¿Dónde debe jugar Güler? | OneFootball

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La Galerna

·9 febbraio 2026

¿Dónde debe jugar Güler?

Immagine dell'articolo:¿Dónde debe jugar Güler?

El encuentro vivido en Mestalla frente al Valencia volvió a dejar una enseñanza que, a estas alturas de la temporada, ya no debería sorprender a nadie, pero que sigue repitiéndose como si el fútbol tuviera la memoria muy corta, que la tiene. Durante los primeros treinta minutos, el equipo fue irreconocible: plano, previsible, sin ritmo y, lo que es peor, sin una sola idea clara de cómo hacer daño al rival. La posesión era estéril, el balón circulaba lento y horizontal, y el ataque se convertía en una sucesión de pases inofensivos que no inquietaban a nadie. Y aunque en el fútbol casi nunca hay una única causa para un mal funcionamiento colectivo, resulta imposible no señalar un factor clave: la decisión de ubicar a Arda Güler en la banda derecha.

El problema no es nuevo. De hecho, es reiterativo. Cada vez que Güler aparece como extremo falso, y digo falso porque no acaba siendo ni una cosa ni la otra cuando le tiran a una banda, el Real Madrid pierde una de sus principales armas creativas. El turco queda aislado, desconectado del juego, y condenado a recibir balones en zonas donde su talento apenas puede manifestarse. Pegado a la cal, lejos del centro del campo y del área, Arda se convierte en un jugador casi decorativo, obligado a cumplir funciones que no encajan con su perfil ni potencian sus virtudes. Porque Arda Güler no es un futbolista de desborde constante, de ganar duelos en velocidad ni de castigar desde la línea de fondo.


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Su juego no se basa en la potencia ni en la repetición de acciones individuales. Su fútbol es cerebral, técnico, de lectura anticipada. Es un jugador que necesita tocar balón, participar, intervenir entre líneas y sentir el peso del juego. Todo eso desaparece cuando se le encierra en una banda. Durante esa primera media hora, el Real Madrid fue un equipo sin ningún argumento futbolístico. No había verticalidad porque nadie filtraba pases, no había sorpresa porque nadie aparecía entre líneas. Tampoco había ritmo, porque el balón nunca encontraba continuidad. Güler, lejos del epicentro del juego, apenas intervenía y, cuando lo hacía, era para recibir de espaldas, con dos rivales encima y sin opciones reales de progresar. Así es imposible que marque diferencias.

Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite

La corrección llegó pasada la media hora, y no fue casual. Arbeloa entendió entonces lo que el partido estaba pidiendo y recolocó al equipo. El cambio fue tan simple como revelador: un rombo en el centro del campo. Tchouaméni se situó como mediocentro posicional, Camavinga y Fede Valverde ocuparon los costados del mediocampo, aportando recorrido, energía y equilibrio, y Arda Güler pasó a jugar por dentro, como mediocampista más adelantado, prácticamente en la mediapunta. Ahí, en ese espacio natural para él, el partido cambió por completo. Con Güler en zonas interiores, el Real Madrid empezó a funcionar. De repente, el balón circulaba con mayor velocidad y sentido.

Aparecieron los apoyos, las paredes, los pases al primer toque. Arda comenzó a recibir entre líneas, a girarse, a levantar la cabeza y a filtrar balones al espacio que rompían defensas. El equipo ganó profundidad sin necesidad de correr más, simplemente pensando mejor. Ese es el valor diferencial de Güler. No necesita diez toques para generar peligro; le basta uno. De hecho, cuando retiene el balón es un jugador que pierde sus virtudes, él triunfa en la respuesta inmediata. Su capacidad para detectar el movimiento del compañero y encontrarlo con precisión es algo que el Real Madrid no tiene en abundancia, por eso resulta tan desconcertante que se le aleje sistemáticamente de esas zonas donde puede decidir partidos.

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No es una cuestión puntual de este encuentro. Es una tónica general que se viene repitiendo desde que Arda empezó a tener un rol más importante en el equipo. Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite. Se le prueba como derecho, e incluso izquierdo, se comprueba que no funciona, se le devuelve al centro… y, al cabo de unas semanas, vuelta a empezar. De verdad, os prometo que siempre que juntéis amarillo con azul, siempre va a salir el verde, no tiene sentido seguir pensando que un día aparecerá el rojo como resultado.

Cuesta entender qué se busca exactamente con ese empeño. No hay margen para la duda ni para la experimentación eterna, el fútbol ya ha dado su veredicto. Hay suficientes partidos, suficientes minutos y suficientes ejemplos como para afirmar con rotundidad que Güler rinde mucho más por dentro. No es una opinión caprichosa ni una preferencia estética: es una evidencia futbolística. Además, insistir en colocarlo en banda no solo perjudica al jugador, sino también al colectivo.

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El Real Madrid pierde creatividad, pausa y claridad en el último tercio. En un equipo que, por momentos, ya tiende a ser demasiado físico y directo, prescindir de un perfil como el de Güler en el centro del campo es casi un contrasentido. Ayer quedó claro una vez más que, cuando se le da libertad por dentro, Arda no solo mejora su rendimiento individual, sino que eleva el nivel de todo el equipo. Los compañeros juegan más cómodos porque saben que siempre hay una línea de pase limpia y los atacantes reciben en mejores condiciones. El rival se ve obligado a replegar y a vigilar espacios que antes no existían, todo fluye con mayor naturalidad.

Resulta llamativo que, en un club que históricamente ha sabido potenciar a sus mediapuntas y centrocampistas creativos, se siga dudando tanto con un jugador de este perfil. Güler no necesita ser encasillado ni reconvertido. No necesita aprender a ser otra cosa distinta, menos aún conociendo las necesidades actuales del Real Madrid. Lo que necesita es continuidad y confianza en la posición que potencia lo que ya sabe hacer. El partido de ayer debería servir como recordatorio definitivo. El Real Madrid fue un equipo gris mientras Arda estuvo en la banda, pero con buenas ideas cuando Arda pasó al centro.

No es casualidad, es causa y efecto. Y seguir ignorando esa relación empieza a rozar la obstinación. Arda Güler es un futbolista para mandar, organizar y decidir. Es un jugador de centro del campo, de zonas interiores, de último pase y de lectura del juego. Todo lo demás es forzarlo, limitarlo y, en última instancia, desaprovechar un talento que puede marcar una época si se le utiliza correctamente. El fútbol, al final, suele ser bastante simple. Poner a los jugadores donde mejor rinden suele ser la solución más lógica. Con Güler, el camino está más que señalado. Solo falta, de una vez por todas, dejar de dar rodeos y asumir lo que ya es un clamor para cualquiera que vea los partidos.

Getty Images

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