La Galerna
·31 marzo 2026
Entrenadores del Real Madrid (XVI): Carniglia (I)

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El Real Madrid en 1957 era sin discusión el mejor equipo de Europa y probablemente del mundo. Los blancos acababan de conquistar la segunda Copa de Europa en el Santiago Bernabéu contra la Fiorentina con José Villalonga en el cargo de entrenador. Sin embargo, el cordobés terminaba contrato, la directiva quiso acotar sus funciones y el técnico acabó dejando el club. Bernabéu, tras sondear a Di Stéfano, eligió al argentino Luis Carniglia, al que se conocía bien por un enfrentamiento reciente en competición europea.
Luis Antonio Carniglia nació el 4 de octubre de 1917 en Olivos (Argentina) y antes de ser entrenador fue un destacado futbolista. Interior (entreala) derecho, el relator deportivo Fioravanti lo definió así: “Veloz, escurridizo, magistral en la gambeta, excelente constructor y altruista para cederle la pelota al compañero que estaba en mejores condiciones de anotar”. Yiyo, como era conocido cariñosamente, jugó en tres Ligas diferentes: Argentina, Francia y México. En su país, se formó en la institución de Olivos Sport Club, luego fichó por Tigre en 1933 y después pasó a Boca Juniors, donde jugó a muy buen nivel antes de sufrir una gravísima lesión con siete fracturas (doble de tibia, simple de peroné, el hueso incrustado 12 centímetros y fragmentaciones intermedias) que le apartó año y medio de los terrenos de juego. Después, estuvo medio curso en Chacarita Juniors hasta que emprendió una aventura en Atlas de Guadalajara de tres temporadas.

Carniglia con Boca
Más tarde, volvió a Tigre y, recién comenzada la década de los 50, hizo las maletas para Francia tras la huelga en Argentina. En el país galo jugó en dos etapas en el Niza y también una campaña en el Toulon. Formado en la prestigiosa Escuela Gimnástica Aix-le-Provence, su paso a los banquillos se produjo nada más colgar las botas, aunque ya tenía una breve experiencia habiendo dirigido en tres encuentros a Tigre en 1949. El argentino, tras retirarse en el Niza, fue confirmado como técnico de Las Águilas y en su primera temporada conquistó la Ligue 1. El cuadro era un equipo compacto en el que sobresalían el arquero Colonna, los argentinos Pancho González y Rubén Bravo o el killer luxemburgués Victor Nurenberg. La temporada siguiente de 1956-57 disputaron la Copa de Europa y en cuartos se midieron al Real Madrid. Los blancos pasaron con un parcial de 6-2, pero en Chamartín gustaron las prestaciones y la preparación del equipo francés por parte de Carniglia, que buscó una estrategia sorpresa de secar a Di Stéfano con el puntero Foix.

Llegada de Carniglia
En verano de 1957, el equipo estaba sin entrenador tras la marcha de Villalonga y comenzaron a sonar algunos técnicos como Helenio Herrera, Otto Gloria, o que Miguel Muñoz se retirase y tomara las riendas con Ipiña, decidiendo en muchos aspectos. Finalmente, Bernabéu eligió a Carniglia, cuyo nombre empezó a salir en la prensa nacional a finales de julio. Di Stéfano, en su biografía ‘Gracias, vieja’, apuntó que el presidente blanco le preguntó por el entrenador, ya que habían coincidido durante la huelga de futbolistas argentinos en 1948.

