The Independent
·3 Juli 2026
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·3 Juli 2026
Inglaterra ya ha superado varios desafíos en esta Copa del Mundo, pero Thomas Tuchel sabe que el siguiente será de una magnitud muy distinta: enfrentar a México en el emblemático Estadio Azteca por un lugar en los cuartos de final.
Los anfitriones llegan impulsados por el fervor de su afición tras tres semanas de euforia. Ese impulso quedó reflejado en su victoria sobre Ecuador en la ronda anterior, cuando, después de una interrupción por mal tiempo, Julián Quiñones y Raúl Jiménez marcaron los goles que sellaron la clasificación y dejaron sin respuesta al conjunto sudamericano.
Sin embargo, el mayor reto para Inglaterra el domingo por la noche podría no ser su rival, sino el escenario. Ubicado a 2.240 metros sobre el nivel del mar, el Estadio Azteca de Ciudad de México representa un desafío físico adicional: la menor disponibilidad de oxígeno obliga a los futbolistas a realizar un mayor esfuerzo para mantener el ritmo, lo que puede afectar su resistencia y rendimiento a lo largo del partido.

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El Estadio Azteca, en Ciudad de México, se encuentra a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar (PA Wire)
Con el aire más enrarecido y una menor disponibilidad de oxígeno, el organismo recibe menos oxígeno con cada respiración. Como consecuencia, los esfuerzos de alta intensidad —como los piques para recuperar la pelota o los cambios bruscos de ritmo— resultan mucho más exigentes y el cansancio aparece antes.
“Nos esperan muchos desafíos”, dijo el seleccionador inglés, Thomas Tuchel, tras la victoria por 2-1 sobre la República Democrática del Congo. “La altitud será una gran desventaja porque es imposible adaptarse a ella en apenas cuatro días”.
“Estamos preparados para afrontarlo. Tenemos la estructura adecuada y creemos de verdad que estaremos listos. Cuando el partido se ponga cuesta arriba, responderemos. México tiene una ventaja muy importante por jugar en estas condiciones. No hay tiempo suficiente para adaptarse, y eso ya lo sabíamos. Es una desventaja con la que tendremos que convivir”.
Desde el punto de vista fisiológico, la explicación es sencilla: a mayor altitud disminuye la presión parcial del oxígeno, por lo que cada respiración aporta menos oxígeno al organismo.
Brendan Scott, investigador de la Universidad de Murdoch, explica que, ante esa menor disponibilidad de oxígeno, los jugadores ingleses tendrán que respirar con mayor intensidad para intentar compensarla. Sin embargo, al llegar menos oxígeno a los músculos, su capacidad para sostener esfuerzos prolongados e intensos se verá inevitablemente afectada.
No es casualidad que México haya convertido al Estadio Azteca en una auténtica fortaleza. Frente a rivales poco acostumbrados a jugar en la altitud de Ciudad de México, la selección registra un impresionante balance de 70 victorias, 17 empates y apenas dos derrotas en 89 partidos disputados en ese estadio. A ello se suma otro dato elocuente: permanece invicta allí en partidos de la Copa del Mundo.
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Inglaterra no juega en el Estadio Azteca desde el Mundial de 1986, marcado por el inolvidable doblete de Diego Maradona (Getty)
En el Mundial de 1986, Sir Bobby Robson llevó a Inglaterra a México un año antes del torneo para que los jugadores se familiarizaran con las condiciones de altitud. En esta ocasión, ni Thomas Tuchel ni la Federación Inglesa planificaron una preparación similar, aunque tampoco conocieron el sorteo ni el posible camino hacia este partido hasta diciembre.
La selección inglesa tiene previsto viajar a Ciudad de México el viernes por la tarde, después de completar su última sesión de entrenamiento en su base de Kansas City. Eso significa que llegará poco más de 48 horas antes del inicio del encuentro.
La estrategia responde a una recomendación habitual cuando no hay tiempo suficiente para una aclimatación adecuada. Dado que el organismo necesita entre dos y tres semanas para adaptarse a la altitud, algunos equipos optan por llegar lo más tarde posible, antes de que los efectos de la menor disponibilidad de oxígeno comiencen a afectar con mayor intensidad el rendimiento.
Sin embargo, esta estrategia no cuenta con el respaldo de todos los especialistas. Steve Magness, reconocido entrenador de rendimiento deportivo, sostiene que arribar apenas dos días antes del partido es "uno de los peores momentos para competir", ya que coincide con "el punto más bajo del rendimiento, cuando la aclimatación aún es insuficiente".
Como ocurre con muchos aspectos de la preparación física, no existe una fórmula infalible. Aun así, Inglaterra puede recurrir a la experiencia de otros equipos y disciplinas deportivas que han afrontado desafíos similares para extraer lecciones útiles.
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La menor cantidad de oxígeno en la altitud hace que los esfuerzos de recuperación sean mucho más exigentes para los futbolistas (Reuters)
La selección inglesa de rugby vivió una experiencia similar hace ocho años durante una gira por Sudáfrica. En aquella ocasión, el entonces seleccionador Eddie Jones decidió que el equipo llegara a Johannesburgo —situada a 1.753 metros sobre el nivel del mar— poco antes del partido, tras completar gran parte de su preparación en Durban, una ciudad ubicada prácticamente al nivel del mar.
En circunstancias normales, muchos equipos que compiten en altura prefieren llegar menos de 24 horas antes del inicio del encuentro para reducir los efectos de la altitud. Sin embargo, durante una Copa del Mundo, esa estrategia no es viable debido a los protocolos y exigencias logísticas de la FIFA.
