La Galerna
·8 maggio 2026
Autodestrucción y purga

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·8 maggio 2026

Nos conviene hablar de la autodestrucción del Real Madrid. Es una píldora muy difícil de tragar, pero tenemos que hacerlo. Por responsabilidad. Por la historia. Por el futuro. Nada mejorará si el club no reacciona. El incendio no se extinguirá mirando para otro lado. No solo viene del interior, el madridismo está militando en bandos guerracivilistas: las redes sociales escupen gasolina. El clima es irrespirable. Somos el Real Madrid, debemos ser el faro en medio del estercolero moral que es el fútbol español. Tenemos que blindar al club, compactarnos como un agujero negro del que no salga nada hacia el exterior hasta que tengamos algo que contar. No validar filtración alguna. Nos puede costar años de mediocridad no aplicar cirugía ahora. Encontrar y exhibir públicamente al (los) topo(s) es prioritario. Alguien ahí dentro está pagando con odio al club que le ha hecho millonario. No le perdonaremos.

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Lo de Valverde y Tchouameni ha sido la gota que ha desbordado el vaso. Lo que se dice desde fuera apunta a la tensión por el estrepitoso fracaso una segunda temporada, a señalamientos internos buscando filtradores. A la frustración por las derrotas y por cómo se han producido. A la certeza de que no sólo se tiene que ganar al rival cada partido, sino a un sistema corrupto y a su ejército prevaricador. A la rebeldía y la oposición frente a dos entrenadores que han intentado todo para liderar un equipo de hombres incompletos, inmaduros, irresponsables. Si Bernabéu levantara la cabeza…

Él no tardaría en encontrar la salida de esta increíble espiral de caos y negligencia en la gestión del vestuario, del club. Florentino sólo debe pensar qué habría hecho don Santiago y dejarse llevar. El único principio sólido sobre el que se puede reconstruir esta ruina es el club que soñó quien da nombre al estadio. La afición aguantará cuatro o cinco años sin rascar metal. Ya aguantó treinta y dos años sin Champions. Aguantó la sequía europea de la quinta del Buitre. Aguantó y aguanta las ganas de incendiar la RFEF y LaLiga, con toda la purrela dentro, desde que conocimos el caso Negreira. Aguantar aguantará. Sabemos soportar la envidia, el odio, la burla y la injusticia. Estamos preconfigurados de serie para la grandeza.
El club debe encontrar un líder para el proyecto. Me da lo mismo Klopp que Ancelotti, Mourinho o Arbeloa. Plenos poderes para configurar una plantilla, evaluación y examen uno a uno a todos los jugadores, a calzón quitado. Mirarles a los ojos y escudriñar qué tienen dentro. Algunos pasarán la prueba. El resto, al mercado. Sin mirar nombres ni status. Necesitamos madridismo, actitud y padres de familia en el vestuario, así nos quedemos con dos centrales lisiados y cuatro canteranos. Prohibido hablar de dinero. Como en cualquier empresa, si no hay resultados, no hay premio. Si Vini quiere renovar, ahí tiene el contrato sin un inmerecido aumento y ya se hablará cuando vuelvan los títulos. O lo tomas o lo dejas.

Uno de los debates va del jugador franquicia. Sólo puede quedar uno. Galácticos 2.0, segundo fracaso. Si tuviera que elegir entre Vinicius y Mbappé siempre elegiría a Vini. Es una debilidad muy personal. Por Tomás Guasch. Porque me gusta la rebeldía del brasileño, porque es un luchador, porque tiene sangre en las venas, una descomunal calidad y una voluntad de roca metamórfica. Pero si el club le puede imputar la rebelión que terminó con la salida de Alonso, venta. Ni renovación ni remordimientos.
Todo el mundo cree saber cómo resolver los problemas del club y la fórmula magistral. Es más, todo el mundo cree saber exactamente qué pasa dentro y quiénes son los buenos y los malos de la película, pero sólo unos pocos saben. Exijamos responsabilidad y profesionalidad con el bisturí. Este desmadre tiene que acabar. El madridismo no se merece esto. Podemos soportar años sin títulos, sin juego... incluso años de mierda. Pero esto es demasiado.

Después del espectáculo mediático de las últimas semanas, Mbappé no puede seguir en el club. Más allá de su estratosférica calidad futbolística y de su madridismo desde niño. Si pensamos en la institución, no hay referencias históricas a las que poder atribuir la división de la plantilla y de la afición como la que parece haber originado este futbolista, señalado por propios y ajenos. Esas fotos… esa risa de personaje de Stephen King en medio de la destrucción y el caos…
La prensa está acudiendo al festín de la cebra muerta en medio de la sabana. Buitres y hienas alimentándose con delectación de la carne descompuesta bajo el sol africano. Mientras, el supervillano de esta historia, el dueño del fútbol, aprovechará el momento de máxima debilidad para colocar su mejor golpe. No lo veremos llegar, pero lo tiene pagado. Espérenlo. Lo está calculando en este momento para infligir el mayor daño posible. Le sobran esbirros para llenar páginas, horas de radio y debates televisivos o retransmisiones editorializantes. Esperen a ver el aquelarre sicalíptico de Martínez el domingo por la noche cuando termine de desplomarse el gigante blanco en territorio enemigo.

Proliferan los relatos. Según uno de ellos, Carvajal, el capitán, es quien está filtrando toda la mierda para que los medios apoyen su candidatura al Mundial con la selección, señalando a Arbeloa por no darle minutos. El chico que colocó la primera piedra de Valdebebas, el que sale en la foto con Di Stéfano, un canterano, denigrando el final de su carrera veinte años después. ¿Lo compran? Si fuera cierto, el único español después de Gento con seis Champions, se habría autoexcluido de la presidencia de honor dentro de cuarenta años. Muy raro que un futbolista con la vida resuelta pueda ser tan imbécil en la hora de su retirada. Raro. No imposible. Sabremos.
Examen. Uno a uno. De quien venga a hacer la purga. Con plenos poderes. Y una cara que represente al club y que nos lo cuente. Valverde y Tchouameni fuera. Bajas y ventas. Las necesarias para contener la infección. Y que sea lo que Dios quiera.
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