Presentación de Carniglia al primer equipo

Primer entrenamiento
El técnico recordaba así aquellos momentos en una entrevista en El Gráfico: “Una tarde recibo una llamada telefónica desde Madrid. Era Raimundo Saporta, la mano derecha de Santiago Bernabéu: “Escuche, Carniglia, me dijo, ¿qué prefiere, hablar francés o español?” No lo podía creer. Días después fue Alfredo di Stéfano el que llamó: “Vente para acá que te quieren mucho”. Carniglia no fue a Madrid, sino que Saporta viajó a Niza. Allí se reunieron en el hotel Negresco y “una botella de champagne fue suficiente para sellar el acuerdo”. El Real le compró una casa, la amuebló y a partir de agosto de 1957 se puso a trabajar para el club blanco con un contrato de dos temporadas.
Bajo la supervisión del secretario técnico Ipiña, el argentino tendría el control de la parcela técnica y también de la física. En los primeros meses, como Carniglia no tenía el título revalidado en España, tuvo que asumir las funciones de asesor técnico e Ipiña ponía el carnet. Desde Niza realizó las primeras declaraciones cuando se sabía que iba a entrenar a los blancos: “Soy profesional y no podía rechazar el ofrecimiento del Real Madrid. Los 25 jugadores que tendré a mi cargo son muy buenos”. Además, avisaba que “el triple éxito del equipo no es fácil de repetir”. Una vez llegado a la capital a mediados de agosto tuvo una entrevista en el diario Pueblo: “Sé del campeón de Europa que sus hombres hacen un fútbol veloz, brillante y efectivo. Para mí es motivo de orgullo que el Club de Chamartín se haya fijado en mi persona y haré todo lo que pueda. Mi experiencia y mis mejores deseos están a su servicio”. También habló para el Boletín Oficial del Real Madrid del mes de septiembre, en la que se declaró como “un hombre que ama el fútbol y que siempre lo tomó con seriedad. Siempre tuve una ilusión, aprender, porque en esto del fútbol jamás se acaba de hacerlo, y no hay partido que no deje una enseñanza”. Por último, auguraba “lograr un buen conjunto, máxime cuando la calidad de nuestros jugadores no permitirá que, salvo muy señaladas excepciones, nadie pueda considerarse titular obligado. Vamos a tratar de hacer un juego práctico, porque el resultado es lo primero; pero al mismo tiempo yo creo que no tardaremos en ver cómo el equipo va logrando esa homogeneidad, ese juego de ‘todos para todos’ al que aspiramos”.

Plantilla Real Madrid 1957-58
El Real Madrid incorporó de cara a la siguiente campaña varios fichajes de renombre. El primero, el defensa Santamaría, que se había incorporado en primavera, pero al que solo le dio tiempo a jugar partidos amistosos. Otro fue el guardameta argentino Rogelio Domínguez, que le competiría el puesto a Juanito Alonso. Además, llegaron dos jóvenes promesas: Chus Pereda del Indauchu y Brunet del Tarrassa.
El equipo comenzó los entrenamientos el día 12 de agosto y los primeros encuentros de pretemporada fueron a finales del mes en Campo de Criptana y en Madrid, uno de ellos, el partido de la Amistad ante el Barça. La metodología de entrenamiento del nuevo técnico la desgranó David Mata en Ecos del Balón. El argentino planificó la temporada y la parcela física en un curso extenuante con tantos partidos para los blancos que sumaba un gran número de amistosos por campaña.
Carniglia tenía por costumbre “ponerse al frente del pelotón corriendo a la par que los jugadores. Además, la convivencia con los futbolistas, siendo uno más en el gimnasio, en la cancha y en las concentraciones, le parecía esencial”. Sus entrenamientos base estaban organizados en “cuatro versiones (souplesse, sostenida, alargando progresivamente y sprint) con el objetivo de trabajar los tres aspectos fundamentales: pique (cambio de ritmo), velocidad y resistencia. Su escolarización francesa le había convencido de que el fútbol era un juego basado en aspectos atléticos sobre la carrera, es decir no se puede jugar parado”. El argentino concedía a la técnica una parte importante del juego y se desmarcaba del modelo argentino, lo que él llamaba “paseítos intrascendentes que algunos quieren confundir, alegando que es técnica”. Según testimonios de jugadores Yiyo siempre les insistía en que la intensidad era fundamental y no podía bajar.