La experiencia del rugby también ofrece una advertencia para Inglaterra sobre cómo administrar el esfuerzo físico. Aquel día, el XV de la Rosa llegó a estar 24-3 arriba en el marcador tras apenas 20 minutos de juego, pero terminó perdiendo 42-39 después de que el desgaste físico pasara factura.
"Después de los primeros 20 minutos fue muy duro", recordó el hooker Jamie George, quien reconoció que la altitud desempeñó un papel importante. "Se notó muchísimo a partir de los 20 o 30 minutos; sin duda nos afectó bastante".
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La selección de rugby de Inglaterra desperdició una ventaja de 21 puntos jugando en la altitud ante Sudáfrica (Getty)
Los atletas de resistencia están más familiarizados con los efectos de la altitud, y Callum Elson, corredor británico del Team Makou y exintegrante de las divisiones juveniles del Leeds United, advierte sobre el desafío que enfrentarán los futbolistas en el Estadio Azteca si administran mal sus esfuerzos.
"No lo notas solo por vivir allí o caminar por la ciudad; en ese sentido todo parece normal", explicó Elson a The Independent, al recordar sus concentraciones de entrenamiento en altitud, entre ellas varias realizadas en Flagstaff, Arizona, situada a unos 2.130 metros sobre el nivel del mar.
"Solo cuando te enfrentas a una subida pronunciada o a un tramo de escaleras te das cuenta de que el cuerpo tiene que trabajar mucho más. Te toma por sorpresa. Lo más complicado no siempre es el esfuerzo en sí; incluso puede sentirse más fácil al principio, porque a mayor altitud hay menos resistencia del aire.
"El verdadero problema llega durante la recuperación, cuando intentas recuperar el aliento y hacer que la frecuencia cardíaca vuelva a la normalidad. Una vez que se acelera, tarda mucho más en bajar".
Según Elson, una de las mejores formas de comprender el impacto de la altitud en el deporte de alto rendimiento es observar cómo altera los tiempos de recuperación entre esfuerzos intensos.

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Callum Elson es un corredor de resistencia que ha entrenado en condiciones de altitud (PA)
Hace 72 años, Roger Bannister se convirtió en el primer hombre en correr la milla en menos de cuatro minutos. Hoy esa hazaña ya no es excepcional —solo en 2025 la lograron 28 británicos—, pero sigue siendo muy difícil cuando se compite en altitud. Un ejemplo reciente es el del británico Reece Sharman-Newell, quien el año pasado rompió esa barrera en Colorado, a unos 1.627 metros sobre el nivel del mar, un rendimiento que pone de manifiesto la pérdida estimada de entre ocho y doce segundos que suele provocar la altitud, dependiendo de la elevación.
En un deporte de equipo como el fútbol, donde correr es solo uno de los múltiples componentes del rendimiento, los efectos de la altura pueden ser incluso más difíciles de gestionar.
Aunque Inglaterra afronta una misión complicada frente a México y sabe que no puede permitirse subestimar a su rival, el verdadero desafío podría extenderse más allá de este partido. La dificultad para recuperarse físicamente podría pasar factura en caso de avanzar de ronda.
"Como atleta, mi mayor preocupación no serían los 90 minutos, sino lo que ocurre después si consiguen clasificarse", explica Elson.
Si Inglaterra avanza a los cuartos de final, volvería a jugar el próximo sábado frente a Brasil o Noruega en el calor de Miami.
"¿En qué condiciones llegarán después de ese esfuerzo? Aunque utilicen todos los cambios, si tienen que exigirse tanto como lo hicieron contra la República Democrática del Congo, donde casi todos terminaron al límite de sus fuerzas, la recuperación será un factor decisivo", concluyó.
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Harry Kane y Jude Bellingham afrontarán el desafío de jugar en el Estadio Azteca el domingo (AP)
“Incluso durante el partido, con la adrenalina y todo lo demás, los jugadores consiguen sobreponerse. Lo que me preocupa es lo que viene después y cómo logran recuperarse. Ahí es donde creo que estará el mayor desafío”.
“En el fondo, Inglaterra afronta dos partidos en uno. Primero debe encontrar la forma de vencer a México. Pero, si lo consigue después de llevar al límite a casi todos sus jugadores, la siguiente pregunta será cómo recuperarlos a tiempo para volver a competir unos días más tarde”.
“Por eso algunos podrían preguntarse si habría sido mejor apostar por un equipo menos dependiente del despliegue físico y con mayor capacidad para conservar el balón. Si a los 25 minutos todos están exhaustos, ¿no sería preferible tener un equipo capaz de bajar el ritmo del partido?”
“No solo tendrán a todo el estadio en contra; también deberán lidiar con la humedad y la altitud. En un momento así, poder mantener la posesión durante cinco minutos puede marcar una enorme diferencia”.
Aun así, Inglaterra cuenta con un pequeño motivo para el optimismo. Muchos de los futbolistas mexicanos, como Raúl Jiménez, que juega en el Fulham de Inglaterra, o Julián Quiñones, actualmente en Arabia Saudita, tampoco viven de forma habitual en ciudades de gran altitud.
La diferencia, sin embargo, es que México disputó todos sus partidos del torneo, salvo uno, en el Estadio Azteca y, además, realizó su preparación previa al Mundial en su propio país. El domingo, cuando el balón empiece a rodar, se comprobará hasta qué punto esa ventaja en la aclimatación termina siendo decisiva.







































