La Galerna
·28 aprile 2026
Fran Soto, el pastelero del Negreirato

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·28 aprile 2026

Buenos días, amigos. En esta sección comentamos las portadas deportivas del día en clave madridista. Hoy carecen completamente de interés en ese sentido. Os las dejamos por aquí por mera costumbre.
Preferimos tratar lo que no tratan los medios como merece ser tratado: la mayor lacra de la historia del fútbol que, además, no ha tenido consecuencia alguna para los implicados.
Sobre este tema hay un nuevo capítulo protagonizado por Fran Soto. Fran Soto es un compendio antropomórfico de casi todas las virtudes necesarias para estar al frente del CTA. Cobardía, cinismo, hipocresía, equidistancia, amnesia, sofistería, docilidad, apesebramiento, bienquedismo, escapismo, etc. Le falta, de momento, estar encausado, como sus predecesores, y mostrarse más suelto. Su lenguaje corporal aporta mucha información sobre el personaje. No se ve la mano de su ventrílocuo, pero se nota.
Si uno lo escucha, se intuye otra virtud por su acento y cadencia rajoyanas: el dontancredismo. Una actitud que guarda cierta relación con el gatopardismo, exactamente lo sucedido en el CTA: cambiar todo para que nada cambie.
Anoche sentó cátedra de nuevo. Fue en la radio, en Onda Cero.
No se puede decir que Soto no hable claro dentro de su no decir nada. Sus palabras y omisiones le delatan y le definen. El hombre que han colocado para hacer de jefe de los árbitros llama suflé al caso Barça-Negreira. ¿Podemos colegir que Fran Soto es el pastelero del Negreirato? Por qué no.
Calificar el caso Barça-Negreira como un suflé es como describir la Revolución Francesa como una suerte de desencuentro vecinal, un tanto escandaloso, provocado por el precio de los croissants.
Soto, una vez más, se ha reído en la cara de cualquiera que aún creyera en la limpieza del fútbol español.
Además de la masterclass repostera, Fran dejó otra perla, un «eso no se puede evitar» referido a que es imposible hacer nada ante el hecho de que el CTA siga infestado de gentes que medraron durante el largo periodo de Negreira.
Es como si tras desarticularse la mafia de Chicago se mantuviesen a los contables de Al Capone al frente de la Hacienda Pública.
¿Quiere decirnos Soto que entre los miles de millones de seres humanos —o similares— que pueblan el planeta no es posible encontrar árbitros, miembros y miembras que no hayan sido salpicados con la corrupción del Negreirato?

Realmente, lo que quiere decir es que no tiene la más mínima intención de cambiar el sistema. ¡Cómo va a cambiar el sistema si el sistema es el que le ha colocado en su cargo!
¡Que me quedo sin comer!
¿Quiere decirnos Soto que no es posible impedir que Alberola Rojas siga arbitrando porque pagó al hijo de Negreira y, casualmente, comenzó a ascender desde ese momento? Es solo un ejemplo de tantos.
¿Nos toma por tontos?
Sí. Y ahí no le falta razón. Porque, en conjunto, la sociedad se sigue tragando —y con gusto— la dulce mentira continua que ofrece el fútbol español y sirve su pastelero, el chef Soto, repostero jefe.
No se puede decir que el tipo no haya dejado clara su postura desde que le subieron a la bici con ruedines del arbitraje. Recordemos grandes éxitos de Soto. No de José Manuel, sino de Fran:
Se presentó en julio de 2025 pidiéndonos que olvidáramos la corrupción: «hay que mirar hacia adelante sin mirar atrás», «no merece la pena que hable de Negreira», el nivel del fútbol español es «estratosférico». Más o menos un oiga, que sí, que ya sabemos que le han desvalijado la casa, pero es necesario pensar en el futuro y dejar este incidente atrás, no se queje, coja un cartón y duerma en el suelo.

La joya fue aquello de calificar el pago —solo el demostrado con facturas— de más de ocho millones de euros durante diecisiete años del Barça a Negreira como una situación «medio puntual». Es difícil tener la cara más dura, pero para eso lo han puesto ahí.
En noviembre le mandaron ir a la COPE. Repitió lo mismo: «es algo que tenemos que olvidar». Definió el asunto como «una cuestión entre unas personas físicas y unos directivos, o quien sea, pero que no hay árbitros implicados». Y ya adelantó lo refrendado anoche: «es imposible expulsar a todos los árbitros que hayan coincidido con Negreira».
¡Pero cómo va a ser imposible, hijo mío! ¿Acaso es imposible colocar al frente de una nueva central nuclear a personas que no hayan trabajado en Chernóbil?
Hace unos días, lo sacaron de nuevo de paseo. Le dieron una piruleta y un palito de esos que abajo llevaba una rueda y lo llevaron a la SER. Sobre Negreira dijo que «pensaría que es un golfo y lo echaría al segundo». Cuando le preguntaron sobre el papel del FC Barcelona soltó, con temor a perder el control de los esfínteres: «del club no quiero hacer valoraciones».
Sí, ya nos habíamos dado cuenta. En esta ignominia hay un corrompido y un corruptor, y, por lo que sea, no se puede hablar de este último. ¿Por qué? No hace falta ser muy listo para saberlo. A Negreira lo sepultaron dineros caídos del cielo. Nadie se los pagó. Negreira es muy malo y ha de ser condenado cuanto antes, pero solo a él, eh, al eslabón débil, no vayamos a meternos con quien parte el bacalao.

Soto tiene un terror reverencial a llamar a las cosas por su nombre y a enfrentarse al verdadero elefante en la habitación, el FC Barcelona, reduciendo la corrupción sistémica a una anécdota culinaria. ¿Por qué? Porque sabe de sobra que el relato se construye con palabras.
Es la prueba de su obediencia debida a quienes le colocaron en el cargo, los mismos a los que no les interesa que el chiringuito se venga abajo.
¡Que me quedo sin comer! Again.
Nos despedimos con un dato curioso: Fran Soto fue socio de Garrigues, despacho que asesoró al Barça en lo del Espai. No hay ninguna prueba de que Fran participase en aquello, simplemente es una anécdota más a colocar en la vitrina de las casualidades españolas.
Pasad un buen día.









































