Todofutbol.cl
·15 April 2026
Un arbitraje muy polémico impidió la remontada del Barça: a semis el Atlético

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Los azulgrana, en una espectacular primera parte, en 24 minutos lo daban vuelta con goles de Lamine y Ferran. Vino después el descuento de Lookman y los del Cholo simeone aguantaron con todo y clasificaron gracias al 2-0 en la IDA
El ruido fue ensordecedor. Pitó el colegiado y el Metropolitano cantó de alegría, los atléticos cayeron al suelo como sacos, exhaustos y felices, los azulgrana como Araujo o Rashford se arrodillaron. Lamine Yamal respiró y fue a felicitar a cada uno de sus compañeros. Se recorrió medio campo y los llevó a agradecer a los aficionados los ánimos. Y desfiló al vestuario. No hubo dramas, sino entereza, después de una espectacular primera mitad y de tener la prórroga a tocar, castigado de nuevo el Barcelona por las intervenciones del VAR y por ese Atlético de Madrid que es capaz de sobrevivir en el desierto sin pan ni agua durante 40 días.
Y es que hay mares que caben en un vaso y vidas que se condensan en 45 minutos. Porque lo que sucedió en la primera parte del Barça-Atlético forma parte de aquellos momentos que resumen lo que es el fútbol, esa mezcla entre táctica y emoción que deja boquiabierto a cualquier hincha y con el corazón en la mano a aquellos que se juegan la eliminatoria. Flick, a lo estagirita, estudió al dedillo ese sistema del Cholo que tanto daño le había hecho en el Camp Nou (0-2) y en la ida de Copa (4-0). E ideó un ataque trampa, con Ferran, Olmo y Fermín jugando en apenas quince metros, asociándose y tejiendo paredes, y Lamine con su periscopio en marcha para repartir asistencias a lo Magic Johnson enganchado a la derecha. El Barça masticó el chicle hasta encontrar el lugar por donde se iba a romper, que era por el agujero negro que formaron Le Normand y Lenglet.
Al minuto de juego, Lamine ya había sentado a tres rivales y probó a Musso. Saltó como un resorte para animar los 2.800 hinchas culés que lo veían desde la tribuna superior. Era una señal. El Barça tenía un plan y estaba enchufado.
Tres minutos después, el mosaico espectacular de los aficionados atléticos se empezó a desteñir. Nadie supo que le pasó por la cabeza a Lenglet, que se confió al jugar el balón con el portero sin mirar que por la espalda llegaba Lamine. No perdonó el de Mataró, que recogió el balón de la red. El banquillo del Barça inundó el campo.
A lomos de un Gavi omnipresente y aumentando la temperatura del partido, el Barça maniató al Atlético. No encontraron salida los de Simeone, solo aireados por las carreras de Lookman y los pies de Griezman, víctimas de nuevo por la estrategia azulgrana. Olmo conectó con Ferran, que realizó un desmarque en amplitud para evitar el fuera de juego, y definió como si se tratara de Mbappé o Haaland, con un golpeo de zurda a la escuadra derecha de Musso. En 24 minutos el Barça le había dado la vuelta. Y Simeone no sabía dónde meterse, animando por fuera, blasfemando (seguramente) por dentro. Fermín, un minuto después, aprovechó una asistencia cirujana de Lamine para rematar de cabeza a bocajarro. Musso evitó el 0-3 y le dio con los tacos en la cara. Ahí, en ese parón de cuatro minutos para atenderle por el impacto, el Atlético cogió aire. Toneladas.
Porque en la reanudación, dio un paso adelante y encontró el gol. Todo nació en los pies de Griezmann, al que la clase se la cae de los bolsillos. Activó en profundidad a Llorente, quien centró con veneno a Lookman, que llegaba en carrera y con fuerza y se aprovechó de la ternura de Koundé. El 1-2 reanimó a un Atlético muerto antes del descanso, aunque el Barça siguió el asedio y reclamó un penalti a Olmo por empujón de Llorente que sacó la vena cada vez más mediterránea de Flick, mimetizado en Simeone, protestón con los colegiados.
Lejos de cambiar el decorado, el Barça siguió erre que erre y el Atlético se encerró en su área. Por convicción o por que no le quedaba más remedio, jugó con fuego con un Lamine inspirado y un Ferran que tenía el cañón a punto como en el derbi. En un rechace que tocó en Gavi, envió el balón a la red con la derecha. El Barça lo celebró con la fuerza de las grandes remontadas europeas, pero las emociones duraron el minuto que tardó el VAR en señalar fuera de juego. Lo era.
Con necesidad de cambiar el guion ante un Atlético con piernas frescas (salieron Baena y Nico González), Flick regresó al origen con un extremo y un nuevo puro: Rashford y Lewansowski. El partido entró en la caldera del minuto 70 y, de nuevo, una acción arbitral desequilibró la balanza de forma definitiva.
El arbitraje siempre es mirado por daltónicos, depende de cada hincha una acción tendrá un color u otro. Y la expulsión de Eric García se cuela en este tipo. El jugador azulgrana derriba por detrás a Sörloth, de nuevo hombre clave del Atlético, cuando iba directo a la meta de Joan García. Pero Koundé, que acudía a la ayuda, estaba a una distancia cercana. Interpretar si llegaba o no dependería de la roja y la amarilla. Y el colegiado francés Clément Turpin entendió lo primero. Nadie la gana al Atlético en crear atmósferas de Coliseo romano, con Simeone, banquillo y jugadores de campo espoleando al público para presionar al colegiado. Estrategias que funcionan igual que otras.
Con diez, todo al Barça le fue cuesta arriba. El equipo perdió la estructura, los recambios no dieron su fruto, aunque Araujo tuvo el empate en un remate de cabeza en el que no atinó ya en el añadido.
En el manual de los últimos minutos, al Atlético no hay quien le supere. Juega con el tiempo como Cronos. Ahora es su momento, como el de Griezmann, que recibió un homenaje de todo el estadio al final, aplaudido hasta la saciedad. Es la imagen icónica del partido. El momento del Barça estuvo muy cerca de llegar con un equipo joven que mostró las uñas como pocas veces. Pero que esta vez se quedó en los cuartos de la Champions.

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