La Galerna
·28 de março de 2026
Aleksander, calienta que sales

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El fútbol mundial vive hoy en un estado de suspensión de pagos moral. Mientras Aleksander Čeferin y Gianni Infantino se llenan la boca hablando de la "meritocracia" y la "pureza del juego", el elefante en la habitación —el Caso Barça-Negreira— sigue ocupando todos los asientos del palco VIP sin que nadie en la UEFA o la FIFA se atreva a pedirle la entrada. Al presidente de la UEFA se le agotan los tiempos de descuento, pero al de la FIFA se le empieza a ver demasiado el plumaje de avestruz, porque la cara ya la está escondiendo.
La dicotomía de Čeferin en Nyon es puramente pragmática y comercial. El FC Barcelona es una de las joyas de la corona de la Champions League, pero la UEFA parece olvidar que la participación en su torneo estrella no es un derecho divino adquirido por la clasificación doméstica, sino una invitación que el organismo se reserva el derecho de conceder. Según sus propios estatutos y reglamentos de integridad, la UEFA tiene la potestad de expulsar al Barcelona de la Champions League hasta por diez años. A situaciones extremas —pagar al vicepresidente de los árbitros durante 17 años e influir en cambios legislativos para forzar prescripciones— se requieren respuestas extremas.
Si buscamos un precedente de higiene deportiva real, el espejo es el de Lance Armstrong. Ser purista hoy no es un ejercicio de odio, sino de supervivencia para el deporte: lo justo sería el descenso de categoría y dejar desiertos todos los títulos conseguidos durante esos 17 años de pagos sistemáticos. Solo así se enviaría un mensaje sólido al mundo. Tocar el bolsillo del club con una multa económica es un cosquilleo; tocar su historia es el verdadero castigo. Poner el "Sextete" y el triplete en entredicho no es solo una cuestión estadística, es demoler el ego de un relato construido sobre cimientos de dudosa legalidad. Ver esos trofeos retirados de las vitrinas sería mucho más efectivo que cualquier multa económica para sentar un precedente ineludible.
Pero el silencio no solo reina en Suiza, también cruza el charco. Aquí entra en juego la figura de Gianni Infantino, quien parece haber encontrado en el caso Negreira su particular "problema regional". Para el presidente de la FIFA la situación es asfixiante: estamos a menos de tres meses del Mundial 2026. Con los focos de todo el planeta ya apuntando a Norteamérica, cualquier escándalo de integridad tiene una incidencia multiplicada. Infantino sabe que un incendio de esta magnitud a las puertas de su gran evento podría socavar la credibilidad de la organización justo cuando más necesita proyectar limpieza.
lo justo sería el descenso de categoría y dejar desiertos todos los títulos conseguidos durante esos 17 años de pagos sistemáticos. Solo así se enviaría un mensaje sólido al mundo
Además, la dicotomía de Infantino tiene nombre propio: Lionel Messi. La sinergia entre el presidente de la FIFA y el astro argentino es total, pero hay un hilo invisible que une Zúrich con el Camp Nou. Un castigo severo al Barcelona por corrupción deportiva durante los años de mayor esplendor de Messi mancharía inevitablemente el palmarés del jugador en el club donde logró sus mayores hitos. Para Infantino, proteger la "limpieza" de la leyenda de Messi es proteger su mayor activo publicitario en la MLS, incluso si eso implica ignorar el fango que sube desde las oficinas de Les Corts.
Mientras tanto, en Madrid, el silencio no es una opción. El Real Madrid ha dejado de ser un observador pasivo para convertirse en el arquitecto de un dossier demoledor. El club blanco ha recopilado saldos arbitrales estadísticamente imposibles, "neverazos" selectivos y decisiones de VAR que desafían la lógica. Este dossier concluye lo que ya pocos pueden ocultar: una gestión de corrupción deportiva sostenida durante casi dos décadas que la justicia deportiva debe juzgar con independencia de la lentitud de los juzgados ordinarios.
La firmeza de los organismos internacionales es una obligación existencial. Si Čeferin decide seguir mirando hacia otro lado y si Infantino continúa escondiéndose tras la excusa de la "competencia regional" a escasas semanas del Mundial, estarán firmando el acta de defunción de la meritocracia. El mensaje para el mundo será que los valores del deporte son opcionales si el logotipo de tu camiseta es icónico o si tu estrella es necesaria para vender entradas.
Aleksander, el calentamiento ha terminado. Gianni, la cuenta atrás para el Mundial ha empezado y la cámara te está enfocando. Es hora de decidir si el fútbol es un deporte regido por normas, o simplemente un negocio de relaciones públicas diseñado para proteger a gigantes con pies de barro y facturas en negro.
Getty Images









































