Balonazos
·12 giugno 2026
México inició el Mundial de 48 selecciones con un triunfo claro ante Suráfrica, 2 goles por 0

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·12 giugno 2026


Por Néstor Beaumont Rodríguez
El planeta fútbol se paralizó por completo la tarde de este jueves 11, pues el imponente e histórico Estadio Azteca de Ciudad de México se vistió de gala para dar el pitazo inicial al Mundial de Fútbol FIFA 2026. Este torneo ya es inédito desde el «vamos», al ser el primero en la historia organizado por tres naciones (México, Estados Unidos y Canadá), marcando el regreso de las sedes compartidas desde aquella cita de Corea-Japón en 2002.
El «Coloso de Santa Úrsula» se llevó todos los focos y la nostalgia melancólica de la jornada: al convertirse en el único templo del balompié mundial en albergar tres inauguraciones mundialistas, emulando las legendarias citas de 1970 y 1986. La fiesta comenzó con sabor a tacos, pero el plato fuerte apenas se está cocinando.

En lo estrictamente deportivo, el debut de la selección mexicana, en el grupo A, superó las expectativas de los analistas más escépticos. El cuadro azteca saltó a la cancha con un dominio absoluto del balón, asfixiando desde el primer minuto a una escuadra de Sudáfrica que se vio superada por la presión y la altura de la capital mexicana; el marcador de 2 a 0 fue justo.
El gran protagonista de la tarde fue, sin duda, Raúl Jiménez. Lo de este delantero es un auténtico portento y un ejemplo de resiliencia que eriza la piel. Tras aquella escalofriante fractura de cráneo que sufrió jugando en la Premier League inglesa —un episodio donde muchos lo daban por retirado—, Jiménez regresó al plano internacional como la propia “Ave Fénix”, demostrando que los goles y la jerarquía no tienen fecha de caducidad.
Detrás de este funcionamiento impecable se nota la mano de Javier Aguirre. El «Vasco», fiel a su estilo, se mostró puntilloso, enérgico y con esa astucia táctica que lo caracteriza. Aguirre leyó el partido a la perfección, parando un equipo ordenado que no pasó mayores sustos en el fondo. Es un arranque de lujo para los locales, un espaldarazo anímico brutal para un proceso que viene siendo sumamente exigente, pero como dicen por ahí: esto apenas está empezando. ¡No se vayan que esto se pone bueno!

No obstante, detrás del brillo de los fuegos artificiales y la emoción del debut, este Mundial de Fútbol 2026 esconde una realidad bastante compleja para el fanático de a pie. Aunque la fiesta arrancó en suelo mexicano, la mayor parte de los compromisos se mudarán a los Estados Unidos, un gigante norteamericano que sirve de escenario para complejas dinámicas bélicas, económicas y políticas a nivel global.
Para la afición latinoamericana, y muy especialmente para la comunidad hispana, la logística pinta cuesta arriba. EE. UU. es una sede sumamente costosa, un golpe directo al bolsillo que se agrava con la gestión de la FIFA, organización que elevó el costo de los boletos a niveles siderales, dejando a muchos verdaderos fanáticos viendo los toros desde la barrera.
A este factor económico se le suma el dolor de cabeza de la geografía. Los desplazamientos en este torneo van a ser una verdadera odisea. Las distancias inmensas entre las ciudades sedes obligarán a las fanaticadas a desembolsar fortunas en pasajes aéreos y logística de hospedaje para poder seguir a sus selecciones. No es lo mismo cruzar una frontera europea en tren que viajar de costa a costa en territorio estadounidense.

A pesar de las críticas por la comercialización extrema y los retos logísticos, el torneo es un caramelo visual y competitivo llamativo por donde se le vea. Estamos ante una competencia mastodóntica: por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, lo que nos garantizará un maratón de más de 100 partidos de altísimo voltaje.
La mesa ya está servida. El Azteca ya sirvió los primeros tacos y la emoción está a millón sobre el césped; ahora le toca el turno al resto del continente demostrar si este gigantismo de la FIFA se traducirá en el mejor Mundial de la historia o en un rompecabezas imposible de armar para los hinchas. Por lo pronto, México sonríe y el balón ya rueda sobre el gramado.







































