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·17 giugno 2026
Conducidos por Kane y Bellingham, Inglaterra le ganó un partidazo a Croacia (Videos del 4-2)

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Semanas antes del inicio del Mundial 2026, una parte importante de la prensa inglesa instaló un debate que parecía impensado apenas un año atrás: la presencia de Jude Bellingham en la lista definitiva de Inglaterra no estaba garantizada. El centrocampista, cuya progresión parecía destinada a convertirlo en el rostro de una generación, atravesaba un período de rendimiento irregular que alimentó las dudas. Tal como ocurrió con Phil Foden o Cole Palmer, nombres de enorme talento que también vieron cuestionado su lugar, el mediocampista estuvo más cerca de la exclusión de lo que muchos imaginaban.
Sin embargo, Thomas Tuchel decidió apostar por él. Lo hizo por delante de Morgan Rogers, una de las revelaciones recientes del fútbol inglés, y recibió una respuesta contundente. Bellingham firmó una actuación total, de esas que trascienden las estadísticas y explican por qué sigue siendo considerado uno de los futbolistas más determinantes de su generación. Coronó su exhibición con el gol que terminó inclinando definitivamente el encuentro ante una Croacia tan competitiva como resistente. Era una noche esperada para él y terminó convirtiéndola en una reivindicación personal.
La presencia de Bellingham no fue la única novedad en el once inglés. Tuchel volvió a demostrar que no está dispuesto a dejarse condicionar por jerarquías establecidas. John Stones y Noni Madueke fueron titulares por delante de Marc Guéhi y Bukayo Saka, mientras que Anthony Gordon le ganó la pulseada a Marcus Rashford. Más que simples cambios de nombres, las decisiones reflejaban la búsqueda constante de un equipo más dinámico y adaptable a distintos contextos de partido.
Del otro lado, Zlatko Dalic también sorprendió desde la pizarra. Croacia apareció con una estructura de tres defensores que, en realidad, funcionaba de forma asimétrica y flexible, otorgando protagonismo al joven Luka Vuskovic. La ausencia de Mateo Kovacic obligó a reajustes en el centro del campo y fue Petar Sucic quien asumió la responsabilidad de acompañar a Luka Modric, mientras Mario Pasalic y Martin Baturina actuaban unos metros por delante. En ataque, Dalic apostó por Musa en detrimento de Budimir, una decisión que escondía una idea táctica clara.
La elección del delantero del FC Dallas respondía a su mayor capacidad para participar lejos del área y colaborar en la elaboración. Croacia no quería un partido de intercambios constantes ni de ida y vuelta. Su plan consistía en ceder la posesión, protegerse en un bloque medio y obligar a Inglaterra a construir ataques posicionales largos, un escenario en el que el conjunto de Tuchel todavía no parece sentirse plenamente cómodo.
Sin embargo, toda la planificación croata sufrió un golpe tempranero. Apenas transcurrían ocho minutos cuando un córner ejecutado por Declan Rice terminó provocando una situación inesperada. Modric, símbolo de la precisión y la inteligencia competitiva durante casi dos décadas, calculó mal una acción defensiva y terminó derribando a Madueke dentro del área. La intervención inicial de Dominik Livakovic ante el penalti ejecutado por Harry Kane parecía haber salvado a Croacia, pero el árbitro Clément Turpin ordenó repetir el lanzamiento por adelantamiento del guardameta. En el segundo intento, Kane no dejó escapar la oportunidad.
En el segundo intento, Kane no dejó escapar la oportunidad.
El gol tuvo múltiples lecturas. Por un lado, permitió al delantero del Bayern Múnich exorcizar parte de los fantasmas generados por el penalti fallado contra Francia en los cuartos de final de Qatar 2022. Por otro, lo convirtió en el primer futbolista en la historia de los Mundiales capaz de marcar cinco penales en la competición. Más allá del tanto, Kane volvió a desempeñar un papel fundamental en la estructura ofensiva inglesa. Sus constantes descensos para participar en la elaboración actuaron como una válvula de escape para la salida de balón. Admirador declarado de la NFL, ejerció muchas veces como un auténtico quarterback, distribuyendo juego y acelerando transiciones.
Con la ventaja en el marcador, Inglaterra modificó el guion inicial. Ya no tenía necesidad de asumir todos los riesgos y comenzó a invitar a Croacia a adelantar líneas. En ese contexto emergió la figura de Bellingham en toda su dimensión. Su partido fue un compendio de liderazgo, esfuerzo y lectura táctica. Llegó incluso a protagonizar una acción de enorme valor defensivo al lanzarse al suelo para bloquear un remate de Musa prácticamente dentro del área pequeña. Mientras tanto, aprovechaba los movimientos de Kane para irrumpir desde segunda línea y atacar espacios.
