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·13 Mei 2026

Real Oviedo, serás ave de paso

Gambar artikel:Real Oviedo, serás ave de paso

Había una vez una historia, en clave Real Oviedo, que jamás debió escribirse así. Mucho menos, con un final tan precipitado. Porque los verdaderos protagonistas de esta narrativa —los que nunca abandonaron, los que resistieron cuando todo parecía perdido— no merecían un desenlace tan cruel. Resulta imposible no ponerse en la piel de aquellos oviedistas que, hace apenas un año, lloraban de felicidad viendo regresar a los suyos al lugar del que jamás sintieron que debían salir.

Después de años de travesía por el desierto, de tardes interminables en el barro del fútbol modesto, la afición azul volvía a sentir el vértigo de la élite. Muchos habían crecido escuchando historias sobre las grandes noches del Tartiere, sobre aquel Real Oviedo que competía entre los mejores del país. Otros, directamente, nunca lo habían vivido. Hasta entonces. Porque, por fin, su equipo regresaba a Primera División.


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Y de repente, el Real Oviedo volvió a sentirse eterno

Quedaban atrás demasiadas heridas. Los años de sufrimiento. Las humillaciones deportivas. Las visitas a campos alejados del escaparate profesional. Incluso el dolor de verse superado por el filial del eterno rival asturiano. También las burlas, la condescendencia y el eco de quienes daban al club por condenado a vivir lejos del foco del fútbol español.

Pero el oviedismo nunca se fue.

Aquella afición siguió ahí cuando más difícil era sostener la fe. Recorrió cientos de kilómetros por campos del norte de España, empujó al equipo en los peores momentos y convirtió cada caída en un motivo más para regresar. Siempre estuvo. Y precisamente por eso, cuando llegó el momento de tocar el cielo, la explosión emocional fue imposible de contener.

Tuvo que aparecer el hijo pródigo. Santi Cazorla regresó para cerrar el círculo, para darle sentido a una historia que parecía escrita por el destino. Con él sobre el césped, el ascenso dejó de ser un sueño lejano para convertirse en una realidad inolvidable. El Real Oviedo volvía a Primera División. Aunque, en el fondo, jamás dejó de sentirse un club de Primera.

Todo lo que podía torcerse, terminó rompiéndose

La ciudad de Oviedo volvió a ilusionarse. El ascenso frente al CD Mirandés en aquel playoff de junio de 2025 abrió la puerta a un verano de esperanza. El Tartiere soñaba con reencontrarse cada fin de semana con el fútbol de élite, con volver a mirar de frente a los gigantes del campeonato.

Y durante unas semanas, todo pareció posible.

La visita del Real Madrid a tierras asturianas, la victoria frente a la Real Sociedad en la tercera jornada… Había motivos para creer. El Real Oviedo parecía preparado para competir, para quedarse, para demostrar que su regreso no era una simple anécdota.

Pero entonces comenzó el derrumbe.

La destitución de Veljko Paunović, incomprensible para gran parte de la afición. El regreso de Luis Carrión, recibido entre un ambiente hostil. Y, posteriormente, la llegada de Almada, profundamente cuestionado incluso en un Real Valladolid CF en Segunda División.

La ilusión se transformó lentamente en angustia. El entusiasmo dio paso al desencanto. Y el sueño que había unido a toda una ciudad acabó convirtiéndose en la crónica de una caída anunciada. Aquella alegría desbordada del ascenso del Real Oviedo en 2025 terminó chocando de frente contra la tristeza del descenso consumado en mayo de 2026.

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Hoy, la relación entre la propiedad y una parte importante de la masa social atraviesa uno de sus momentos más delicados. La herida sigue abierta. Y en Oviedo cuesta encontrar respuestas entre tanto silencio, decepción y frustración.

Pero hay clubes que nunca terminan de caer

Y, aun así, algo invita a pensar que esta historia todavía no ha escrito su último capítulo.

Porque el Real Oviedo conoce demasiado bien la dureza del camino como para rendirse ahora. Porque detrás de ese escudo hay demasiados años de fidelidad, de sufrimiento y de amor incondicional como para aceptar que todo desaparezca tan rápido. Hay cicatrices que no entienden de categorías. Y hay clubes que, incluso derrotados, siguen conservando intacta su grandeza.

La Segunda División volverá a abrazar al oviedismo. Volverán los viajes, las tardes de incertidumbre y las noches de resistencia. Pero también volverá esa sensación tan propia del Tartiere de empujar contra todo y contra todos.

Y quizá sea precisamente ahí, en ese escenario tantas veces hostil, donde el Real Oviedo vuelva a reencontrarse consigo mismo. Porque hay ascensos que se celebran. Y otros que, simplemente, se sienten inevitables.

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