En cuanto al estilo de juego, en Pueblo confirmaba que “por sistema no se puede ser rígido. Depende de los contrarios, de muchas cosas. Conviene a veces abrir la mano, consentir en su capricho al jugador; otras veces no. En el fútbol no deben imperar los absolutismos, ni por parte del entrenador ni del lado del jugador”. Tácticamente el equipo presentó pocas lagunas y logró conjuntar un conjunto muy compacto con Di Stéfano siendo la referencia absoluta y gozando de libertad por todo el campo. Domínguez y Santamaría entraron directamente en el once. Marquitos volvió a su puesto en la defensa y compitió con Atienza. En el medio, el joven Santisteban hizo pareja con Zárraga.
Uno de los problemas que encaró Carniglia fue Miguel Muñoz. El medio era ya muy veterano y físicamente tenía problemas. El juego con él era lento y la circulación de pases se apagaba. Incluso a comienzos de temporada se seguía hablando de la posibilidad de fichar en esa posición a Pipo Rossi. En ataque también tuvo que modificar algunos aspectos del juego de Kopa, al que le seguía costando aceptar jugar de extremo derecho y retrasaba más de lo debido su posición para apoyar a los medios. El resto del ataque lo formaron habitualmente Marsal, que tuvo un rendimiento muy alto; Di Stéfano; Rial, que se recuperó de una lesión y demostró ser insustituible; y en el extremo izquierdo Gento.
El equipo entró lanzado en la competición liguera, sumando seis victorias y dos empates a domicilio en las primeras ocho jornadas de Liga. Uno de esos triunfos fue en la jornada 3 ante el Atlético de Bilbao, con el famoso ‘gol del minuto largo’ de Marsal, y otro el de la jornada 5 ante el Barça de Domingo Balmanya en el Santiago Bernabéu por 3-0. Un encuentro de los blancos que Marca tituló como “memorable” y en el que el marcador no había expresado las incontables ocasiones que creó la delantera madridista. Tras un tropiezo duro en Gijón, los blancos volvieron a la senda de la victoria con otros tres partidos ganados que lo consolidaron en la primera plaza de la clasificación. Además, entre octubre y noviembre iniciaron su participación en la Copa de Europa. El primer rival fue el Royal Antwerp belga, al que despacharon con un global de 8-1 ganando ambos partidos.

Di Stéfano en el 3-0 al Barça
Fue en diciembre cuando el Real Madrid pasó una crisis de resultados al no conocer el triunfo en todo el mes. Se empató en casa contra el Atleti y se perdió en tres salidas a domicilio: Vigo, Zaragoza y Pamplona. Con el nuevo año, los merengues golearon al Granada, pero una semana después perdieron con el Sevilla. Se habló de una vida dispersa de los jugadores, de problemas en el vestuario con Carniglia y del cansancio de tantos viajes. También la labor de Ipiña estaba siendo muy criticada, recibía pitos y gritos en el coliseo blanco y llegó a poner su cargo a disposición del club. Aquella derrota en Nervión escoció mucho porque, además, cuatro días después estaba programada la ida de cuartos de final de la Copa de Europa, precisamente contra los andaluces. Ambos equipos viajaron a Madrid en el mismo tren y hubo piques entre los jugadores. El resultado fue uno de los encuentros más redondos de la historia de la Copa de Europa para los blancos. Un 8-0 a favor del Real Madrid que retiró al portero Busto, quien no volvió a ponerse los guantes. Di Stéfano, que recibió antes del pitido inicial el Balón de Oro, marcó cuatro goles; Kopa, dos; y Marsal y Gento, uno cada uno.
La mala racha liguera había costado el liderato que ostentaba el Atlético de Madrid con cuatro puntos de ventaja. Sin embargo, tras aquel triunfo contra el Sevilla despertó la bestia. El cuadro madridista no volvió a cosechar ninguna derrota en la competición doméstica. Vencieron en complicadas salidas como el Camp Nou, San Mamés y Sarriá, y en Madrid doblegaron a todos los conjuntos que visitaron Chamartín. En la penúltima jornada visitaron el Metropolitano con la posibilidad del alirón. La contienda fue muy cerrada, con las defensas imponiéndose a las delanteras y con un resultado de empate a uno con tantos de Hollaus y Rial. El punto valía al Real Madrid y se proclamó campeón de liga por sexta vez.

Alirón en el Metropolitano
Carniglia, con una sonrisa con acento platense, declaró en Marca tras “el justo empate” la “alegría por ser campeones” y también se mostró contento porque los subcampeones fuesen los colchoneros. Los blancos demostraron ser con diferencia el mejor conjunto de la Liga y pusieron de manifiesto un buen juego, firmeza y sobriedad. Di Stéfano se erigió como el mejor jugador y también fue el máximo goleador con 19 goles, empatado con Badenes, del Valladolid, y Ricardo, del Valencia.
En la Copa de Europa, después de empatar en Sevilla con un doblete de Pereda, pasaron a semifinales. El rival fue un Vasas húngaro, al que se tenía respeto por su estilo muy centroeuropeo y por la calidad técnica de buena parte de sus hombres. En Madrid, con un césped pesado y encharcado, pareció quedar resuelta la eliminatoria con 4-0 a favor, pero en la vuelta sufrieron en Budapest.
Al poco de comenzar la segunda mitad, los magiares ganaban por 2-0 y el partido estaba muy abierto. Carniglia, entonces, realizó varios cambios tácticos que mejoraron al equipo retrasando a los dos interiores y, con Di Stéfano entre los dos medios, consiguió bloquear el juego del cuadro húngaro. El Real Madrid se encerró atrás, fue práctico y dejó de pasar tantos apuros, con lo que el resultado no se movió más. En la otra semifinal, el AC Milan eliminó a un Manchester United afligido y consternado todavía por el accidente de avión de la plantilla en Múnich, y tan diezmado que tuvo que utilizar a jugadores juveniles.

