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·21 de junho de 2026
Beccacece y Ecuador, hasta ahora lo peor de Sudamérica: no pudieron ganarle a Curazao

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La Selección de Ecuador firmó este sábado una de las actuaciones más decepcionantes de su historia reciente en una Copa del Mundo. En un partido que aparecía como una oportunidad inmejorable para encaminar la clasificación a los dieciseisavos de final, el equipo dirigido por Sebastián Beccacece no logró pasar de un frustrante empate 0-0 frente a Curazao, una selección considerablemente inferior en cuanto a trayectoria, experiencia internacional y calidad individual.
Más allá del resultado, lo preocupante para La Tri fue la imagen que dejó sobre el terreno de juego. El conjunto ecuatoriano llegó al encuentro con la obligación de sumar de a tres para mantener el control de su destino en el grupo, pero la presión terminó transformándose nuevamente en un factor paralizante. El equipo mostró dificultades para gestionar la responsabilidad del momento, careció de claridad en los instantes decisivos y terminó transmitiendo una preocupante sensación de impotencia futbolística.
La igualdad dejó al descubierto problemas que vienen acompañando al combinado ecuatoriano durante el torneo. La selección posee futbolistas que destacan en ligas competitivas y clubes importantes, pero que hasta ahora no han conseguido trasladar ese rendimiento al escenario mundialista. La falta de jerarquía colectiva en los momentos determinantes y la incapacidad para transformar el dominio territorial en goles volvieron a convertirse en una pesada carga para un equipo que parece jugar muy lejos de su verdadero potencial.
Paradójicamente, el partido comenzó de manera prometedora. Desde el pitazo inicial, Ecuador asumió el protagonismo y se instaló en campo rival con una propuesta ofensiva agresiva. Apenas al minuto dos, Enner Valencia estuvo cerca de abrir la cuenta tras una acción que obligó a una gran intervención del arquero y que posteriormente terminó estrellándose en el poste. Aquella jugada parecía anticipar una tarde de dominio absoluto para los sudamericanos.
Durante gran parte de la primera mitad, el desarrollo fue prácticamente de un solo sentido. Pedro Vite, Jhon Yeboah, Gonzalo Plata y el propio Valencia participaron activamente en la generación de ocasiones, encontrando espacios y llegando con frecuencia a posiciones de remate. Sin embargo, cada aproximación terminaba chocando contra la falta de precisión en la definición o contra una defensa de Curazao que, sin brillar, se mostró disciplinada y comprometida con el plan de resistir.
La posesión, el volumen ofensivo y la iniciativa pertenecieron a Ecuador, pero el fútbol castiga a los equipos que no convierten su superioridad en goles. Mientras La Tri desperdiciaba oportunidades, Curazao encontraba confianza en su resistencia y comenzaba a creer que el empate era un resultado posible.
Tras el descanso, el encuentro mantuvo exactamente la misma dinámica. Ecuador continuó monopolizando el balón y acumulando llegadas, aunque cada intento parecía reflejar la creciente ansiedad de un equipo consciente de la importancia del resultado. Kevin Rodríguez protagonizó algunas aproximaciones peligrosas, Enner Valencia volvió a generar ocasiones y las combinaciones ofensivas siguieron apareciendo, pero siempre faltó el último toque, la pausa necesaria o la precisión suficiente para romper el cero.
Incluso cuando las jugadas colectivas lograban superar la estructura defensiva rival, la definición volvía a ser un obstáculo insalvable. La selección ecuatoriana generó situaciones suficientes para ganar el partido con relativa comodidad, pero terminó atrapada en un círculo de errores técnicos y decisiones equivocadas que alimentaron la frustración a medida que avanzaban los minutos.

Curazao, por su parte, entendió perfectamente el contexto del encuentro. Aceptó ceder la iniciativa, defendió con orden y aprovechó algunos espacios para generar aisladas situaciones de peligro que recordaron a Ecuador que cualquier error podía costarle aún más caro. Sin ser dominante ni generar un gran volumen ofensivo, el conjunto caribeño encontró en su organización defensiva la herramienta necesaria para sostener un empate que terminó celebrando como una victoria y consagrando a su arquero Eloy Room, como uno de los jugadores récord del Mundial.

En medio de ese escenario, también surgieron cuestionamientos hacia la conducción técnica. Sebastián Beccacece observó cómo su equipo repetía los mismos problemas durante largos pasajes del compromiso y no encontró respuestas desde el banco para modificar el rumbo del partido. Los cambios no alteraron la dinámica ofensiva ni lograron romper la resistencia rival, alimentando las dudas sobre la capacidad del equipo para reaccionar en contextos adversos.
El empate deja a Ecuador en una situación extremadamente delicada dentro del grupo. Con apenas un punto obtenido en dos encuentros, La Tri llegará a la última jornada obligada a derrotar a Alemania, uno de los rivales más exigentes del torneo, para mantener vivas sus aspiraciones de avanzar a los dieciseisavos de final. Incluso consiguiendo esa difícil misión, el combinado ecuatoriano podría depender de otros resultados y de la clasificación de los mejores terceros, un escenario que le haría perder el control sobre su propio destino.
Más allá de las matemáticas, la verdadera preocupación pasa por el rendimiento. Ecuador todavía tiene opciones de clasificación, pero necesitará una transformación profunda en su funcionamiento, personalidad y eficacia para competir de igual a igual contra una potencia mundial. Ante Curazao dejó escapar una oportunidad que parecía obligatoria y ahora enfrenta el desafío más complejo posible: demostrar ante Alemania que posee el carácter y la calidad que hasta ahora no ha logrado exhibir en este Mundial.







































