Da igual la pelota
·22 maggio 2026
Larga vida al Rey de las Bateas

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·22 maggio 2026

Hace tiempo ya que se acabaron los calificativos con Iago Aspas Juncal. Un jugador de los de antes, de los que chuparon cientos de horas jugando al fútbol en las calles de Moaña con el bocadillo en la mano. Empleando bancos, mochilas o portales como porterías, en el que se denunciaban a los palomeros y si el dueño de la bola perdía de mucho, malo. De ahí vienen las travesuras de Iago, sus recursos, su olfato e inteligencia para deshacerse de sus rivales. Que hace mucho que dejaron de ser sus vecinos y pasaron a ser Valerón, Messi, Cristiano Ronaldo, Modric, Lucas Pérez, Aduriz, Griezmann, Oyarzabal o Gerard Moreno.
Un día después del anuncio de que Iago Aspas decidiese agasajar al fútbol con un año más de su zurda mágica el celtismo respira aliviado. Pues más cerca que nunca han visto el adiós de Iagiño. Más de uno, de dos o de tres ya habían dejado caer alguna lágrima ante el abismo que hoy se vuelven a ver lejano. Aunque no lo suficientemente lejos. Puede que uno de los términos más internacionales de origen gallego sea la morriña. Y evidentemente, en mayo del 2027, la Real Academia Galega tendrá que añadirle una acepción más, para que se vea recogido el pesar celtista por el retiro del ’10’. Son 571 partidos y más de 222 bicos con el «Celta de los mayores». Aunque él solo soñaba con meter uno bonito.
El jugador más grande de la historia del Celta, y aún por encima canterano que en los tiempos que corren tienen más significado que nunca. La 27/28 aguarda impaciente para despedirle como merece, recorrerá los campos de la primera división por última vez y saldrá de corto, con suerte, más de una veintena de veces en Balaídos.
Sin embargo, nunca ha sido un jugador muy querido por ninguna afición española. Como en casa en ningún sitio, ¿no? La temporada pasada Cazorla fue recibido y aplaudido cada vez que entró en el campo en su Tartiere pero también en otros tantos feudos ligueros. El bueno de Santiago nunca ha hecho rabiar a nadie futbolísticamente hablando, y bueno, Aspas un poco sí. El de Moaña es bien conocido por su intensidad. Siempre lucha lo máximo por los suyos y nunca ha dudado en reclamar y pedir explicaciones a los colegiados fuera la acción falta como si no. Fuera merecedora de cartulina amarilla o roja como si no y ya si veía que no le seguía el juego el trenecilla, quedaba el comodín de recomendarle ir a ver la acción al VAR.
El celtismo de momento no ha entrado a hacer cábalas de cuales sí y cuales no rendirán tributo al César. Pero desde luego del que es imposible que venga es de cierto equipo del norte de Galicia que puede ascender esta temporada. Tampoco es que les importe mucho a los seareiros y seareiras que abarrotan todas las jornadas Balaídos para ver a Aspas. Ellos con tener la certeza que podrán cantarle una temporada más aquello de Aspas on fire cada vez que anote un tanto no hay problema.
Iago Aspas Juncal se retirará del fútbol profesional con casi 40 años. Aún así, el contrato no expira el 30 de junio del 2027, se prolonga hasta 2029. Una vez acabada la próxima campaña en la que el Celta volverá a Europa, se verá mañana sábado en Balaídos si es Conference o Europa League, Aspas colgará las botas y se ajustará la corbata. El príncipe que se convirtió en rey, se sumará al equipo de la dirección deportiva. Desde esta nueva perspectiva aportará de otra manera los goles y las asistencias que ahora da en el campo.
Ya conocido de antemano este interés de seguir en el organigrama del club pocos o muy pocos han sido los sorprendidos. Lo que sí ha logrado inflar el pecho de orgullo una tarde más al celtismo es la rebaja del sueldo. En la búsqueda de plantear un equipo más competitivo y liberar masa salarial Iago extiende el sueldo que antes ganaba en una temporada en tres. Un gesto, otro más de un jugador de leyenda que quiere y siente el escudo que porta.
En un tiempo en el que las nuevas estrellas se enfurruñan y montan drama por ser sustituídos Iago Aspas ha sido ejemplo para todos. No se le ha visto ningún mal gesto hacia su entrenador, ni cuando él quería jugar más pero sus fuerzas por su edad ya no daban a más. Aceptó su rol, porque el Celta está por encima de su corona.
Es en estos gestos cuando uno se da cuenta qué tipo de jugador el destino le ha regalado al Real Club Celta de Vigo. Porque pese a que se sabe que el fútbol le debe un título al conjunto olívico, el fútbol prefirió darle al Celta, un equipo mediano de la Liga Española, el privilegio de poder contar con un jugador de una calidad que no está al alcance de su bolsillo. Él que llegó mintiendo en su edad, que fue nombrado príncipe, que sorpasó al Tzar Mostovoi y fue coronado como rey, solo le falta una cosa, tocar metal. Y para ello queda un último ruedo en Liga, Copa y Europa.
Autor: Omar Goris
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