Carniglia
La final tuvo lugar el 28 de mayo en el estadio de Heysel en Bruselas. El equipo viajó unos días antes a la capital belga y le dio tiempo a hacer turismo, visitar la célebre Exposición y almorzar en el Atómium. Carniglia tenía la duda de Atienza o Marquitos en la zaga, con más opciones para el primero, mientras que el resto del equipo estaba decidido. El Madrid era muy favorito y los italianos llegaban con un perfil bajo, afirmando que sería un milagro ganar a los blancos. Sin embargo, el equipo dirigido por Viani era un conjunto fuerte, fiable y con varios jugadores de talla mundial como Schiaffino, Liedholm, Maldini o Grillo. Yiyo antes del choque se mostraba precavido, afirmaba que “iba a ser muy difícil y los chicos están nerviosos, deseando saltar al terreno de juego”.
El cuadro blanco se hizo con la ‘Tercera’ Copa de Europa consecutiva, pero no lo tuvieron fácil para lograrlo. En una final de la que se “guardará memoria” según publicó el diario Marca, los madridistas necesitaron de la prórroga y de remontar a los milaneses. El choque fue “excelente por ambos bandos” con una “primera parte técnica, y una segunda que sumó a la técnica el nervio, la velocidad y la emoción” en palabras de Antonio Valencia en su crónica de Marca. Primero marcó Schiaffino; quince minutos después igualó Di Stéfano; a falta de doce minutos anotó Grillo para el AC Milan y solo unos segundos después firmó las tablas Rial, cuando al Real Madrid se le complicaba de nuevo el choque.
Pasados los noventa minutos continuó el empate, y en la prórroga apareció Gento con un zurdazo cuando el resto de sus compañeros tenían claros síntomas de agotamiento. El técnico argentino habló nada más concluir el choque: “¡Ha sido fantástico, formidable, extraordinario…! El Real Madrid ha demostrado encontrarse en una forma excelente, a pesar de la dureza de la prolongada temporada”. También explicó su planteamiento: “Usted se percataría de que los italianos utilizaban el 3-3-4, es decir, retrasaron a Liedholm esperando que nosotros abriéramos la defensa para utilizar el contraataque. Por ello el Madrid jugó defensivamente con precauciones permitiendo a los milaneses que se adueñaran del centro del terreno, en el que la maestría de Liedholm se erigió en la verdadera placa giratoria de todo el cuadro. En el segundo tiempo encomendé a Santisteban el marcaje del notable jugador milanés, misión que en la prórroga completó Joseíto, cumpliéndola ambos a la perfección”. Por último, elogió el carácter de sus hombres porque “lo más difícil ha sido anular por dos veces consecutivas la ventaja del Milan. El Madrid ha ganado a un gran equipo y ha medido tan bien su rendimiento como para poder lanzarse al ataque en cuanto las circunstancias lo exigieron”.

Gol de Gento
Para coronar la temporada con un triplete restaba la Copa. Los blancos ya habían eliminado al Atlético de Madrid unas semanas antes y nada más comenzar junio hicieron lo propio con el Real Valladolid. A mediados de mes, en semifinales, doblegaron a la Real Sociedad, con un gran partido en el Santiago Bernabéu, y accedieron a la final ante el Athletic Club. Los vascos, equipo copero por excelencia, dieron la sorpresa con el famoso equipo de los ‘Once aldeanos’ y derrotaron a los blancos en Madrid por 2-0. El Athletic, dirigido por el exmadridista Baltasar Albéniz, superó a un equipo merengue cansado, lento y sin nervio tras una temporada extenuante. Carniglia ya había avisado que “las ausencias de Marsal, Kopa y Gento suponen un serio hándicap para nosotros”.
Continuará...
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
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