O Ney: El príncipe que no ¿quiso? pudo ser rey (por @NachoJOsorio1) | OneFootball

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·14 luglio 2026

O Ney: El príncipe que no ¿quiso? pudo ser rey (por @NachoJOsorio1)

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Por Ignacio Osorio

La eliminación de Brasil de la Copa del Mundo es un hecho más que consumado al momento de la publicación de esta columna. Los análisis, por supuesto, no se hicieron esperar. Y aunque suelen ser los mismos de hace ya años respecto al estado y las soluciones de por qué y cómo el Scratch puede revertir la pésima situación que enfrenta en relación a su historia y potencial.


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Pero no es del colectivo, mucho menos de soluciones estructurales o si Brasil debe adaptarse a los nuevos modelos que imperan en el fútbol mundial – físico, de choque, rápido y directo-, o si debe volver al clásico y nostálgico Joga Bonito, sino de un jugador en particular, del último de su clase y que ha dejado atrás un legado que no solo se escribe con su nombre sino que también responde a toda una nación futbolera: Neymar Dos Santos Junior, simplemente conocido como Neymar.

Desde su temprano debut, nada más y nada menos que por el mismísimo Santos de Brasil – como si la historia quisiera escribirse con todos los clichés posibles-, Neymar demostró aquella alegría al jugar, que hacía de la gambeta y la creatividad un arma tanto o más potente que la técnica o el físico, que driblaba a sus oponentes como si fuesen conos sin ningún tipo de oposición, fue catalogada como el sucesor, aquel que iba a poder hacer lo que Robinho, cuya carrera estuvo marcada por inconsistencias e indisciplinas, pudo; como alguien que podría llevar el tótem de Ronaldinho, Kaká y Ronaldo, que si bien todavía eran jugadores vigentes, al poco tiempo dejarían de ser las estrellas que supieron ser.

En Neymar se depositaron casi todas las esperanzas de volver a tener – como Dinho pocos años antes- un brasileño que fuese capaz de pararse de tú a tú contra el fútbol europeo, cosa que en principio sí logró, precisamente desde su Santos, donde hoy juega, y que lo llevaría a ser multicampeón con el FC

Barcelona y ser punta de lanza de un París Saint Germain en su proyecto por ganar la Champions League. Pero siempre pasaba algo con Ney.

Incluso desde la última etapa en el Barcelona, ya se sentaban dudas sobre si el “ahijado” de Pelé iba a poder siquiera sentarse en la mesa de los más grandes, tener su propio Balón de Oro y, cómo no, ser campeón del mundo, todo a raíz de su, año a año, cada vez notoria falta de compromiso con el nivel al que debía estar, siendo una constante su ausencia coincidente con el cumpleaños de su hermana, escándalos extrafutbolísticos y sobre todo una actitud que poco a poco lo alejaba de los hitos ya mencionados. La distancia era tal que incluso el propio Messi y Cristiano estaban, de quienes debía tomar la posta, estaban más cerca que él. Entre medio, recientemente se le metieron en por la berma jugadores como Benzema, Modric y hasta Rodri, quienes sí pudieron ser elegidos como los mejores jugadores en sus respectivos años de elección.

Neymar, si bien fue un buen jugador; un jugador encomiable, de culto, sumamente icónico y recordable, fue aquel príncipe elegido por propios y extraños que no pudo, o no quiso, ser el rey que el fútbol demandaba sobre su figura. Probablemente está bien que no lo haya sido, no por falta de oportunidades o por falta de capacidades, sino porque él, simplemente, quiso ser Neymar, no el sucesor de Ronaldinho o Pelé.

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