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·25 febbraio 2026
Un noruego saliendo del frío

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El Atleti ganó cuatro a uno al Brujas y clasificó para los octavos de final de la Champions. Esto es lo que pasó y además es lo que tenía que pasar, o lo que se suponía que debía pasar, habida cuenta de la diferencia entre los clubes que se enfrentaban, pero lo cierto es que durante todo el partido de ida, y también durante la primera parte del Metropolitano, no fue así. Conviene no engañarse, no olvidar que durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el Atleti fue un equipo ramplón, totalmente desbordad por un Brujas atrevido, descarado, que jugó en campo contrario y desbordó una y otra vez poniendo en dificultades constantes a Oblak. Parecían los papeles cambiados, Julián sigue sumido en una extraña depresión, Ruggeri estaba totalmente desbordado frente a su par, que le regateaba sin descanso, la grada estaba confundida, o contrariada, porque no entendía muy bien lo que estaba pasando. Lo que estaba pasando era que, una vez más, el Atleti estaba caminando en el alambre y la sabemos como acaba la historia cuando eso ocurre, abajo nunca hay red.

MADRID, SPAIN – FEBRUARY 21: Alexander Sorloth of Atletico de Madrid celebrates scoring his team’s fourth goal during the LaLiga EA Sports match between Atletico de Madrid and RCD Espanyol de Barcelona at Riyadh Air Metropolitano on February 21, 2026 in Madrid, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)
La noche estaba fea, hasta que un noruego, curiosa paradoja, la calentó. Sorloth, quién lo iba a decir, emergió como líder indiscutible del equipo y, con su cuerpo gigantesco, arrastró a todos a la mejor versión de sí mismos. Todo empezó con una jugada a lo “Diego Costa”, un pelotazo de Oblak que Alexander bajó y protegió con su cuerpo y fue dando empellones de fuerza pero también de calidad, hasta que se metió en el área y soltó un zurdazo que pilló a Mingolet completamente desprevenido. Ese fue su primer gol. Ya en la segunda mitad el partido se empezó a encarrilar con un golazo de Cardoso desde la frontal. Lo necesitaba el estadounidense, que lo celebró con rabia y con amor, besando el escudo, como si con ese beso se estuviera arrancando el dolor de un amor no correspondido, como si fuese ese el gesto que necesitaba para empezar de cero. Después, continuó el recital de Sorloth, que marcó hasta completar el hattric. Primero rematando un pase que le sirvió en bandeja Lookman para el tres a uno, el gol que rompió definitivamente el partido y que sacó la mejor versión del Atleti, totalmente ya seguro de sí mismo y dominador del juego. Volvió a marcar el noruego con un remate espectacular de puro nueve, a pase de Ruggeri, y pudo el Atleti en ese intervalo haber hecho el quinto, o el sexto, pues ya era un vendaval con el viento a favor, un huracán que había sido generado por un noruego, siempre acusado de frío, que salió de él para arrastrar a todo el equipo a la zona de calor. Pero conviene no olvidar el primer párrafo.









































