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·2 aprile 2026
Silencio de Messi y «blindaje» de De Paul: La intimidad de una Selección que esquiva el barro de la AFA

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La goleada ante Zambia en lo que fue el «Last Dance» de Lionel Messi en suelo argentino antes del Mundial 2026 dejó un sabor agridulce. Si bien lo deportivo recuperó la sonrisa tras el flojo nivel ante Mauritania, el clima en el predio de Ezeiza estuvo marcado por una tensión invisible pero palpable: la incomodidad de los referentes ante el procesamiento judicial de la cúpula de la AFA.
Aunque Claudio «Chiqui» Tapia logró capturar la imagen individual con los dos grandes referentes del plantel, los gestos dicen más que las palabras. Por primera vez en mucho tiempo, no se produjo la tradicional «foto-cábala» del mate entre el dirigente, Messi y De Paul.
La situación procesal de Tapia, el tesorero Pablo Toviggino, Cristian Malaspina y Víctor Blanco (investigados por presunta corrupción, apropiación de tributos y arreglos de partidos) ha generado un «ruido» que ya llegó a los clubes europeos y que los jugadores prefieren mantener lejos del vestuario.
Mientras Messi eligió un silencio sepulcral en la zona mixta y solo se expresó vía Instagram con un escueto «Siempre Argentina», Rodrigo De Paul asumió el rol de escudo mediático. Ante los rumores de que Tapia habría pedido al plantel salir con remeras de apoyo a su gestión, el volante del Inter Miami bajó una línea contundente:
«Que quede claro. Nosotros somos jugadores de fútbol y venimos a jugar al fútbol, nosotros no hacemos política, no entendemos de esos lugares… Lo mejor es no desinformar o desunir, tenemos que estar más juntos que nunca», sentenció De Paul, buscando cortar de raíz cualquier vinculación con el escándalo de Viamonte.
Las claves del discurso de De Paul:
Más allá del escándalo institucional, el grupo logró «cambiar la cara» tras las duras críticas de Dibu Martínez, quien había reclamado «sangre y corazón» tras el amistoso previo. Lionel Scaloni, que tampoco ocultó su fastidio por el nivel ante Mauritania, se fue conforme con la goleada a Zambia, aunque la cancelación de la Finalissima sigue siendo un punto de frustración para Messi, quien deseaba una prueba de fuego antes de su último Mundial.
Con el procesamiento de la directiva de la AFA ocupando las portadas de los diarios nacionales, la Selección Argentina vuela de regreso a sus clubes con una misión clara: que el barro de la política deportiva no ensucie el camino hacia la defensa del título mundial.









































