Stéphane Guivarc’h, el francés que gana la Copa del Mundo del 98 sin marcar un solo gol | OneFootball

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·26 Juni 2026

Stéphane Guivarc’h, el francés que gana la Copa del Mundo del 98 sin marcar un solo gol

Gambar artikel:Stéphane Guivarc’h, el francés que gana la Copa del Mundo del 98 sin marcar un solo gol

Stéphane Guivarc’h nació en 1970 en Concarneau, en el extremo de Bretaña, donde el mar deja poco espacio para las ilusiones. Creció en esa Francia alejada de los focos del fútbol, la de los campos azotados por el viento y los clubes sin reflectores. Sus primeros años como profesional transcurrieron en el Stade Brestois, un club en caída libre que perdió su estatus profesional en 1991. El joven delantero tuvo que empezar de cero.

Entonces fichó por el En Avant Guingamp, en la Segunda División. Una temporada de adaptación y luego la explosión: 14 goles, después 25 y luego 23. En total, 68 goles en 110 partidos de liga en tres temporadas. Un ritmo de auténtico depredador y una regularidad que pocos delanteros franceses mostraban en aquella época. Guy Roux, el legendario entrenador del Auxerre, lo descubrió y lo fichó para la temporada 1995-96. El resultado fue un título de campeón de Francia y una Copa de Francia. Sin embargo, Guivarc’h, frenado por una lesión, tuvo un papel secundario. Y no estaba dispuesto a conformarse con ello.


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Cedido al Stade Rennais, jugó junto a Sylvain Wiltord y explotó definitivamente: 22 goles en 36 partidos, convirtiéndose en el máximo goleador de la Primera División francesa. El Inter de Milán se interesó por él, pero el Rennes bloqueó el traspaso. Una gran frustración. De vuelta al Auxerre, Guy Roux, siempre pragmático, volvió a confiarle el puesto de delantero titular. La respuesta fue inmediata: 21 goles en 32 partidos y un nuevo título de máximo goleador. Además, anotó siete tantos en la Copa de la UEFA, incluidos dos dobletes decisivos frente a la Lazio cuando más se necesitaban. Otro reconocimiento como máximo goleador, esta vez en competición europea.

Llegó el verano de 1998. Aimé Jacquet lo eligió como delantero centro titular de la selección francesa para el Mundial que se disputaba en casa. El número 9. El escaparate más grande del fútbol mundial. Y Guivarc’h no marcó ni un solo gol en los siete partidos del torneo. La prensa fue dura, incluso cruel. Pero Jacquet nunca dejó de confiar en él, y tuvo razón. Guivarc’h actuó como referencia ofensiva, presionó a los defensas, liberó a Zidane y abrió espacios para sus compañeros. Años después, su papel sería comparado con el que desempeñó Olivier Giroud en el Mundial de 2018. El 12 de julio de 1998 estuvo sobre el césped del Stade de France desde el pitido inicial de la final contra Brasil. Francia 3, Brasil 0. Campeón del mundo.

Unas semanas más tarde, Kenny Dalglish lo fichó para el Newcastle United. Jugó cuatro partidos, marcó un gol contra el Liverpool en su debut y, poco después, Ruud Gullit lo vendió al Glasgow Rangers por 3,5 millones de libras en noviembre de 1998. En Escocia encontró a Dick Advocaat y conquistó el triplete. Marcó en la final de la Copa de la Liga contra el St. Johnstone, un gol que sentenció el 2-1. No era un jugador mediocre; simplemente, Inglaterra no supo tener paciencia con él.

Terminó su carrera allí donde todo había comenzado: en el Guingamp, donde marcó un total de 69 goles en sus dos etapas con el club, una cifra que sigue siendo récord de la entidad. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1998. Está casado y es padre de tres hijos. Hoy vende piscinas en Concarneau.

Hay destinos que el fútbol reduce a una ausencia. El de Guivarc’h, en cambio, es el de un hombre que ganó todo lo que un futbolista puede ganar: títulos nacionales, éxitos europeos y una Copa del Mundo. Su historia merece mucho más que un chiste fácil.

Ser el eje de un equipo campeón sin ser el héroe más visible es una forma de grandeza que solo los verdaderamente grandes son capaces de comprender.

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