Croacia, sin embargo, fue encontrando respuestas. El joven Vuskovic empezó a ganar confianza en cada duelo y a imponerse en los anticipos. Precisamente de una de esas acciones nació el empate. En el minuto 36, el defensor se adelantó a Bellingham, activó una rápida transición y permitió que Baturina culminara la jugada con un extraordinario disparo desde la frontal. Pickford alcanzó a rozar el balón, pero la potencia y precisión del remate hicieron imposible evitar el gol. El balón terminó incrustándose junto al poste como un auténtico misil.
La reacción inglesa fue inmediata. Cuando parecía que el empate podía alterar las certezas del equipo de Tuchel, volvió a aparecer una de las grandes fortalezas inglesas de la noche: el balón parado. Rice colocó un centro preciso y Kane aprovechó los bloqueos de sus compañeros para irrumpir desde atrás con toda su potencia. El delantero alcanzaba así los diez goles mundialistas, igualando el registro histórico de Gary Lineker.
Pero si algo ha caracterizado a Croacia en los grandes torneos es su capacidad para resistir emocionalmente los golpes. Cuando el descanso parecía acercarse con ventaja inglesa, apareció una combinación de veteranos para volver a equilibrar el marcador. Perisic, eterno protagonista de las grandes noches croatas, descargó con enorme calidad y Musa definió para establecer el 2-2 justo antes del intermedio.
La sensación al descanso era paradójica para Inglaterra. Había sido superior durante amplios tramos, había generado más ocasiones y había encontrado soluciones ofensivas variadas, pero dos acciones puntuales bastaban para mantener con vida a un rival acostumbrado a sobrevivir en escenarios de máxima exigencia.
La incertidumbre, sin embargo, duró poco tras la reanudación. Antes incluso de que el partido encontrara un nuevo ritmo, Bellingham volvió a demostrar por qué los futbolistas diferenciales son capaces de detectar oportunidades invisibles para los demás. Identificó un espacio en el sector derecho de la defensa croata, coordinó perfectamente su movimiento con Anderson y atacó el área con la determinación de un delantero. La definición cruzada ante Livakovic fue la culminación perfecta de una actuación sobresaliente.
A partir de ese momento, Inglaterra encontró el contexto ideal para desarrollar su juego. Robando y atacando espacios abiertos, el equipo de Tuchel se sintió cada vez más cómodo. Croacia quedó expuesta a correr hacia atrás y Livakovic tuvo que multiplicar intervenciones para evitar una diferencia mayor.
El desgaste también comenzó a hacerse evidente en algunas de las figuras históricas croatas. Dalic tomó una decisión simbólica al retirar a Modric antes de la hora de juego. A sus 40 años, el legendario mediocampista seguía ofreciendo destellos de calidad, pero el ritmo impuesto por Inglaterra evidenciaba el inexorable paso del tiempo. Poco después, el seleccionador desmontó la línea de tres defensores y reubicó a Perisic como lateral, buscando soluciones que permitieran recuperar el control.
Tuchel respondió exhibiendo la profundidad de recursos de su plantilla. El ingreso de Saka y Rashford aportó frescura y velocidad en los metros finales, aunque el técnico alemán también asumió ciertos riesgos al retirar a Rice para dar entrada a Rogers. Con una ventaja mínima, cualquier error podía resultar decisivo, y de hecho Marco Pasalic estuvo cerca de castigar una desatención inglesa.
La reacción desde el banquillo fue inmediata. Spence ingresó para reforzar el equilibrio y permitió desplazar a Reece James hacia una posición más centrada. Inglaterra recuperó el control territorial y emocional del encuentro. Ya en los minutos finales, Rashford encontró el espacio definitivo para sentenciar el partido y cerrar una victoria convincente.
Más allá del resultado, el encuentro dejó una conclusión poderosa para Inglaterra. Tuchel sigue construyendo un equipo reconocible, competitivo y con múltiples alternativas. Pero, sobre todo, confirmó algo que parecía estar bajo examen durante las semanas previas: Jude Bellingham continúa siendo una pieza indispensable. En una selección repleta de talento, fue él quien marcó el ritmo, interpretó cada momento del partido y terminó ejerciendo como el líder que Inglaterra llevaba tiempo esperando.
/Freddy Bustos, corresponsal de tofo tubol en el Reimo Unido. Fotos selección de Inglaterra. Videos:
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