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·2 giugno 2026
Perder a Íñigo Pérez no es el mayor peligro para el Rayo Vallecano

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·2 giugno 2026

Hay marchas que duelen. Cuando alguien cala en tu vida, piensas que estará siempre. La lógica te dice que algún día no formará parte, pero debido a lo que te aporta, el temor se convierte en tranquilidad. Un pensamiento utópico en el que solo la realidad te romperá en pedazos cuando el adiós se produzca. En el deporte, entrar en la zona de confort es un riesgo que no se suele detectar. Mucho menos, cuando hay éxitos de por medio. Más aún, cuando uno de los protagonistas pasa olímpicamente de generar un impacto en los medios cuando tiene un micrófono delante como ha demostrado Íñigo Pérez.
Para el Rayo Vallecano, el fin de ciclo de esta leyenda ha sido un jarro de agua fría. Asumido, pero la sensación es similar a cuando te metes en la ducha que hay cerca de las playas o de tu apartamento veraniego. Sabes que va a salir fría pero cuando te cae, te golpea como si nunca te hubieras metido debajo de la misma. Su partida al Villarreal ha sido como cuando todos tus compañeros te firmaban en la agenda que llevabas al colegio y alguno te comentaba que quizás no estaría el próximo año en el mismo instituto. Las mirabas durante el verano, sin saber aún lo que era el Messenger, el WhatsApp… sin poder contactar más allá de una llamada telefónica que lo mismo no tenía respuesta.
Pero en todo capítulo final, no se debe quedar una sinopsis de amargura. El Rayo Vallecano no es una película de Antena 3 a las 16:00 de la tarde. Sí, aunque esté Raúl Martín Presa. No, no es un largometraje de suspense en lo que se refiere al primer equipo. Es de suspense para el femenino, para el B, etc. pero no para el actual subcampeón de la Conference League. En el rayismo, siempre está el miedo de volver a las pesadillas de descender, de volver al fútbol no profesional. Y ojo, no voy a discutir esto. Primero, porque ya lo han vivido. Segundo, porque es normal que lo piensen después de unos cuantos hechos discutibles por parte de la gestión presidencial. Ahora bien, la entidad franjirroja debe sacar lo positivo del legado que ha dejado Íñigo Pérez en Vallecas.

Óscar Trejo, manteado el día de su último partido en Vallecas. FOTO: LA LIGA
Es normal pensar en la incertidumbre. Pierdes al mejor entrenador de tu historia y al jugador emblema de la Franja como es Óscar Trejo (a nivel de vestuario a la espera de ver si continua en la dirección deportiva o en otra sección). Pero si algo hay que rescatar de estas dos temporadas y media con el técnico navarro, es el cambio de mentalidad que ha dado a este club. Rescató a una familia que empezó a dejar de creer y la elevó de nuevo a cuotas inalcanzables. Es ahí donde debe apoyarse el nuevo director técnico del Rayo Vallecano. Es ahí de donde debe de partir este grupo de jugadores. Ojo, esto no implica perder la humildad. Si se pierde este concepto, este equipo está muerto. Ahora bien, ¿Por qué no ser ambiciosos? ¿Por qué renunciar a creer en lo que se ha hecho? Seis años en Primera División, un vestuario sólido… ¿No son motivos suficientes para seguir creciendo?
Tanto la hinchada como el club franjirrojo, no se deben anclar en el insuficiente partido ante el Crystal Palace. La vida no está para lamentarse o quedarte en la copa que te lleva atrapando a consumir tristeza transformada en alcohol. La vida está para recoger lo bueno y potenciarlo. El Rayo Vallecano debe ser el que se vio en Estrasburgo. Ese partido no se puede eliminar de la memoria. Ese encuentro no debe ser borrado por parte de este plantel. Esa es la hoja de ruta y desde ahí debe partir el nuevo Rayo Vallecano.
Ya avisó Íñigo Pérez en su despedida que, desde hace mucho, entendió que «El prestigio no es necesario en Vallecas». Con el tiempo, se recordará la final de Leipzig como un motivo para sonreír, a pesar de la derrota. Por ello, se debe pensar con el sentido común: ¿El espectador ha visto más la versión ante el Crystal Palace o la de aquel equipo que siempre pone en aprietos a los gigantes de la competición? Honestamente, yo he visto más lo segundo.

Alemao y Florian Lejeune celebran el gol que daba el triunfo en Estrasburgo en las semifinales de Conference League. FOTO: Rayo Vallecano
Ya se verá si es con Jagoba Arrasate, con Carles Martínez Novell u otro candidato. Pero los Óscar Valentín, Álvaro García o Isi Palazón no deben recordar la noche del 27 de mayo como una oportunidad perdida. Si llega un momento de dudas como en la 2023/2024, la clave es recordar aquella pretemporada en Holanda con un Íñigo Pérez que hizo creer a todos que podían conquistar una Copa del Rey, por ejemplo. No ha sido así, pero se ha logrado una clasificación europea, se han quedado a un punto de entrar de nuevo y a nada de ganar un título europeo. Te lo dicen en la jornada 36 de la 2023/2024 y hubieras prohibido al emisor que te lo notificaba que entrara a Vallecas.
No hay refrán español más popular que «A la tercera va la vencida». Las semis de Copa con Andoni Iraola. La final de Conference perdida con Íñigo Pérez. Por suerte, parece que la mayor parte del bloque se va a mantener. Después de lo vivido, este grupo ha ascendido en madurez. Y sí, alguno dirá que, cuando se descendió hace 25 años, había jugadores importantes, pero de forma honesta, ahora hay mejores futbolistas. Más preparados en todos los sentidos.Y ojo, con un rédito económico obtenido más mayor que el de entonces. Caer en los mismos errores sería imperdonable. Unido a esto, hay una hinchada y un barrio que es más fuerte que hace dos décadas. El sentimiento de pertenencia ha aumentado y la familia se amplía. Por mucho que algún que otro periodista comprado lo niegue, el mayor activo del Rayo Vallecano es su gente. Desde ese factor, la Franja marca la diferencia.

La afición del Rayo Vallecano, lamentándose en Leipzig en un momento concreto del partido. FOTO: Rayo Vallecano
Por todo esto, no se podría permitir dejar que en la Fundación entrara un aire de pesimismo. No estará Íñigo, quizás no esté Trejo, pero aún hay un grupo que quiere seguir escribiendo su historia. Si está plantilla ha destacado por algo, por encima de calidad o talento individual, ha sido por su nivel estratosférico de competitividad. Dijo Luis Enrique el otro día en la final de Champions: » A mis jugadores les tengo que parar cuando entrenan porque les encanta hacer esto». Esa frase la ha remarcado Íñigo Pérez una y otra vez. La sobreexcitación de querer más en términos competitivos. En definitiva, el Rayo Vallecano es pequeño, pero también Matagigantes. Es humildad, pero también es valentía. Pocas aficiones en España pueden mirar de tú a tú a los de Vallecas. Pocas plantillas pueden comprarse de tú a tú en cuanto a trabajo, unión y constancia. Así que… ¿Por qué no asumir esa mentalidad ganadora? De no hacerlo, es entonces cuando empieza el peligro para el barrio de moda en el fútbol europeo.







































