Pericos Marca
·19 de janeiro de 2026
Atraco de película, por Fran Sánchez Alaminos

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·19 de janeiro de 2026

De: Fran Sánchez Alaminos Para: Paul Newman
CC: Robert Redford, Iosu Galech, Roberto, Dimitrovic, Gazzaniga Asunto: “Atraco de Película”
Fecha: 15 de enero de 2026
“ATRACO DE PELÍCULA”
Apreciado Paul,
El viernes en Cornellà no asistimos a un partido de fútbol.
Asistimos, sin previo aviso, a una reposición en directo de El Golpe (1973), ese clásico del cine donde tú, Paul Newman y tu compañero de reparto Robert Redford demostrásteis que el timo perfecto no necesita violencia: basta con un buen guión, un reparto bien coordinado y un público que tarde demasiado en entender que le están engañando.
La diferencia es que en la película uno acaba sonriendo por la brillantez del plan. En el RCDE Stadium, uno se va a casa con la sensación amarga de haber entendido el truco… cuando ya es demasiado tarde.
Desde el principio quedó claro que esto no iba de errores aislados, sino de narrativa. De construcción dramática. De pequeñas decisiones siempre en la misma dirección, como si alguien hubiera marcado desde antes cómo debía avanzar la historia. El primer gran punto de inflexión llegó al borde del descanso, con un penalti clarísimo sobre Roberto que ni el árbitro IosuGalech, ni el VAR, ni los asistentes, ni el cuarto árbitro consideraron digno de existir. Una ceguera colectiva tan sincronizada que más que incompetencia parecía coreografía.
Y entonces uno empieza a reconocer a los personajes.
El colegiado Galech como director de escena: marca el tono, administra los silencios, decide qué entra en plano y qué queda fuera de campo.
Los linieres y el cuarto árbitro como secundarios disciplinados: están, pero nunca interrumpen el flujo del guion.
Y el VAR como ese grupo de personajes clave en El Golpe que operan desde la trastienda, dentro de la falsa oficina de apuestas, ejecutando su parte del plan lejos de la mirada pública: controlan la información, manejan los tiempos, deciden cuándo intervenir y cuándo no hacerlo, siempre para que la estafa avance sin desviaciones. No son protagonistas visibles, pero sin ellos el timo no funcionaría.
El primer penalti inexistente a favor del Girona lo detuvo Dimitrovic. Momento precioso, casi poético: el portero rompe el guion. Pero, como en toda buena película de estafas, cuando la toma no sale como estaba prevista, se repite la escena. Penalti repetido. Gol. La narrativa vuelve a su cauce. El orden del relato queda restaurado.
Y entonces apareció el antagonista perfecto: Gazzaniga, portero del Girona, ejerciendo durante todo el partido ese papel tan reconocible en las películas de timos bien escritos. El personaje provocador, calculadamente irritante, diseñado no para ganar el atraco en el momento, sino para dejar secuelas después.

Gestos constantes hacia la grada, teatro continuo, tensión buscada. Objetivo cumplido: lluvia de botellas de plástico. Y ahora la amenaza real de sanciones y posibles cierres. El golpe no solo al marcador, sino al futuro.
Eso también estaba en la lógica del plan.
Porque lo inquietante de todo esto no fue el escándalo estridente. Fue la limpieza aparente. La elegancia técnica. La sensación de que todo podía defenderse con una frase reglamentaria, con una repetición elegida, con un “es interpretable”.
Exactamente igual que en las mejores escenas de El Golpe: cuando el engaño funciona, no porque sea burdo, sino porque está tan bien vestido que casi parece legítimo.
Dos penaltis inexistentes señalados al Girona. Ninguno señalado al Espanyol.
Derrota 0–2.
Todo perfectamente ordenado en el relato oficial.
En el cine, cuando termina ElGolpe, el espectador descubre el mecanismo y aplaude la inteligencia de los protagonistas. Aquí no hay revelación final ni sonrisa cómplice. Solo queda la incómoda certeza de haber visto un partido donde el fútbol era lo de menos y el guión lo era todo.
El Espanyol compitió, aunque peor que en otras ocasiones; la grada empujó y el equipo luchó por el partido con limitaciones.
Pero contra un reparto arbitral que parece haber ensayado demasiado bien su papel, ni la fe ni el esfuerzo bastan.
No pedimos favores.
Solo pedimos algo mucho más elemental: que el fútbol vuelva a ser deporte y deje de parecer cine… sobre todo cuando el cine es de estafas.
Con todo mi cariño,
EnX@SanchezAlaminos









































