Un 10 Puro
·14 gennaio 2026
Un estreno que deja cicatriz

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·14 gennaio 2026


Eliminación histórica del Real Madrid en el Carlos Belmonte January 14, 2026 in Albacete, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)Getty Images
El Real Madrid empezó la era Arbeloa como no se empieza nada que aspire a durar: perdiendo el control, el respeto y finalmente la eliminatoria. En Albacete, ante un equipo decimoséptimo en Segunda y con una de las defensas más castigadas de la categoría de plata, el Madrid firmó una actuación paupérrima y quedó fuera de la Copa en un partido que ya entra en la carpeta de los ridículos históricos.
No fue solo una derrota. Fue una suma de malas decisiones, bajo nivel individual y una lectura equivocada de lo que exige la competición. Arbeloa apostó por una rotación extrema y el equipo respondió sin jerarquía ni energía. El banquillo no sostuvo al once; lo hundió.
Desde el inicio, el partido transmitió una sensación inquietante: el Madrid estaba, pero no estaba. Tocaba, sí, pero sin ritmo. Presionaba, sí, pero sin coordinación. Atacaba, pero sin intención real de hacer daño. Vinicius fue anunciado como bandera del nuevo ciclo, pero se perdió en decisiones mal tomadas y conducciones estériles. Mastantuono y Güler, llamados a ser el talento diferencial, se diluyeron en un contexto que les exigía personalidad y no la encontraron. Gonzalo, directamente, fue invisible durante largos tramos.
El Albacete, sin necesidad de grandes alardes, entendió rápido por dónde podía hacerle daño al Madrid: orden, paciencia y balón parado. Ahí llegó el primer golpe, con Javi Villar ganando un duelo aéreo que dejó en evidencia la fragilidad defensiva blanca. No fue un accidente. Fue un síntoma.
El empate del Madrid, también a pelota parada y en el descuento, fue un alivio engañoso. No cambió nada. No despertó a nadie. El equipo se fue al descanso vivo, pero no mejor. Y lo preocupante es que en la reanudación, aun con más posesión y más metros, el Madrid siguió sin intimidar. Rodeó el área, pero no entró. Dominó el espacio, pero no el partido.
Arbeloa movió piezas, incluso rescatando viejos experimentos como Camavinga en el lateral izquierdo, pero el problema no estaba en los nombres sino en el fondo: el Madrid era lento, previsible y fácilmente defendible. Un equipo grande puede fallar ocasiones; no puede ser inofensivo. Y este Madrid lo fue.
El segundo gol del Albacete, una semivolea de Jefté, volvió a desnudar las costuras. Lunin quedó señalado, pero el origen fue colectivo: mala defensa del rechace, mala lectura del contexto, mala gestión del momento. Gonzalo volvió a empatar en otro descuento, insistiendo en una noche en la que el Madrid sobrevivía más por inercia que por convicción.
La prórroga fue la confirmación del desastre. Un Madrid partido, sin control emocional ni futbolístico, defendiendo mal situaciones de uno contra uno. Y ahí, cuando el partido pedía cabeza fría, llegó el golpe final: Jefté encontró la escuadra y cerró la noche. Justo. Doloroso. Definitivo.
El dato es demoledor: el Real Madrid solo le marcó dos goles —ambos a balón parado— a una de las peores defensas de Segunda. No generó juego, no impuso jerarquía y no pasó verdaderos apuros al rival. El Albacete mató el partido cuando quiso y como quiso.
El estreno de Arbeloa deja una señal clara: esto va a necesitar mucho más que discurso, cantera y buena voluntad. El nivel mostrado fue bajísimo. La falta de precisión, creatividad y energía es alarmante. Y cuando el contexto es adverso, el Madrid no puede permitirse ser un equipo blando.
Empezar así no condena una etapa, pero sí la marca. Porque hay derrotas que se olvidan. Y hay otras que se quedan. Esta, en Albacete, pertenece claramente al segundo grupo.









































