérrez no fue la excepción.
El club anunció la incorporación del extremo chileno de 21 años, proveniente de Huachipato. La fórmula parece conocida: préstamo por un año, sin cargo inicial, pero con una obligación de compra del 50% del pase por 2 millones de dólares en enero de 2027, con contrato hasta 2029. En lo deportivo, una apuesta joven para el equipo de Gustavo Quinteros. En lo financiero, otro compromiso a futuro para una economía que viene al límite.
El contexto lo cambia todo. Días antes del anuncio, Independiente estaba inhibido por FIFA por una deuda de 1,5 millones de dólares con Fernando Gaibor. La dirigencia logró levantar la sanción a último momento y así pudo oficializar la operación. Pero la pregunta quedó flotando: ¿cómo un club que no puede pagar el pasado asume nuevas obligaciones millonarias hacia el futuro? No es solo una incorporación. Es un síntoma.
Gutiérrez es veloz, profundo por banda, con buen centro. Un proyecto. Una apuesta. El problema es que Independiente ya no está en condiciones de apostar sin medir el riesgo. Porque si el jugador no rinde o no se vende por una cifra mayor, esa obligación se convertirá en otra deuda más en una cadena que el club arrastra desde hace años. Las reacciones de los hinchas reflejan ese estado de ánimo quebrado. Hay ilusión por el talento joven, pero también cansancio. Desconfianza. Sarcasmo. Algunos celebran la renovación del plantel. Otros hablan de otra "hipoteca silenciosa".
La presentación tampoco ayudó a calmar el clima. La foto del jugador en Mendoza, lejos de Avellaneda y del Estadio Libertadores de América - Ricardo Enrique Bochini, generó más preguntas que respuestas. En un club donde todo se observa con lupa, cada detalle suma ruido.
Además, la llegada se dio en medio del debate por el cupo de extranjeros y de un mercado condicionado por la fragilidad económica. El propio Quinteros había sido claro: Independiente no está en condiciones de salir a comprar libremente. Por eso aparecen estas ingenierías contractuales que alivian el presente, pero cargan el mañana. Y ahí está el fondo del problema.
Independiente sigue funcionando en modo emergencia. Refinancia, posterga, negocia, patea hacia adelante. Cada mercado es un equilibrio precario entre la necesidad deportiva y la supervivencia financiera. Mientras tanto, la deuda total del club sigue siendo una sombra pesada sobre cualquier decisión. La llegada de Gutiérrez, entonces, no es ni buena ni mala por sí sola. Es una apuesta lógica para un equipo que necesita juventud y energía. Pero también es un recordatorio incómodo: el Rey de Copas sigue viviendo al día.
Independiente busca reconstruirse desde el talento joven, pero sin una reestructuración económica profunda, cada refuerzo corre el riesgo de ser solo un parche más.
Porque en Avellaneda el problema ya no es quién llega. El problema es si el club va a poder sostenerlo.









































